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Opinión
Etiquetas:   Algo más que palabras  

Los flujos migratorios

Víctor Corcoba Herrero
Víctor Corcoba
jueves, 23 de septiembre de 2010, 07:15 h (CET)
Los desbordantes flujos migratorios van a seguir descontrolados y rebeldes, en la medida que no seamos capaces de instaurar un orden más justo, humano e incluyente en el planeta. Se precisa, pues, que los derechos de todos sean protegidos. Sin embargo, cada día son más las personas que viven en el sufrimiento permanente por causa de injusticias e incomprensiones. Mientras los países ricos continúan recortando la ayuda para combatir la pobreza, multitud de gentes son ignoradas por unas políticas de desarrollo que no pasan del papel. Esto debe llevarnos a revisar maneras y modos de vivir. Lo primero poner fin a las prácticas especulativas. Devoran solidaridades y el espíritu del bien común se queda en un mero sueño.

Es natural que todo ser humano busque mejores condiciones de vida. Lo que es una verdadera tragedia humanitaria es el drama que viven aquellos migrantes que caen en manos de mafias organizadas. Resulta bochornoso ver que las autoridades no atiendan debidamente a estas personas, en su mayoría indocumentadas, sometidas a los más diversos actos de tortura y barbarie. En cualquier caso, la solución no son las políticas migratorias represivas que algunos países están llevando a cabo, sino la mano tendida y el impulso de políticas de apertura. Porque, realmente, toda persona debe tener derecho a vivir en el territorio que le plazca, a permanecer el tiempo que considere en él, a reagruparse e integrarse con su familia donde considere que mejora su nivel de vida.

La libertad de volar es algo innato, nadie está legitimado para cortar alas. No es justo que se coarte esa liberación. La misma comunidad latina ha criticado a Obama por incumplir su promesa de sacar adelante una norma que prevea una amplia reforma del sistema de inmigración. Son millones de ciudadanos extranjeros que viven y trabajan de forma clandestina en Estados Unidos. Esto es un problema global, del que se habla mucho, pero nada se hace. Lo cierto es que mientras unos comen sin necesidad, porque se llevan a la boca la ración suya y la de los pobres, otros se encuentran en una ratonera de miserias difícil de salir. Se les cierra todas las fronteras. Así el mundo no puede florecer, parte de sus miembros están predestinados de por vida a convivir con la pobreza.

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