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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Conducción móvil-briagada

Ruth Marcus
Ruth Marcus
lunes, 20 de septiembre de 2010, 06:49 h (CET)
WASHINGTON -- Estoy, a fecha de esta columna, a 144 días de no poder conciliar el sueño nunca más. Será entonces cuando mi hija de 15 años, como se deleita recordándome constantemente, se sacará su carné de conducir en prácticas. Y cada vez que se ponga al volante, yo me preocuparé por la peligrosa combinación de cerebro adolescente y arma letal de 1.300 kilos.

No estoy segura de culpar al Secretario de Transporte Ray LaHood de
fomentar mi inquietud o darle un abrazo por una charla oportuna acerca de
los riesgos concretos de las distracciones al volante entre los
adolescentes -- comportamientos como charlar al móvil, comprobar el correo
BlackBerry o enviarse mensajes SMS.
Me decanto por el abrazo.
LaHood me llamó por teléfono -- no, no mientras conducía, aunque tengo
Bluetooth y confieso haber hecho entrevistas al volante -- en vistas del
segundo Encuentro de Distracciones al Volante del Departamento de Tráfico.

Su mensaje fue correctivo, para mi hija y para mí en la misma medida: "No
se puede conducir de forma segura con un móvil en la oreja o una
Blackberry en la mano. Hay que ponerlos en la guantera, porque no hay
llamada tan importante que no pueda esperar".

Las estadísticas relativas a los adolescentes son sobrecogedoras. La
proporción más elevada de conductores distraídos en los accidentes de
tráfico con resultado de muerte se da entre menores de 20 años. Uno de
cada cuatro adolescentes dice haber enviado SMS mientras conducía. La
mitad de los adolescentes de 12 a 17 años dice haber viajado con un
conductor que envía mensajes de texto. La mitad de los adolescentes con
móvil de 16 a 17 años de edad -- ¿hay alguno que no tenga? -- dice haber
hablado por teléfono conduciendo.
Y por esto es tan peligroso: "Los conductores que intercambian mensajes de
texto apartan su vista de la carretera durante una media de 4,6 segundos
de cada 6", según el Departamento de Tráfico. "A 88 kilómetros por hora,
esto significa que el conductor recorre la longitud de un campo de fútbol
entero sin mirar la carretera".
En cuanto a las llamadas telefónicas de toda la vida, "utilizar un móvil
al volante, tanto si tiene manos libres como si no, retrasa la reacción
del conductor en la misma medida que tener una concentración de alcohol en
sangre al límite legal permitido de 0,08".

Tenemos que hacer con los móviles y los mensajes lo que hemos logrado
hacer en el caso de la conducción bajo los efectos del alcohol y el
cinturón de seguridad: hacerlo inaceptable -- y contrario al reglamento.
En la actualidad, una treintena de estados y el Distrito de Columbia
prohíben por ley los mensajes al volante, pero sólo seis estados y el
Distrito prohíben cualquier dispositivo electrónico manual. El gobierno
federal debería animar a otros estados a seguir la tendencia, ya fuera a
través de estímulos (partidas presupuestarias extraordinarias) o, si hace
falta, medidas de coacción (amenazar con retener parte de los fondos de
tráfico).
También me gustaría ver más investigaciones de lo que distrae realmente a
los conductores -- en parte porque me encanta mi Bluetooth y en parte a
causa del abanico de nuevas tecnologías que distraen. Presionar un botón
de mi volante para hacer una llamada no parece que distraiga tanto como,
digamos, echar un vistazo a la pantalla del GPS o sintonizar la radio. En
la práctica, el único accidente que he sufrido nunca tuvo lugar cuando me
inclinaba para insertar un CD.
Pero LaHood me convenció: No hay excepción ni de semáforos a la norma de
conducir con el móvil. "Le garantizo que cuando está mirando ese mensaje y
el disco se pone verde, usted no ve que ha cambiado", decía. "Una vez
empieza la distracción, es muy difícil apartar la vista".

Entendido. Hablamos de distracciones al volante mientras llevaba a mi
grupo en coche (mi hija y dos adolescentes mayores) el jueves por la
mañana. Y logré llegar a la oficina sin comprobar al correo por el camino.

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