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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:  

29 de Septiembre

Jesús Molíns (Zaragoza)
Redacción
jueves, 16 de septiembre de 2010, 12:10 h (CET)
La Huelga General ¿será un éxito o un fracaso?, esa parece ser la máxima preocupación del momento.

¿Cómo medir el éxito o el fracaso de ese día?

Si el próximo día 29 de septiembre los trabajadores no secundan la convocatoria de Huelga General ¿será un fracaso sindical?, o si por el contrario esa jornada tiene un seguimiento masivo ¿sería un éxito? ¿o al revés?.

Todo depende del fin de ese día, de cuál es la meta ¿la huelga general en sí misma?, ¿el cambiar una reforma laboral?.

Depende de si el día 29 de septiembre lo concebimos como fin o como inicio.
El objetivo del 29 de septiembre no debe de ser la Huelga General, nos estaríamos engañando, sería un grave error.

Desde el pasado mes de junio, estamos viendo como los sindicatos se han desempolvado, limpian las telarañas, se están sacudiendo la caspa de tantos y tantos años de sindicalismo institucional, tecnócrata y de despacho.

Pero en estos últimos meses están recuperando su esencia, han vuelto a sus orígenes.

Vuelven a pisar las empresas, devuelven el protagonismo a los delegados de personal y comités de empresa. Por primera vez en muchos años, se ha vuelto a encender la llama de la conciencia de clase.

Tenemos que ser capaces de ver y asumir esta realidad.
Debemos tomar la Huelga General del próximo 29 de septiembre no como una meta, sino como un inicio.

El inicio de un camino de largo recorrido, de movilización permanente, de sindicalismo activo y militante, de reivindicación constante, de inconformismo y rebeldía social.

Si así fuera no importaría tanto su resultado o el seguimiento numérico de la Huelga General, el 29 de septiembre habría sido un éxito. Sería el inicio de un movimiento al que poco a poco, sin duda se acabará uniendo la gente.

El sindicato que sea capaz de mirarse el ombligo sin complejos, de ver y aceptar sus errores, de escuchar a sus bases y variar el camino de su política sindical hacia esta nueva realidad, a la larga conectará totalmente con los trabajadores.

De ser así, con el tiempo veremos sus frutos y recordaremos el 29 de septiembre no como un día en el que se logró variar levemente una ley de reforma laboral, sino como la fecha en que se inició un nuevo camino de movilización permanente, rebelde, constate, de sindicatos y trabajadores hasta conseguir variar las políticas arcaicas y reaccionarias de recortes sociales, laborales y democráticos adoptadas por la Unión Europa.

Lo recordaremos como el día en que se dio un nuevo sentido a la política, la fecha en la que por fin se devolvió el protagonismo a los ciudadanos.
Y si no somos capaces de verlo y asumirlo así, el 29 de septiembre, sea cual sea su resultado, será un fracaso en el que acabaremos hundiéndonos todos arrollados por el propio sistema.

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