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Etiquetas:   Columna de opinión   -   Sección:   Opinión

Más leña, que hay riñones

Tomás Salinas
Tomás Salinas
@tomassalinasgar
viernes, 24 de septiembre de 2010, 22:00 h (CET)
Bien, bien, la cosa marcha. Fijo que levantamos el país pues el dinero está entrando a borbotones en las arcas del Estado. Euros frescos que nos van a conducir en volandas a una nueva España, a un paraíso idílico por el que se van a pegar de palos todos los habitantes del resto del mundo para poder vivir en él. Con los recortes a funcionarios y pensiones, que cobran mucho los muy sinvergüenzas, con la supresión de determinadas ayudas inútiles a todas luces, con una reforma laboral digna de ocupar un puesto privilegiado en la historia de la legislación, con una política exterior impoluta y valiente y con una magnífica colección de profesionales, altamente preparados y sobradamente cualificados para, desde sus escaños ,dirigirnos a nosotros, pobre tropa inculta, nuestro Estado se está convirtiendo en un envidiado edén de gloriosa felicidad, en un elíseo donde pacer y morir en paz y armonía.

¡Qué más da que nos aprieten un poco más, si vamos sobrados! Ahora, por tercera vez en lo que llevamos de este maravilloso año, una inocente subida de la luz para hogares y pequeñas empresas a partir de octubre. No pasa nada, le quitamos la bombilla a la nevera y suprimimos los calefactores y las bombas de calor de los aires acondicionados y ya está. Habiendo mantas, cuando apriete el invierno, todos juntitos bajo ellas, enfundados en tergal. Porque las estufas de butano, va a ser que no, que éste va a subir también, que no te enteras, que tenemos un pollo montado con Argelia que nos va a costar cuarto y mitad del hígado. Como somos país de recursos, las calorías con las recetas de la abuela. Nos centraremos entonces en las comidas con mojete, de mucho pan. ¡Anda! Se me olvidaba que el trigo y con él el resto de cereales también se va a marcar un ascenso (aquí los rusos tienen la manija). Y resulta, vaya por Dios, que si sube el trigo, también la carne, por el tema de los piensos. Y si sube ésta, el transporte acompaña, más que nada por solidaridad. Y si suben el transporte, los combustibles también lo harán. Y si suben los combustibles, un Padrenuestro y un Ave María. Menos mal que con lo que ha llovido, el agua no subirá. ¿O esto también se dejará arrastrar por las circunstancias?

Me da en la nariz que no está el asunto tan maravilloso, con unas perspectivas tan halagüeñas, como lo pintan Zapatero y su tropa de bien pagados. Será cuestión de tomar la misma medicación que ellos, a ver si así consigo alucinar de igual manera. ¡Fiesta!

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Banalización

Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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