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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Otra española en los Altares

Josefa Romo (Valladolid)
Redacción
jueves, 23 de septiembre de 2010, 10:54 h (CET)
Acaban de beatificar, en Sevilla, a la Madre María de la Purísima, religiosa de las Hermanas de la Cruz. Esta mujer madrileña que perteneciendo a la alta sociedad, abandonó las riquezas como San Francisco de Asís para seguir más de cerca a Jesucristo. Impresionante: Madre Purísima ha sido beatificada a sólo doce años de su marcha al Cielo (1998). Fue admirable por su amor a los pobres y por escoger para sí los trabajos más humildes pese a su puesto de Directora General; pero destacó, también, por su fidelidad al carisma fundacional de su Congregación en los tiempos difíciles del post-Concilio, cuando tantos religiosos se despistaron.

Yo había oído hablar de estas religiosas que piden para dar a los pobres y que acuden a los domicilios con enfermos abandonados para cuidarlos allí por la noche. Luego, una mañana temprano, cuando me dirigía a mi trabajo en el autobús, tuve el gusto de ofrecer mi asiento a una joven religiosa de la Compañía de la Cruz, que regresaba de cuidar a un enfermo. Me fijé en su tosco sayal marrón, parecido al de los franciscanos pero con grandes remiendos. Como dijo Monseñor Amato, representante del Papa en la Beatificación, estas monjas perseveran “en la sana tradición…, rechazando la moda efímera de cambios externos, exentos de eficacia apostólica”, y “cuando la mayor parte de los Institutos religiosos hoy sufren por falta de vocaciones, el de las Hermanas de la Cruz continúa teniéndolas en número considerable”.

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