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Opinión
Etiquetas:   Análisis internacional  

Benedicto XVI y Elizabeth II

Isaac Bigio
Isaac Bigio
jueves, 23 de septiembre de 2010, 06:39 h (CET)
Los mandatarios vitalicios más poderosos del mundo se vieron en Londres. El primero es el jefe de la mayor organización religiosa que haya existido (en la cual se adscribe entre un quinto y un sexto de la humanidad) y la segunda es la jefe de Estado que más territorios regenta (16 países que suma más entre un quinto y un sexto del área habitable del globo).

Benedicto XVI no es solo un sumo sacerdote sino alguien quien influye mucho en la política mundial. Elizabeth II no es solo la mujer que más tiempo gobierna (desde hace 58 años es reina británica) y que más dinero tiene en el mundo, sino también, la cabeza formal de la otra iglesia importante de occidente (la anglicana).

Esa diferencia es una consecuencia del conflicto que hace 4 siglos tuvieron anglicanos y católicos, cuya discrepancia inicial fue que el Vaticano quería estar por encima de los monarcas mientras que el rey inglés quería estar por encima del clero y ser su cabeza.

A pesar de que Londres se jacta de liderar junto a Washington la coalición mundial contra el fundamentalismo islámico, el Reino Unido es la única potencia donde el jefe de Estado (quien, además nunca ha sido electo) es, al mismo tiempo, el jefe de la religión de Estado.

Hoy católicos y anglicanos tienen muchas iglesias y ritos similares, y sus curas usan hasta los mismos atuendos. Con el encuentro entre los líderes de ambas congregaciones se ha buscado ir limando asperezas aunque ambas siguen en los polos opuestos en cuanto al conservadurismo social. El Vaticano se opone que haya padres casados o femeninos y a la homosexualidad, mientras que Canterbury ordena sacerdotes mujeres y gays, y varias figuras del actual gobierno conservador-liberal británico tienen o han tenido parejas del mismo sexo.

Las instituciones que ambos encabezan hunden sus raíces en el feudalismo. Si sobreviven en el siglo XXI (y, además, con mucha fuerza) ello se debe a que el papado y la monarquía británica tienen la capacidad de buscar ejercer su poder e influencia pero sin aparecer tan directo. Elizabeth II ha tenido 12 primeros ministros provenientes de diversos espectros políticos y Benedicto XVI trata de mantenerse como guía espiritual de todas las fuerzas políticas posibles.
Benedicto XVI se precia de liderar a la mayor iglesia con 1,100,000 de fieles y Elizabeth II a la mayor mancomunidad de naciones de todos los tiempos (la Commonwealth), la misma que agrupa a 54 naciones que suman 31,462,574 km2 y 2,000,000 de habitantes, aunque solo unos 70 millones de ellos sean anglicanos. Sintomáticamente, la mayoría de los católicos del mundo se hayan concentrados en los países latinos de América, Europa y África, donde nunca reino la corona británica.

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