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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Ahogarse en un vaso fiscal

E. J. Dionne
E. J. Dionne
viernes, 24 de septiembre de 2010, 07:02 h (CET)
WASHINGTON -- ¿Es el movimiento de protesta fiscal la más exitosa de las estafas en la historia política estadounidense?

Antes de descartar la cuestión, observe la palabra "exitosa". Evalúe al movimiento únicamente desde su eficacia y admirará la forma en que un grupo muy pequeño ha sacudido la vida política estadounidense y se ha hecho con el candelero ofrecido por los medios, incluyendo los medios denominados de izquierdas.

Pero es igualmente importante reconocer que el movimiento fiscal constituye una franja de opinión de los márgenes de la política que recibe una desproporcionada atención en comparación con sus filas.

Sí, hay gran descontento en América. Pero ese descontento está mejor plasmado en las voces moderadas que expresan el desencanto tranquilo con el Presidente Obama en la asamblea de la CNBC el lunes que por los ideólogos del movimiento fiscal que proclaman la inconstitucionalidad del New Deal y de todo lo que ha venido después.

El movimiento ahoga esas voces porque tiene dinero -- parte de él procedente de fuentes nada populistas, como documentaba el mes pasado Jane Mayer en el New Yorker -- y se ha valido de cifras modestas estratégicamente en lugares pequeños para magnificar su impacto.

Hace poco, las victorias del movimiento fiscal en las primarias al Senado en Alaska y Delaware sacudían a la nación. En Delaware, Christine O’Donnell obtenía 30.563 votos en las primarias Republicanas, 3.542 más que el Representante moderado Mike Castle. En Alaska, Joe Miller recibió 55.878 votos con un margen de 2.006 más que la Senadora titular Lisa Murkowski, que ahora se presenta como candidata de lista.

Haga cuentas. Desde hace semanas, nuestro diálogo político nacional está encabezado por 86.441 electores y un margen de 5.548 votos. Algo de perspectiva: cuando John McCain fue derrotado en el año 2008, obtuvo 59,9 millones de votos.

A principios de este año causó gran sensación la derrota del Senador Bob Bennett, un conservador de Utah que no era lo bastante conservador para el movimiento fiscal. Bennett no perdió en primarias sino en la convención Republicana a la que asistían todos los compromisarios menos 3.500.

Hasta en los estados más grandes, los triunfos del movimiento fiscal se apoyaban en porcentajes reducidos del electorado. Rand Paul obtuvo 206.986 votos en Kentucky, donde hay más de 1 millón de afiliados Republicanos y casi 2,9 millones de electores registrados. Sharron Angle ganó con 70.452 votos en Nevada, un estado de más de 1 millón de votantes registrados.

Los medios han prestado una cobertura sustancial a las concentraciones del movimiento fiscal y hasta a las pequeñas manifestaciones. ¿Pero cuánta gente hay implicadas realmente en este movimiento?

El pasado abril, una encuesta New York Times/CBS News concluía que el 18% de los estadounidenses se identifican como partidarios del movimiento fiscal, pero algo menos de la quinta parte de estos simpatizantes dice haber asistido realmente a un mitin o a una concentración del movimiento. Esto significa que algo más del 3% de los estadounidenses se pueden caracterizar como activistas fiscales. Una encuesta más reciente encargada por Democracy Corps, en vísperas del Día del Trabajo, concluía que el 6% de los votantes dice haber asistido a una concentración o a un mitin del movimiento fiscal.

El movimiento fiscal no es el único colectivo pequeño de la historia en poseer más poder que el debido a sus filas. En el año 2008, Barack Obama obtuvo resultados estupendos en los comités de formación, que atraen a muchos menos votantes que las primarias. Y fue Lenin quien ofreció la definición clásica de formación de vanguardia como "gente que convierte la actividad revolucionaria en su profesión" dentro de organizaciones que "no deben ser muy dilatadas por fuerza”.

Pero algo se está descomponiendo dentro de nuestros medios y nuestra política. Jill Lepore, un historiador de Harvard cuya nueva obra se titula "La campanada en sus medios: la revolución del movimiento fiscal y la batalla por la historia estadounidense", observaba durante una entrevista que hay un efecto de "sala de espejos" creado por el surgimiento de la opinión "de audiencia" en los medios. Ellos magnifican los movimientos pequeños hasta convertirlos en industria mientras el periodismo a la antigua usanza, que se supone ha de situar en perspectiva esos movimientos, reacciona a los mismos incentivos de la audiencia.

También está el declive de las fuerzas alternativas en política. La institución Republicana, en su forma actual, depende mucho más del dinero que de los efectivos sobre el terreno desde hace tiempo. En busca de nuevos batallones, los líderes Republicanos incorporaron al movimiento fiscal, guardaron un silencio religioso frente a sus mentiras más escandalosas sobre Obama -- y ahora tienen que defender a candidatos como O'Donnell o Angle.

¿Y dónde están los progresistas? El mal humor no es ninguna alternativa a la organización, y la resignación a regañadientes es el primer paso hacia la capitulación. El movimiento fiscal puede estar viviendo sus mejores horas en el país y los medios. Pero si tiene más audacia que el resto, lamento decir que merece salirse con la suya.

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