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Etiquetas:   Ser o no ser   -   Sección:   Opinión

Gente de fuera

Manuel Alcntara

domingo, 9 de enero de 2005, 00:39 h (CET)
Cuanto m s elevado es su nmero, a menos hospitalidad caben. El rechazo en Espa a a los inmigrantes, segn los estudios del CIS, ha pasado del 8 al 32% en los ltimos ocho aos. Quiere decirse que la xenofobia se ha multiplicado por cuatro, pero adem s hay que decir que no es slo cuesti n de epidermis, sino de pasta. Si el Rey Mago Baltasar, que llega maana, se quedara haciendo regalos y m s regalos, no tendramos nada que objetar. Tampoco si volviera el infatigable centrocampista Makelele. O sea, que no rechazamos a la gente por su color, ni por venir de fuera, sino por el lamentable estado de sus relaciones con las entidades bancarias de sus respectivos pa ses. Los jeques que vienen a la Costa del Sol en yates con letras de oro en la proa, por el trocito de superficie facial que dejan ver, no son plidos, ni tienen los ojos azules.

Hay que tener en cuenta que donde antes se ve an problemas de empleo ahora se divisan conflictos de delincuencia. Y no slo porque la quinta parte de los presos por terrorismo en Espa a sean islamistas, sino por lo que a muchos les parece una invasin. Este primer d a del ao, s lo en Madrid, nacieron 86 nios, muchos de ellos hijos de inmigrantes. Si cuando sean mayores se le sigue llamando Espa a a Espaa, ellos pertenecer n a esta nacin. Para esas calendas ya se le habr n dado los ltimos retoques a la Ley de Extranjer a. Y es lo que se pregunta gran cantidad de contribuyentes: por qu ahora, que hay tantos que no quieren ser espa oles, se les pone tanta dificultad a los que estn deseando serlo?

En vez de rechazarlos, debi ramos acogerlos amorosamente, aunque sepamos que no caben todos. Pero ya digo que el enemigo es el nmero. Si hubiera pocos, un inmigrante por barrio, por ejemplo, estar a solicitadsimo. Nos lo disputar amos para mostrar nuestros buenos sentimientos, ayudndole en todo. Lo que nos inquieta hasta la alarma es que se re nan. Sobre todo en los das de lluvia del invierno. Ya se sabe que los pobres mojados despiden un amenazante olor especial.

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