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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La bondad, un antídoto contra la apatía

Yolanda Plaza (Madrid)
Redacción
jueves, 23 de septiembre de 2010, 11:13 h (CET)
Hay quien dedica parte de su vidia a hacer el mal sin mirar al cual , pero hay quienes aun hacen el bien sin mirar a quien.

Vivimos en una sociedad en la que la compasión y la bondad han perdido popularidad, a tal grado que es difícil encontrar personas verdaderamente altruístas que trabajen voluntariamente por ayudar a otros sin esperar nada a cambio, pero haberlas haylas. La capacidad de sacrificio en favor de un semejante desfavorecido no es exclusivo de la especie humana, entre los animales también existen muestras de verdadero altruísmo. Un buen ejemplo lo tenemos en las ratas. El psicólogo Jeffrey Moussaieff Masson nos explica algo muy interesante sobre la compasión animal en su libro Dogs Never Lie About Love (Los perros nunca mienten sobre el amor): “El animal que vive en una comunidad aprende el valor de ayudar a otro individuo. Las ratas son reacias a bajar una palanca para obtener comida si al hacerlo generan una descarga eléctrica contra una compañera. Inevitablemente bajarán la palanca que no provoque la descarga, y algunas hasta renunciarán a la comida antes que lastimar a sus amigas”. Los perros son un buen ejemplo de ayuda en acción incluso para individuos que no son de su especie. Las noticias de canes que han salvado a algún humano (aun siendo desconocidos) de una muerte segura, y en muchas ocasiones poniendo en peligro su propia vida, son interminables.

Hace años leí un artículo escrito por Elena F.L. Ochoa titulado “Insultos” en el que hacía esta reflexión: “La bondad […] tiene que tener los límites de la astucia, y no porque uno suponga que el amor es un fin en sí mismo encontrará verificada esta hipótesis en la realidad. De todo hay, y la vida, como máximo, es un ondulante juego de claros y oscuros que enturbian las mejores intenciones. La vida es un insulto a la bondad”. Pero la entrega y sacrificio de algunos de nuestros congéneres hacia los más indefensos es un antídoto contra el desaliento. Son muchas las personas que dedican su tiempo libre, sus energías, incluso su escaso poder adquisitivo para ayudar al prójimo. Pero, como mencionaba Ochoa, a veces se “enturbian las mejores intenciones” y esto es lo que les ocurre a muchos ciudadanos que socorren a los animales abandonados. Estas personas se encuentran con el nulo apoyo (en la mayoría de los casos) de las autoridades locales y en ocasiones, aguantan los ataques de otros ciudanos que menosprecian su labor. Una labor encomiable que repercute positivamente en la sociedad. Pregúntese: ¿Qué ocurriría en las ciudades si nadie auxiliara a los miles de gatos y perros abandonados? El trabajo de los ayuntamientos, en este campo, se basa exclusivamente en la captura y sacrificio de los animales que presentan un riesgo para la sanidad pública. Estos voluntarios, en cambio, atienden las necesidades básicas de estas criaturas, dándoles lo que la sociedad les ha negado: protección, alimento, afecto, y en muchas ocasiones consiguen encontrarles un nuevo hogar, librándoles así de una vida miserable en las calles. Un ejemplo de esto lo tenemos en Cádiz, donde personas “en el buen sentido de la palabra, buenas” cuidan de los gatos que malviven en el Campo del Sur. Es estremecedor ver un vídeo que ellas mismas han grabado donde nos muestran su trabajo incansable, ante viento y marea, recibiendo como única recompensa a su sacrificio el cariño de estos felinos.

Alber Einstein dijo: «Los ideales que han iluminado mi camino y una y otra vez me han infundido valor para enfrentarme a la vida con ánimo, han sido: la bondad, la belleza y la verdad». Cuánta belleza tienen las imágenes de una anciana dando comida a un gatito abandonado. Cuánta luz nos ofrece la visión de jóvenes activistas por los derechos de los animales, poniéndose simbólicamente en el lugar de los toros torturados y matados por puro placer, demostrando a la ciudadanía que la compasión y la bondad son pilares fundamentales para una sociedad más justa, con una ética en la que el sadismo contra una criatura inocente no tiene cabida. De un punto a otro del país encontramos seres humanos que nos demuestran lo que es el verdadero altruísmo. Mujeres y hombres, jóvenes y mayores, modelos de salud mental y de riqueza interior, que nos ayudan a ver algo de luz entre tanta oscuridad. “La vida es un insulto a la bondad” pero el ejemplo de estos ciudadanos es un antídoto contra el veneno del egoísmo y la pasividad.

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