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Vientos violentos

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 17 de septiembre de 2010, 22:00 h (CET)
Una de las imágenes del verano que permanece en la retina es la de esos vientos turbulentos que azuzaron los INCENDIOS. Rusia, Galicia, el sur de Valencia y tantos otros lugares se vieron afectados por la angustiosa realidad de esos fuegos y sus consiguientes humos sofocantes. Un factor agravante donde los haya; agranda las llamaradas y convierte su dispersión en una anarquía de difícil control. Por extraño que pudiera parecer, los pirómanos se repiten sin aparente remedio. En este, como en otros acontecimientos, no suelen faltar los provocadores; perversa mentalidad alejada de toda sensibilidad social y ecológica, su maldad se impone a las inclemencias del viento.

Se cierne el otoño con sus aires cabreados. Las copas de los chopos no saben que dirección tomar, los impulsos son cambiantes y de intensidad variable; resisten enhiestos, pero suenan sus hojas ante la turbulencia. Es una AGITACIÓN que no sabe uno como tomársela; como una simple evolución estacional, empeoramiento climático general o como una mera fantasía del observador.

Enseguida podrán apreciar ustedes la gran extensión de semejante agitación; ya no es cuestión exclusiva del clima, son muchas las áreas afectadas y las repercusiones que nos ocasionan. Sobrecoge ese progreso hacia las turbulencias…o hacia ninguna parte buena. Da la impresión de que no se toman los asuntos por su verdadera importancia, se promueven los más variados DISIMULOS; auténticas tapaderas de comportamientos inicuos. Se abren polémicas mediáticas de poco fuste; mientras los grandes sufrimientos del paro, el vacío en cuanto a las orientaciones gubernamentales, o la progresión de los impuestos, ejercen toda su violencia sobre los ciudadanos. ¿Con justificación incontrastable? Mucho me temo que no sea así, los indicios apuntan, para mal, hacia un desorden mayúsculo en la gestión. ¿Se destapará el velo para sonrojo de los manipuladores?

Se han fijado ustedes con qué mala cara asumen los prebostes de cada partido eso que se denomina como elecciones primarias. Les sienta fatal la posibilidad del pronunciamiento por parte del afiliado de base. Acostumbrados como están al desgraciado DIRIGISMO CASTRANTE; no entienden la falta de sumisión de quienes consideran sus acólitos. Si así se comportan con sus afiliados, a los ciudadanos corrientes los deben apreciar como minúsculas partículas insignificantes. Semejante comportamiento, deforma y anula las actitudes participativas de la gente. Por mucho disfraz o pantomimas que presenten esos dirigentes, el desprecio genera una anulación violenta. ¿Aplaudida? ¿Consentida? De todo se verá, a pesar de lo impresentable de dichas actitudes.

En ocasiones la violencia discurre en una cercanía que no sospechábamos, por desconocimiento o por una disposición táctica parecida a la del avestruz; aquello de la ignorancia o la actitud displicente de interesarse poco por los fundamentos de las cosas. Discurre de esta manera una CREDULIDAD FATUA; cualquier mención televisiva o charlatanería se toma como argumento fehaciente. Da lo mismo que se trate de una medicina natural mal entendida, efectos de las drogas, virtudes o defectos. Si sólo se tratara de la creencia tendría un pase; por el contrario, sus alardes son continuos, con lo que aumenta la caza de incautos. Originan una figura lamentable, la del ignorante que ejerce de altavoz de afirmaciones insustanciales. El fomento de este género superficial supone una engañifa social y por tanto deforma las mentalidades.

Con las actuales dificultades económicas y las enormes estrecheces sufridas por el gran número de parados, me parece sumamente violento el comportamiento de algunas instituciones que dilapidan el dinero escandalosamente. Se pueden denominar SUBVENCIONES DESCARADAS. Estos días me enteré que la Generalitat catalana ha dedicado unos fondos para presentar las “fallas valencianas” como logro catalanista; la lista se agranda, presentan un catálogo de cultura catalana en el que no incluyen a escritores porque escribieon en castellano (Eduardo Mendoza, Marsé…), los dineros se dirigen a los caprichos del señoret de turno. Cualquiera observará en los listados de subvenciones caprichosas adjudicaciones, sonrrojantes a veces; una especie de tortura para quienes funcionan bajo mínimos económicos, una agresión burlesca.

¿No está fuera de toda cordura el ímpetu con que los gobernantes desprecian las opiniones de los ciudadanos? La desfachatez es máxima en los diferentes ámbitos, sin explicaciones, con alevosía y regodeo. Se le puede aplicar el calificativo de FORZAMIENTO PIRAMIDAL, desde la cúspide de esa pirámide se disponen a dirigirnos hata en el mínimo detalle. No se limitan al tabaco y la gordura, el tipo de arte que nos conviene (Para eso lo subvencionan con el dinero de todos, a eurotazo limpio), nos indican los candidatos apropiados para cada puesto, como deben ser y manifestarse las actitudes religiosas, o impidiendo la aplicación de orientaciones educativas diferenciadas; de esa manera, cualquier discrepancia debe quedar controlada. Ante semejantes experiencias, resulta patente la presencia de violentadores desde lo alto de sus puestos y sufridores forzados, queda por ver si estos últimos están conformados con su suerte. Se intuye la necesidad de una rebelión saneadora como remedio a este desbarajuste; de lo contrario continuarán los dictados, qué debamos preguntarnos, cuando, qué asuntos son los preferentes o incluso valorarán ellos los resultados; nos vendrán impuestas las aplastantes grandezas.

Uno de los aires que repercuten diariamente sobre la violencia, tiene que ver con otro desfase significativo. Los hechos violentos adquieren formatos diversos; los sanguinarios destrozos de un coche bomba, la finura aparente de un despacho financiero, torturas, extorsión y el miedo provocado, la degeneración pederasta, o esa profusión nefasta de las discusiones finalizadas a mazazo limpio (Domésticas, tráfico, drogas). A través de las informaciones se origina el mencionado desfase a la hora de su valoración. Las imágenes y noticias nos abocan al RETRASO y ALEJAMIENTO con respecto a lo sucedido. Ya se produjo el suceso lamentable, llegamos tarde; se queda como algo sin remedio. Los papeles o las pantallas reflejan una ubicación virtual, mientras nosotros lo percibimos desde la distancia. La deformación conduce al pensamiento fácil, son otros quienes deben resolver esas situaciones críticas.

Los aires tranquilos no derivan exclusivamente de las isobáras y la información meteorológica, o de los designios cósmicos. La CONCIENCIACIÓN ha de ser previa, cercana y exigente. La participación deriva en un compromiso que puede diluirse hacia su desaparición sin remisión si delegamos en estructuras y personajes endemoniados; si, endemoniados bajo múltiples actividades, como resulta patente en los ambientes que nos movemos. ¿Calificaríamos así a los sindicatos y sus liberados que ahora llaman a la huelga a los abuelos que no defienden? ¿Esa es su labor?

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