Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Plagios   -   Sección:   Opinión

Para plagiarios, los nuestros

Jos Gonz lez

viernes, 14 de enero de 2005, 00:12 h (CET)
Anda la Universidad de Harvard revuelta por haberse encontrado en su claustro a tres plagiadores. Uno, condenado por la justicia a no poder continuar investigando durante los prximos tres a os, es un profesor asociado que copi un trabajo sobre la malaria de un alumno suyo public ndolo como propio. Los otros dos, tambin con bastantes posibilidades de ser condenados, son catedr ticos, y uno de ellos es una de las figuras pblicas de las que presume esta Universidad con cuarenta premios Nobel en sus filas. Son parad jicamente profesores de leyes, y a los dos se les acusa de no citar intencionalmente sus fuentes inspiradoras. Ambos han admitido pblicamente las omisiones de stas, e incluso el segundo ha desvelado que son involuntarias ya que l lo nico que hizo fue poner la firma, nica eso s , en un trabajo amasado por sus ayudantes. Esto ltimo desvelar a que el asunto va ms all de un plagio malintencionado, y que el problema es sencillamente que existen fbricas de libros que hacen unos y firman otros hasta en los m s excelentes niveles acadmicos.

Seg n un diccionario francs de plagiarios los pr stamos intelectuales son corrientes en el mundo cientfico y cultural desde los inicios del conocimiento, por lo que hay una explicaci n falsamente ultra- liberal que sostiene que como la propiedad de las ideas, como la privada, es un robo resulta legtimo saquear al pr ximo, y acaso hasta obligado. De esta manera, adems, se les bajar an los humos a los divinos autores, no entrecomillando siquiera sus ideas. Mas el problema no es tan simple. El que plagia, ms all de la simple lucha por la supervivencia o por la fama tiene un problema consigo mismo: desea estar en el lugar del que plagia, y busca la manera de quitarle su bien ms preciado e intransferible, la inteligencia. El psicoan lisis sostiene, por su parte, que en todo escritor hay un potencial plagiario, dados los procelosos y tortuosos caminos por los que discurre la mente del sujeto deseoso de gloriola.

Los prstamos literarios, dec amos, son un hecho probado. Los plagios, por ejemplo, ya eran clebres en el Siglo de Oro. Las obras de Lope de Vega eran o das en los corrales de comedias y aprendidas de memoria por los plagiadores que tales cuales las publicaban. El propio Lope tambin sufri acusaciones de plagio. La sospecha de plagiar no dej fuera siquiera a los santos de aquel tiempo; se dice, verbigracia, que Ignacio de Loyola tom prestados sus ejercicios espirituales a un abad de Montserrat. Tampoco la endiosada Francia se libr de la plaga; caso similar, y probablemente incierto, fue el de Moli re, al cual algn investigador acusa modernamente de haber tenido por 'negro' a Corneille. Estos supuestos parecen inveros miles por que los acusados al desplegar una actividad frentica en sus dominios hacen dif cil de creer que precisasen en su gloria de robar al prjimo.

Otros casos de falsarios s son bien conocidos del pblico. En este orden el m s clebre plagiador literario contempor neo fue Alejandro Dumas al que se le adjudican nada menos que setenta y cuatro 'negros'. Toda una fbrica que no ha podido vencer, no obstante, a Honor Balzac, que s que trabajaba solo y a destajo, con el editor en la antesala esperando sus deseados folios. No podemos olvidar tampoco casos m s intrincados como el de la mediogranadina Mara Lej rraga, que segn cuenta Antonina Rodrigo, fue saqueada no s lo por su marido Gregorio Martnez Sierra, firmando todos los trabajos que ella escrib a, sino que en la vejez, instalada como consecuencia del exilio en Estados Unidos, y para ganarse unas perras, le envi un gui n a Walt Disney, el mismo que le fue rechazado, y luego probablemente empleado en 'La dama y el vagabundo'. Ella, que era sabia, se lo tom con humor, si bien su bolsillo sigui vaco, mientras el de Disney se llenaba.

Las patolog as del plagiador son muchas. He encontrado casos de profesores que no contentos con extorsionar al alumno comn, robaron tesis doctorales a sus dirigidos, y por ende disc pulos dilectos. Asimismo conoc a cierto sujeto, de rara patolog a, que en una suerte de desdoblamiento de la personalidad tuvo celos de sus propias obras. Otros en su ansiedad de influencia quisieran haber sido plagiados para mostrar ante sus prximos la envidiada y no reconocida sabidur a de su cacumen. Algunos de entre stos se hacen reyes por un d a denunciando a creadores famosos por haberles robado lo suyo. Son casos para Borges y para Forges, aunque, a veces, no lo descartemos, pudieran estar en lo cierto. Casos hay para todo.

En Sudamrica le llaman plagiar al secuestro puro y duro. As uno puede leer en la prensa colombiana que hay gente que lleva treinta aos plagiados por la guerrilla del Mono Jojoy. Es una elocuente manera de expresar con contundencia la esencia del plagio: secuestro f sico. Tambin podr a aplicrsele al robo de la personalidad jur dica. En Estados Unidos uno de los mayores temores de los ciudadanos es que les sustraigan el nmero de Social Security, que habilita para trabajar, y con ese n mero y algn dato m s les roben la personalidad con el fin de cometer fechoras en su nombre. En definitiva, el plagio puede interpretarse como secuestro f sico o como robo de la identidad personal. Por eso la nica manera de luchar contra l es con una enorme carcajada, y acaso un buen gabinete jurdico.

Mas Espa a, ay, Espaa!, sigue siendo punto y aparte. La impunidad con que circulan nuestros plagiadores es c lebre. Slo conozco un caso en mi profesi n en que el plagiador fue castigado judicialmente. Un profesor francs ley un libro de un colega espaol hallando enormes similitudes con uno suyo. Sospech de plagio y lo puso en conocimiento de una sociedad profesional, la cual envi una comisi n investigadora a unas densas selvas amaznicas, para comprobar qui n de los dos haba andado curioseando por aquellos lares. Las conclusiones del informe fueron demoledoras para el espa ol, teniendo el suficiente peso para que la justicia de Espaa lo condenase, por una vez. Y ustedes dir n dnde est el plagiador?, lo habrn al menos inhabilitado? Pues no, tras pagar su multa, sigue dando clase en nuestras magn ficas universidades, dirigiendo tesis y formando parte de tribunales, e incluso por su aspecto podramos adjudicarle una respetabilidad que no tiene. Dicen en Fez que no te f es de unas barbas blancas, previnindote de la falsa sabidur a. El libro condenado, por dems, sigue su vida de saldo por las librer as de lance, desaparecida la editora original, y sin nadie responsable que obligue a quitarlo de las baldas. As pues, despu s de cometer la fechora, nuestros marm reos plagiadores siguen ocupando sus ctedras pontificales, a las cuales a veces han accedido en virtud del plagio mismo, sin que ni su conciencia ni las leyes ni las pr cticas acadmicas los hagan purgar sus pecadillos. Ni condenados es posible atraparlos.

Como consuelo cabe esgrimir que el plagiador no tarda mucho en quedar como el rey desnudo ante los dem s, y que el investigador o creador que sigue tenazmente su curso acaba por demostrar que la creacin humana est sujeta a ideas superiores, cuyo destino no pueden torcer los de rostro de mrmol, aunque tengan m s plagiados en su haber que el Mono Jojoy en la selva colombiana. Los de Harvard lo saben y los castigan, para que ms adelante la colectividad acad mica no arda en el infierno de sus pecados, aqu todav a no, tan descredos como andamos los universitarios espa oles.

Noticias relacionadas

Trampantojos esperpénticos

Quiero una democracia como la sueca, no una dictadura de izquierdas demagógicamente mal llamada democracia como la que tenemos en España

Ministra de Justicia, Garzón, un comisario, Sánchez e Iglesias

¿Pero qué pasa aquí?

¿Son útiles las religiones?

El sincretismo religioso conduce a no creer en nada

El día de…

Nos faltan días en el año para dedicarlos a las distintas conmemoraciones y recordatorios

Como hamsters en jaula

​Hermanos: estaréis de acuerdo conmigo de que los acontecimientos políticos están pasando a una velocidad de vértigo
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris