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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Ocultamientos consentidos

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
sábado, 25 de septiembre de 2010, 02:57 h (CET)
El valor de la sinceridad, aquella reconvención antigua que conminaba a hablar con la verdad por delante; viene pidiendo a fuerza de ejemplos el cambio de su nombre. Por su desuso reincidente y por los engaños en que desemboca. Para lo que viene a llamarse en los tiempos actuales como sinceridad, ¿Qué nombre les parece más apropiado? A mí sólo se me ocurre uno, el de FRESCURA; sí, sí, de fresco, de caradura. No tiene nada que ver con la escala del termómetro. En esto, la bajada de temperatura es de origen mental, por despreocupación, a pesar del fastidio ocasionado a los demás. Incluso llega a usarse esa frescura como un escudo campechano y de propaganda electorera; pero no mejora ni un ápice la calidad de las actitudes practicadas.

El primer consentimiento convendremos en atribuirlo a la misma naturaleza de las personas; cada quién mantiene en la recámara oculta sus perfiles ÍNTIMOS. No parece propia la atribución a ningún asomo de maldad por esa salvaguarda de las intimidades. Bien consentido por lo tanto dicho nivel de bloqueo. Conviene precisar, que uno mismo no logra siempre la percepción de sus entresijos íntimos, hace falta un cierto entrenamiento para ello. En el otro extremo, observamos a diario en todos los medios de difusión, una carrera loca que se afrece como muestrario de intimidades, que automáticamente dejarán de serlo, para convertirse en extravagancias; siguen ocultando otras cosas, bajezas, incapacidades o verdaderas degeneraciones.

Las democracias se basan en un buen nivel informativo, con una búsqueda sincera y la transparencia puesta al servicio de los ciudadanos. La HISTORIA representa un primer punto de apoyo para estas tareas del mejor conocimiento; por ese motivo, resulta crucial que no se reproduzcan los manejos tergiversadores por parte de los historiadores y de quienes les instigan a determinadas desviaciones. De por sí, las limitaciones son evidentes, se dispone de algunos archivos, fechas y acontecimientos sonados, pero eso constituye solamente la parte famosa de la Historia; las penurias de las gentes y los sentimientos, solían dejarse de lado, como sucede en la actualidad, al son de los manejos y dictados pergeñados por los intereses de los mandamases. Las declaraciones rimbombantes no son un argumento suficiente. Si, además, no se hacen públicas todas las fuentes documentales, la farsas aumentará sin remisión. Cada uno saca el dato que y cuando le interesa; con un desprecio alevoso hacia el grueso de la sociedad. ¿Por qué se toleran esas actitudes? ¿Todos tenemos una parte de responsabilidad en esto? En esa permisividad radica el meollo de los mencionados planteamientos abusivos.

Lo sucedido en las proximidades nos permite un mayor acercamiento a las verdades, a las medias verdades y a las auténticas falsedades, con que luego aparecen las informaciones al respecto. Estas suelen dejarnos con frecuencia sensaciones de rabia o frustración, porque distorsionan lo sucedido. Así, lo acaecido en Euskadi y como se transmitió al resto de España o viceversa, el rumbo de los dineros públicos permanece oculto entre derroteros falseados por alfombras palaciegas, los intereses educativos son uniformistas pese a lo proclamado; es decir, los verdaderos motivos y las noticias discurren por caminos separados. Se echa de menos una LABOR PERIODÍSTICA menos encarrilada por los entramados poderosos de la gestión. Desde lo cultural, meras reseñas al servicio de museos, ministerios y editoriales; pasando al filtro de las opiniones, con tendencia al recorte de los espacios abiertos no controlados; para llegar al despropósito de las banderías políticas desmesuradas. El ocultamiento viene disfrazado de una nefasta burla informativa, que abunda. ¿Le damos valor a la mayor veracidad y franqueza de unas informaciones? ¿Lo decimos sólo con la boca pequeña?

No crean que es nueva la polémica enfrentada a verdades y mentiras. Desde los sofismas utilizados por los poderosos, a las argumentaciones bien elaboradas, con una gran cantidad de posiciones ambiguas mezcladas; Sócrates y sus contemporáneos ya disputaban lo suyo sobre estas cuestiones. ¿Todo es opinable? El centro de la controversia gira alrededor de las razones y de las ARGUMENTACIONES; si la inteligencia no se aplica para eso, quedará malparada su repercusión sobre la sociedad. Sin el peso de un buen argumento discursivo, las verdades existenciales huirán despavoridas; apenas será necesario el reclutamiento de unas cuantas voces chillonas y la presión mediática adoptará el rumbo que se quiera. El valor de un pensamiento crítico se traduce en unos criterios de funcionamiento; abiertos a nuevos razonamientos, pero que sirven por el momento para no dejarse arrollar por cualquier frivolidad. Desde luego, no es lo que se lleva si uno atiende a las nimiedades televisivas habituales o a los escritos promocionados con mayor potencial económico. La ocultación sobrevendrá por una mala búsqueda, o ninguna, de los mejores conocimientos. Se tratará de un diálogo huero; de besugos, según la expresión coloquial.

Las conductas tortuosas generan en las estructuras e instituciones públicas un apabullante hervidero de mentiras y zonas oscuras; a su vera se urden las perfidias de la corrupción. Por desgracia, si uno intuye la rebelión violenta de tantos engañados, se equivoca y se sorprende ante la INDIFERENCIA general, como si no pasara nada penoso. Que si todos hacen lo mismo, qué podemos hacer; domina la actitud acomodaticia atribuyendo a las culpas un carácter foráneo, no depende de uno, y el desánimo incrementa la actitud indiferente. Con ello, se añade otra engañifa generalizada, por si fuéramos pocos; dado que ese gran número de individuos tampoco saca a relucir su verdad, se limita a la contemplación quejumbrosa. Estaremos ante una reserva solapada de su opinión, que oculta sentimientos y deseos; curiosamente, practicada por los propios sufridores de los comportamientos mencionados. ¿Perezosos? ¿Incompetentes? ¿Masoquistas? ¿Incoherentes?

Aunque resulte comprensible en los científicos la euforia por la publicación de avances y descubrimientos, tampoco en esto resulta constructivo salirse del tiesto, por que de tanto énfasis comunicador se deriva un ocultamiento de cara al común de los ciudadanos. Se oculta la enormidad de lo DESCONOCIDO, aparentan dominar las realidades. Y eso provoca desajustes conceptuales, que intentan colarnos como una sabiduría indiscutible. Hawking tuvo la osadía de afirmarnos que Dios no es necesario. ¿Cómo lo supo? Sobre todo, cuando el 96 %, como mínimo, del Universo es masa oscura desconocida; él pasa por encima de esta realidad y nos dice como son los mecanismo fundacionales y evolutivos, las esencias mismas. Sirva de ejemplo de cómo se les llena la boca sin el fundamento suficiente. Cuánto les cuesta reconocer su gran ignorancia cósmica. Sus conocimientos se apreciarían mejor sin tanta turbulencia, limitándose al planteamiento más claro de las incógnitas. Los mejores pensadores supieron hasta donde llegaban.

Como ocurre en tantas cosas, los pretendidos dioses no pasan de diosecillos, pero nos ocultan saberes a los menesterosos buscadores de modestas alegrías y alivios. ¿Alguna vez reaccionaremos ante todos ellos?

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