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Identidad

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
lunes, 20 de septiembre de 2010, 07:10 h (CET)
Lo que caracteriza a una persona y la hace única, es su identidad. A un país, también. En el plano de la utopía, sería perfectamente deseable que la humanidad formara un único colectivo identitario, nada más deseable que eso; pero la realidad va por otra parte, en buena medida porque lo que prima es el poder de los unos sobre los otros, y esa identidad colectiva es sencillamente imposible puesto que unos quieren ser los amos de todos los demás. El Poder Negro, por ejemplo. La identidad, en el orden diverso como el que ocupamos, pues, es una condición sine qua non para garantizar la subsistencia, y la persona o el país que carece de ella, ni siquiera es considerado por los demás, y, ni mucho menos, respetado. Los copiotas y los buenoides, en fin, en esta realidad que vivimos, son simplemente criaturas despreciables susceptibles de ser abusados para cualquier fin o causa, y en este ámbito sólo se respeta a quien se hace respetar. La educación y las buenas maneras en este concierto, sencillamente no cuentan. Y este caso de absoluta falta de carácter propio, exactamente, es el de España, o, dicho con mayor propiedad, de una de las Españas, porque hay más de una. Por lo menos, dos.

Tal vez en muchas cosas sea algo angélicamente bucólico todo eso de darse un paseo por las santas nubes, pero dudo que sea práctico en la realidad. La tozuda realidad –lo mismo que la Historia- enseña que sólo se respeta a quien se respeta a sí mismo, y la España ésta del señor Zapatero y sus desorientados monaguillos, ni siquiera sabe cuál debe ser su personalidad, tanto menos la de la España que gobiernan en nombre de todos, incluida la otra o las otras Españas. O a lo mejor es esto la causa de nuestros males, que tenemos demasiadas personalidades y ninguna es capaz de prevalecer sobre las demás, confiriéndonos, más un carácter propio, un carácter psicótico o bipolar.

Sea como sea, el caso es que la imagen que nos caracteriza, es simple y llanamente la pusilanimidad. Somos, vistos desde el exterior, el país más blandi-blup y más pusilánime de cuantos hay bajo los cielos. Un caso único, y no sé si psicopatológico. La cosa, es que los corsarios ingleses nos toman por el pito del sereno y se ríen a mandíbula batiente de nosotros desde Gibraltar, incluso permitiéndose el lujo de hacer maniobras de desembarco en nuestras costas, y eso sin considerar en el nidal corsario que es la Roca, la cosa ésa de que se hayan expandido a costa de nuestro propio territorio y que sea todo un relicario corsario que infecta de pestes a toda Europa; los marroquíes, quienes siempre han sacado sustanciosa tajada de la debilidad española, y sólo de eso, agreden y acosan nuestras ciudades con el consentimiento y no sé si la complicidad de las propias autoridades españolas éstas que no saben dónde tienen sus credos; el gobierno mantiene y sostiene al terrorismo internacional abonando espléndidos óbolos en plan rescates por liberar a esos secuestrados aficionados a ese nuevo deporte onegiano de la caridad aventura; y, en fin, vamos de botijeros del Imperio por el mundo, sacrificando a nuestros hombres y mujeres del Ejército, a cambio de obtener una sonrisita de Obama y una palmadita en la espalda, entretanto nuestro país está podrido de bases militares norteamericanas –encubiertas bajo el eufemismo de “conjuntas” o no- y hasta es más que probable que habiendo en ellas cierto tipo de armas de destrucción masiva –ésas que no pueden tener los demás países que no quiere USA o Israel- y que eventualmente, en caso de confrontación con potencias nucleares, algo que está a la vuelta de la esquina, nos convertirían en objetivo prioritario de enemigos que nos son nuestros, además de por ser el portaviones imperial en Europa. Vamos, que fuera del flamenco y los toros, la identidad de España es más bien dudosa.

Ahora se le recrimina a Irán que pueda obtener un par de bombas nucleares o tres, precisamente por parte de quienes tienen decenas de miles de ellas. Personalmente, aún en el caso de que fuera verdad y no propaganda del Poder Negro para justificar una invasión del país persa que les garantice su petróleo, me parecería estupendamente (o todos o ninguno), porque el orden internacional es el que es, y a quien no tiene un garrote en condiciones, no se le respeta. Es más, aun prefiriendo la convivencia armónica entre las personas de todo el mundo, siempre que sea posible, vería con buenos ojos que también España hiciera los esfuerzos necesarios para hacerse con una buena santabárbara nuclear, biológica y hasta de esas nuevas armas tácticas geológicas, climáticas o de tecnologías innovadoras, porque las armas convencionales sólo sirven para reprimir a los ciudadanos del interior. De tener esa potencia de destrucción que nos hiciera temibles (o respetables), poco se iban a reír de nosotros los gibraltareños o su Simpática Majestad, los bereberes del sultanato marroquí o la santa madre del Misterio. De otro modo, sólo podemos dar lo que damos: risa.

Eso no significaría que en absoluto que tuviéramos que dejar de tocar las castañuelas o la guitarra, pero sí que nos llamarían de usted y no con el "eh, tú" actual. Con el buenismo del Presidente y de este partido que nos gobierna, sólo podemos aspirar a ser botijeros. Como mucho. Y poner los muertos por el Imperio. Nada más. Cuestión de personalidad, claro, y la que tenemos ahora es la del perdedor..., si es que tenemos alguna. Y así nos va, obviamente.

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