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Una verdad incómoda (sobre la huelga)

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
viernes, 24 de septiembre de 2010, 22:00 h (CET)
El Gobierno, dicho en palabras del propio Presidente, no se juega nada en la huelga; los sindicatos, tampoco. Es más, ambos ganan, y lo hacen también los empresarios, el entramado banquero, el industrial y, muy especialmente, propio Estado. Sólo y únicamente pierden unos pocos: los que van a al huelga. No; no me refiero a los sindicalistas que encabezan los dos sindicatos convocantes, sino a todos los demás, desde los dos líderes (excluidos) hacia abajo. Todos los demás, ya sean trabajadores con sueldo, desempleados, liberados o lo que sea, pierden. Es más: también pierden todos aquellos que ni siquiera han entrado en el mercado del trabajo, y aun los que ni siquiera va a ir a la huelga.

Desde la aprobación del Estatuto de los Trabajadores para acá, todo ha ido jugando contra los derechos de los trabajadores, da lo mismo si eran tiempos de bonanza o se verificaban crisis galopantes. Pero, especialmente ha ido particularmente mal para los trabajadores cuando ha gobernado el PSOE. ¿Raro?... Tal vez sí, si consideramos que se trata de un partido de izquierdas; pero seguro que no, si somos capaces de verlo tal y como es, y, más allá de nuestros pareceres particulares, somos capaces de analizar sus actos. Repito: sus actos. No me refiero con esto a la lindeza de las palabras, al énfasis mitinero de esas verdades proclamadas que el tiempo y los actos –nuevamente: los actos- se encargan de demostrar como abyectas y pérfidas mentiras.

El PSOE fue el bastión político en que se apoyó la Dictadura de Primo de Rivera y la UGT el único sindicato que no fue disuelto. El PSOE fue uno de los promotores del levantamiento contra la II República en la conocida como Revolución de Asturias, y tras ella fue condenado Largo Caballero, por un tribunal republicano, a 30 años de cárcel por un delito de alta traición. Es el PSOE el que dice y repite, una vez y otra durante esa misma II República, que el socialismo es incompatible con la democracia. Es el PSOE de Felipe González el que se carga literalmente el contenido del Estatuto de los Trabajadores en sucesivos recortes que lo dejan exactamente en nada, al mismo tiempo que implanta “coyunturalmente” el empleo basura que aún hoy, casi 30 años después, nos domina, despareciendo prácticamente para siempre el empleo estable. De lo demás de esa mezquina y oscura etapa, ni hablo para no intoxicarme. Y es el PSOE, ahora en el turno de este señor que da a impresión de que dice digo y hace Diego, el que pretende terminar con cualquier clase de derecho de los trabajadores, completando el periplo iniciado por Pablo Iglesias y continuado con los antedichos. ¿Y cómo pretende hacerlo?...: pues ni más ni menos que con una huelga general contra su propio Gobierno, encabezada por los dos sindicatos verticales que le pertenecen.

Parece absurdo, pero consideren las opciones. Uno: supongamos que la convocatoria de huelga, con o sin violencia, es un éxito de participación. Esto demostraría la fortaleza de los sindicatos, legitimaría su liderazgo social y estaría moralmente autorizado no sólo para distraer enormes cantidades de dineros públicos negros, sino también a comprometer el futuro de toda la clase trabajadora firmando cualquier clase de pacto, tal y como ha hecho hasta ahora. ¿Por qué, entonces, la huelga?... Pues precisamente porque estaban deslegitimados para seguir sustrayendo derechos a los trabajadores, dada su inacción ante los cinco millones de almas que no tienen empleo (y creciendo). El éxito de la huelga no sólo les legitimaría, sino que les consentiría, en este supuesto, seguir pudiendo hacer de las suyas. Hoy, verbigracia, un delineante gana lo mismo que hace treinta y tres años: éstos son en verdad los resultados de los sindicatos.

Ahora vayamos al supuesto aparentemente contrario. Y dos: supongamos que la convocatoria de huelga, con o sin violencia, es un absoluto fracaso. En tal supuesto, los sindicatos aparentemente quedan deslegitimados, pero no sólo estos sindicatos, sino todos los sindicatos, así los participantes en la huelga como los que no. Los trabajadores, en consecuencia, se quedan sin fuerza social organizada alguna y, por ello mismo, en manos ricamente de los depredadores laborales. ¿Quiénes ganan?...: los que están interesados en mano de obra tan barata como la esclava. ¿Por qué, entonces, la huelga?...: porque el sistema, el mismo que les creó para destruir a la izquierda, así lo impone.

De uno u otro modo, esta huelga es un gorigori para los trabajadores. Ganen los sindicatos convocantes o no la huelga del próximo día 29, quienes pierden seguro son los trabajadores. Ya he dicho demasiadas veces que vivimos tiempos de acabamiento, y la época en que la los ciudadanos tenían derechos está tocando a su fin. El sistema los creó, y el sistema los destruye. La huelga general de esta semana no es una huelga, sino teatro, y los actores se deben a aquéllos que les pagan sus estupendos sueldos. El PSOE está alcanzando sus últimos objetivos. Están advertidos.

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