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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

La extraña defunción del republicanismo moderado

E. J. Dionne
E. J. Dionne
viernes, 17 de septiembre de 2010, 22:00 h (CET)
WILMINGTON, Del. -- La víspera de las primarias que pondrían fin a su carrera electoral, el Representante Mike Castle se encontraba de un ánimo reflexivo. Parecía tranquilo y confiado, pero casi todo lo que decía sonaba a despedida mientras ofrecía un análisis profético que explicaría con antelación una derrota que reverbera por toda la nación.

Caballero brillante y distinguido al estilo del Presidente Bush padre (que celebró un acto de recaudación en su honor en Kennebunkport), el congresista de nueve legislaturas mostraba su duelo por el declive tanto del estilo conciliador de la política que alentó su carrera como de la disposición Republicana moderada que el movimiento de protesta fiscal está decidido a destruir.

"Hay cuestiones en torno a las que, como Demócratas y Republicanos, deberíamos sentarnos y zanjar nuestras diferencias", decía Castle la noche del lunes sentados en el Kelly's Logan House, un local de copas donde ha congregado a sus partidarios más próximos la noche víspera de todas las elecciones desde su primera victoria, al escaño de la circunscripción del barrio en la legislatura estatal, en 1966.

Los Republicanos que pudieran sentirse inclinados a seguir la mediana de la carretera, decía, están petrificados por "los rápidos ataques de los columnistas y los Sean Hannity del mundo. La gente tiene mucho miedo de cruzar la línea y ser declarado Republicano Sólo de Nombre -- o cosas peores". Como resultado, "no hay muchos legisladores dispuestos a plantarse".

"Parte de ello", añadía, "es el miedo por las primarias, y estas elecciones han dejado patente el poder de los grupos muy conservadores".

La derrota de Castle a manos de Christine O'Donnell, perenne aspirante que podría ser la candidata al Senado menos cualificada en todo el país, sí marca el colapso definitivo del Partido Republicano no sólo de Nelson Rockefeller y Tom Dewey, sino también de Bob Dole y Howard Baker.

Tras dos décadas durante las que los moderados abandonaron un partido cada vez más dominado por su ala derecha, el electorado de las primarias Republicanas se ha visto reducido a su ala derecha exclusivamente. O'Donnell, impulsada por el esfuerzo de gasto anti-Castle de última hora desde el grupo Tea Party Express radicado en California, emprendía su revolución con poco más de 30.000 votos. Eso es todo lo que hizo falta para hacerse con el control del otrora Grand Old Party en el que el centro ya no lleva la voz cantante.

Cuando visité el cuartel general de Castle la noche del lunes en Riverfront Wilmington -- un proyecto de desarrollo económico bipartidista clásico respaldado por Castle -- la fachada estaba animada, pero no exultante. Sólo media docena de personas estaba al teléfono, un grupo valiente pero insignificante plantando cara a la oleada del movimiento fiscal.

El Senador Ted Kaufman, Demócrata nombrado para ocupar el que había sido el escaño de Joe Biden en el Senado a falta de conocerse el resultado de estas elecciones, observaba durante una entrevista que la mayoría de los Republicanos de corte Mike Castle en el norte de Delaware ya no eran Republicanos. "Hubo una tendencia de Republicanos moderados a volverse independientes, y de independientes a Demócratas", decía.

El mismo patrón es visible en las zonas residenciales de Filadelfia en los condados de Montgomery, Delaware y Bucks. Las fuerzas que expulsaron al Senador Arlen Specter del Partido Republicano en Pennsylvania derrotaron a Castle en Delaware.

La opinión generalizada en Washington sostiene que los Republicanos se han desplazado a la derecha, y los Demócratas a la izquierda. Pero esto es patentemente falso --basta con contar la cifra de congresistas Demócratas moderados. Y un político que no tiene equivalente es Castle. El dominio de una formación por parte de su ala más ideológica, decía, "es un problema más generalizado ahora mismo dentro del Partido Republicano que del Partido Demócrata".

Y hacía una predicción: "Me apostaría unos pavos a que mi rival no podría ganar unas generales en este estado por este escaño -- ni por ningún otro".

Sí, el movimiento fiscal casi ha regalado las elecciones al Senado por Delaware al candidato Demócrata Chris Coons, el joven ejecutivo del condado de New Castle transformado de probable perdedor frente a Castle la mañana del martes en gran favorito frente a O'Donnell al caer la tarde.

Pero la cuestión más relevante es si el país está dispuesto a dar una mayoría a un Partido Republicano que ahora desprecia a pensadores como Castle, está absolutamente aterrorizado por un ala derecha bien financiada que desfila bajo un estandarte populista falso, y, en unas primarias tras otras, se ha alineado con Sarah Palin, que hizo de O'Donnell una de sus ungidas.

¿El votante moderado va a asumir el riesgo contenido en la absurda propuesta de que este Partido Republicano va a cambiar de forma radical y trabajar de forma tranquila y bipartidista con el Presidente Obama? ¿O utilizará su papeleta para dar un toque de atención a los Republicanos y decirles que necesitan más Mike Castle y menos radicales?

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