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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

¿Para cuándo el perdón?

Lorenzo de Ara
Redacción
jueves, 23 de septiembre de 2010, 10:54 h (CET)
Con este Gobierno, la eta comunista nos perdona la vida y a lo mejor acaba siendo absuelta y subida a los altares del pacifismo progre. Todos quieren el fin de los atentados, de los asesinatos, de los secuestros. Pero eso significa pedirles a los soldaditos de la patria vasca que dejen de respirar, que dejen de comer. Pobrecitos. Y Zapatero, que es buenísimo, está buscando otras alternativas. Las más plausible es la que nos convierte en protagonistas. ¿Cómo? No, no sea usted pesimista. Nadie va a pedirle que reciba un tiro de los etarras, ahora menos malos, pero no buenos del todo (todavía). Lo que se le pedirá es que perdone. Un perdón así de grande.

Los niños bonitos, aunque descarriados del nacionalismo vasco, ya no están para seguir matando a diestro y siniestro. Están cansados. Pero estar cansados no es lo mismo que estar asqueados. Matar lo llevan en la sangre. La sangre de sus víctimas. Lo que quieren esos niños mimados del nacionalismo vasco es que el Gobierno nos saque el perdón como sea. Con ese perdón se podría comenzar a hablar de paz. ¿Se entregarían las armas? Con tiempo, sin prisas, pero sí se conseguiría la promesa (limpia y transparente) de no más acciones ofensivas o defensivas. Las dos matan, ¿verdad?

Zapatero ya está sentenciado. La historia lo tiene condenado. Dijo lo que dijo cuando añoraba acabar con ETA y estrechar las manos de los asesinos. Los suyos, que no son minoría, también se saben señalados. Ellos también necesitarán pedir perdón. Todavía no lo han hecho. Ellos apostaron por el corazón de ETA, por el alma de ETA, por la humanidad de ETA. Y se equivocaron. Pero durante mucho tiempo apostaron por la rendición. Es verdad que al final estalló la terminal en Barajas. Es verdad que al final reventó todo. Se hizo puñetas el país, pero el Gobierno abrió los ojos. Siempre tarde. Y todavía sin pedir perdón. Me conformaría con un susurro.

Cuando Zapatero habla y pide la entrega de las armas, cuando lo hace la Vicepresidenta Primera, o cuando lo hace Rubalcaba, el españolito de a pie siempre está pendiente, repentinamente ilusionado, y piensa que a lo mejor esta vez sí, esta vez pedirán perdón, al mismo tiempo, sin medias verdades, con la cara descubierta, alejados de la campaña en la que constantemente viven, para nuestra desgracia. Pero no. El perdón no llega.

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