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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Depredadores del honor ¡Dejen en paz a esta chica!

Miguel Massanet
Miguel Massanet
miércoles, 22 de septiembre de 2010, 06:52 h (CET)
Es en vano que pretendamos que esta epidemia de seudo periodistas que se ocupan de rellenar la prensa amarilla, prensa del corazón o prensa rosa, como ustedes prefieran ya que, en todos los casos, este tipo de publicaciones tienen por objeto primordial explotar la vena morbosa de los ciudadanos; unas veces explicando sin ambages las intimidades de sus víctimas; en otras ocasiones buscándoles sus puntos flacos, sus posibles infidelidades o sus vicios ocultos, para darles publicidad y sacar abundante tajada económica de tan repugnante oficio. Tampoco faltan aquellos que se inventan noticias, apelan a calumnias, ponen en boca de determinados personajes expresiones que nunca pronunciaron o se valen de imágenes trucadas para poner en apuros a determinados personajes de estos que adquieren notoriedad por transitar en eso tan cursi que se denomina jet o alta sociedad.

En estos últimos años, con la importante colaboración de lo que se ha dado por denominar “programas basura”, en una impecable y adecuada definición de este tipo de tertulias, ruedas de prensa, horteradas inquisitoriales o espectáculos denigrantes de los que tanto uso hacen las diversas televisiones que ocupan nuestra geografía patria; que se valen de sus mensajes codificados electrónicamente para que irrumpan con alevosía y nocturnidad en los hogares de los ciudadanos; se está desarrollando una moda basada en un intento, mezcla de intereses comerciales y de explotación de los más bajos instintos de una determinada y, por lo visto, numerosa parte de la ciudadanía –que se refocila, se sumerge y se siente identificada con esta moda de despellejar a todos aquellos que, por unas perras, como nos enseñó Judas, se vende y se deja descuartizar para contentar y complacer a aquellos que encuentran un placer morboso en tales prácticas – de captar audiencia por medio de espectáculos cargados de sexo; de ramplonería; de relativismo: de explotación de los sentimientos laicos de determinados sectores; de actitudes faltas de toda moral y ética y de lenguaje ramplón y rastrero con el que se pretende satisfacer al populacho que se encuentra a su gusto en semejante orgía de banalidades.

Ni la prensa escrita, en todas su modalidades, ni las radios ni las TV, arrastradas por la guerra de las audiencias han sido inmunes a este fenómeno y, es evidente, que ninguna de estas formas de comunicación podría tirar la primera piedra si se le pidiese que justificase no haber incurrido, en alguno de sus programas, en semejantes deslices. Así es que, cuando he leído una información, en un periódico digital, por la que se ha puesto sobre el tapete la relación de nuestro tenista más emblemático, mi paisano mallorquín, Rafa Nadal; inmediatamente se me han encendido las alarmas y he advertido del peligro de que también, en este caso, la jauría de buitres, integrada por todos estos personajes impresentables que viven de la carroña mediática, ocupándose en buscar, indagar, husmear y entrometerse en las vidas ajenas a la caza de la noticia que pueda poner en peligro la continuidad de una pareja, para aprovecharse de ella para alimentar su cuenta corriente aunque, para ello, deban arruinar la vida de alguna persona inocente. Es por ello que me levanto airado y lanzo mi más sentida e indignada repulsa contra aquellos que se permiten entrar en la intimidad de esta pareja modélica, formada por el mejor tenista de España, el mejor patriota, y su novia, una muchacha sencilla, que no ha buscado la popularidad y que siempre se ha sabido mantener dentro de la más absoluta discreción; y cuando, por añadidura, no tiene que envidiar, en cuanto a belleza, a ninguna de estas arribistas, descocadas que se valen de sus artes femeninas para encandilar a famosos con la única finalidad de ocuparse de aliviarles sus bolsillos y después, cuando lo han conseguido, darles portazo para buscar a otro lila, aspirante a ligón, al que desplumar.

El hecho de que alguna periodista se valga de su relación con un famoso para aparecer en todas las revistas que se editan en España y en el resto del mundo, no nos debe permitir pensar que, todas las muchachas españolas, están cortadas por el mismo rasero. Basta saber que Rafa ya lleva muchos años saliendo con su paisana, creo que es de su misma ciudad, Manacor; para entender que, en este caso, toda prudencia es poca, toda discreción insuficiente y todo el respeto por este muchacho que, a sus veinticuatro años, ya alcanzado las cotas más altas de popularidad por sus hazañas en el tenis, y por su novia, una chica normal que tiene la suerte de tener a una persona cabal como novio; a diferencia de aquellos otros famosos y famosillos que han obtenido notoriedad, no por sus méritos personales, por sus conocimientos o por sus conquistas deportivas, sino por sus asedios amorosos, por sus separaciones sonadas o por sus acciones vergonzosas cometidas con aquellas a las que han seducido.

Sin duda, sería una verdadera lástima, un acción imperdonable y una maldad que alguien se atreviera a sembrar cizaña, a inmiscuirse en el mundo de la pareja Rafael y Xisca; el buscar noticia donde no debe haberla o valerse de la popularidad involuntaria que le ha proporcionado, a Xisca, ser la novia del número una del tenis mundial; para buscarle tras pies al gato sólo por la ambición de conseguir un buen reportaje o embolsarse una buena cantidad de pasta. En este mundo, por desgracia, ya quedan pocas personas que se merezcan que se las respete, se las proteja y se les conceda el derecho a la intimidad, por merecérselo y tener derecho a ser felices. Rafa Nadal ha sido y es un ejemplo para el deporte español, también ha sido un ejemplo por su humildad, su generosidad y su buen comportamiento en todo los lugares en los que ha jugado, ha sido recibido u homenajeado; teniendo siempre palabras de elogio para sus rivales en la pista y siempre, también, ha demostrado su amor por España y por su patria chica, Mallorca. Nadie tiene derecho a privarle de la oportunidad de ser feliz y del respeto por su intimidad y, si alguien intentara atentar contra su sosiego y tranquilidad, demostrará ser la criatura más ruin y despreciable que exista sobre la capa de la tierra. De adolescente tuve la ocasión de leer “El Obispo Leproso” de Gabriel Miro, una obra que me impactó y me hizo pensar mucho sobre las tristezas humanas; en ella se recogía un pensamiento que encaja, como anillo al dedo, con estos filibusteros de la noticia y depredadores de las honras; decía así: “Por ruin que haya sido el pecado, son más ruines los que con él se gozan”

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