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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Menores encausados

Octavi Pereña
Octavi Pereña
miércoles, 22 de septiembre de 2010, 06:49 h (CET)
El caso de los dos niños ingleses de 10 años acusados de intentar violar a una niña de 8, que han sido juzgados como si fuesen adultos, ha abierto un debate nacional sobre la edad de responsabilidad criminal. ¿Cuál es la edad en que una persona es capaz de distinguir el bien del mal? Sobre la mesa está una patata caliente que nadie se atreve a tomarla porque no es políticamente incorrecto. Jordi Samsó, director general de ejecución penal de Justicia Juvenil, dice: “A los padres se les debería pedir responsabilidades por los hechos cometidos por los hijos” Si los padres con estudios superiores dejan mucho que desear éticamente y moralmente, ¿qué se puede esperar de los hijos de familias desestructuradas en las que se manifiesta la degradación moral con mucha virulencia? Mediante la pluma de Moisés Dios instruye a su pueblo y deposita en los padres la responsabilidad de enseñar la ley del Señor a los hijos. Es una tremenda responsabilidad la que carga sobre las espaldas de los padres. (Deuteronomio 11:18-21). En Proverbios 1:10-19, mediante la figura de un padre, Dios instruye a los hijos y adolescentes a apartarse de los compañeros que los incitan a hacer el mal. Puede ser muy posible que hagan oídos sordos y la instrucción paterna entre por un oído y salga por el otro.

Jordi Samsó sigue diciendo que se debe “trabajar desde los servicios sociales directamente con el menor para buscar el motivo de estas acciones. Creemos que es mucho más efectivo y beneficioso que un juicio con una condena”. Lo que no se puede esconder es que es una preocupación para las autoridades el hecho de que se vaya haciendo cada vez más primeriza la edad en que se cometen delitos violentos. No hay efecto sin causa. ¿Cuál es la razón que provoca esta violencia precoz? El hecho se debe al ateismo y agnosticismo que impera. Sin Dios no existe educación ética que resista. Cuando el pueblo de Israel estaba a las puertas de la Tierra Prometida los padres debían comprometerse a instruir a los hijos en la ley del Señor (Deuteronomio 6:6-9).

Al comienzo de Proverbios encontramos esta declaración: ”Oye, hijo, la instrucción de tu padre, y no menosprecies la dirección de tu madre, porque adorno de gracia serán a tu cabeza y collares a tu cuello” (1:8,9). Es decir, la obediencia a los preceptos del Señor son una bendición para los hijos. No todos los hijos atienden dichas instrucciones a pesar de las insistencias de sus progenitores: “El hombre que reprendido endurece su cerviz, de repente será quebrantado, y no habrá para él medicina” (Proverbios 29:1). ¿Qué debe hacerse con la persona que después de múltiples reprensiones endurece su cerviz? Cito un texto que luego matizaremos: “Si alguien tiene un hijo contumaz y rebelde, que no obedece a la voz de su padre ni a la voz de su madre, y habiéndole castigado, no obedece, entonces lo tomarán su padre y su madre, y lo sacarán ante los ancianos de la ciudad, y a la puerta del lugar donde viva, y dirán a los ancianos de la ciudad: Este hijo nuestro es contumaz y rebelde, no obedece a nuestra voz,, es glotón y borracho. Entonces todos los hombres de la ciudad lo apedrearán, y morirá, así quitarás el mal de en medio de ti, y todo Israel oirá, y temerá” (Deuteronomio 21:18-21). A mi entender las leyes civiles del antiguo Israel no son aplicables literalmente fuera de sus límites porque no puede volverse a repetir una situación parecida de ser pueblo de Dios nacional, porque es única e irrepetible. Ahora bien, los principios morales y éticos que contienen son aplicables en todos los contextos nacionales.

Deuteronomio 21:18-21 almacena una profundidad de contenido que ayudará, si se lo tiene en cuenta, a evitar que la violencia infantil y adolescente siga creciendo. Los padres deben tomarse seriamente la educación de los hijos, y si alguno de ellos sale “contumaz y rebelde”, no excusar sus fechorías y sobreprotegerlo porque esta actitud todavía le hará más daño. La Biblia enseña con claridad que las autoridades civiles deben castigar a los infractores de la ley con la severidad que exija la gravedad del delito cometido. Los padres que ven que no pueden controlar a sus hijos y no pueden impedir que sigan cometiendo fechorías harán bien si los denuncian a las autoridades para que intervengan.
Según Juan José Márquez, fiscal delegado de menores de la Audiencia de Barcelona dice: Lo que debe hacerse es trabajar desde los servicios sociales con este menor para saber por qué ha cometido estas faltas y ayudarlo a corregir dichas conductas”. La función de los tribunales es castigar a los culpables según la gravedad de los delitos cometidos. Es función de los padres y de las iglesias cristianas enseñar que el origen de las conductas delictivas es el pecado y que este se borra por la fe en el Cristo crucificado y resucitado. Esta fe ayuda eficazmente a “corregir dichas conductas”. Un psicólogo de prisiones me dijo en cierta ocasión “no sabemos cómo cambiar las conductas delictivas”.

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