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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

La economía y la avalancha destructiva

David S. Broder
David S. Broder
jueves, 16 de septiembre de 2010, 07:15 h (CET)
WASHINGTON -- El final de las primarias llegaba este martes entre crecientes indicios de que una rebelión de activistas conservadores del movimiento de protesta fiscal a nivel local podría poner en peligro las esperanzas Republicanas de lograr victorias a gran escala sobre los Demócratas alimentadas por la recesión.

La pasmosa derrota del Representante moderado de nueve legislaturas Mike Castle, ex gobernador, en las primarias Republicanas al Senado en Delaware a manos de Christine O'Donnell, otrora derrotada de antecedentes personales problemáticos aupada por Sarah Palin y el movimiento de protesta fiscal, probablemente sentencie cualquier posibilidad que tuviera el Partido Republicano de hacerse con el escaño del Vicepresidente Biden en el Senado y la mayoría en el Senado con él.

El desconcertante dato de participación, tras sacudidas similares sufridas en Alaska, Nevada y Kentucky entre otros estados, sugiere que el contraído Partido Republicano está pagando un precio por su ausencia de orientación legislativa coherente a nivel nacional. Pero aún está a tiempo de rentabilizar en noviembre la indignación de un electorado absorto en la situación económica y la incertidumbre generalizada alimentada por su lenta salida del desastre.

Son los cuartos comicios electorales marcados por la caída del empleo, el ahorro y los beneficios desde que Ronald Reagan llegase a Washington en 1981, y a juzgar por los comentarios de los electores que vengo escuchando, los daños psicológicos que han causado son más graves que los vistos por cualquiera de sus predecesores.

Esto se debe, en parte, a que comenzó con George W. Bush y ha seguido produciéndose de forma implacable, en lo que respecta a los electores, con Barack Obama. Los Demócratas pueden decir que han cortado la tendencia en seco y que han empezado a invertirla, pero cuando te diriges a los votantes -- y a los funcionarios locales -- pocos son los que ven motivos de confianza.

Los expedientes de regulación y la amenaza de la jornada reducida y el sueldo perdido han diezmado a vecindarios enteros, y las administraciones locales han visto caer en picado su recaudación aún más rápido que Washington -- aunque los déficits federales ya son sobradamente siniestros.

Hace un año no estaba claro qué partido saldría más perjudicado de las consecuencias de la catástrofe económica. Pero ahora es evidente que en algún punto del camino Obama y los Demócratas perdieron la iniciativa del diálogo, y la protesta populista se ha centrado en la administración intervencionista en lugar de en el sector privado.

Como los Demócratas pusieron su pica de manera tan visible en esa administración en el año 2006 y en el 2008, atrayendo una atención desmesurada con la elección de la primera presidenta de la Cámara y el primer presidente negro, están destinados a llevarse el grueso del impacto de la protesta anti-Washington.

De ahí la mayor de las paradojas de la campaña del año 2010 -- que los Republicanos están abocados a registrar importantes avances incluso si su reputación como partido no se ha recuperado realmente de los años Bush y no hay pruebas de que los electores crean que han desarrollado mejores ideas para mejorar la economía que los Demócratas.

Al seguir tan débil a nivel nacional la imagen del Partido Republicano bajo Michael Steele, Mitch McConnell y John Boehner, los estados han empezado a flirtear todo el año con el peligro de que las primarias den lugar a candidatos reflejo de la dinámica interna de electorados de derechas que resultan espantosos para el electorado en general.

Eso ya ha sucedido en los comicios a la gobernación de Colorado y la carrera del Senado en Nevada frente al secretario de la mayoría Harry Reid. Y volvió a suceder el martes en Delaware y en Nueva York, donde ganó el candidato del movimiento de protesta fiscal a la gobernación.

Es probable que emerja como dinámica desafiante cuando los Republicanos se concentren en la elección del candidato presidencial de 2012. Con Sarah Palin ayudando a fomentar rebeliones en el seno de las filas del Partido Republicano en estados que van de Alaska y Utah a Florida y Delaware, puede serle más difícil de lo normal designar un favorito entre sus propias filas a la institución Republicana.

Por una parte, las primarias de este año han visto candidatos Republicanos a la gobernación capaces de ganar en estados como Pennsylvania, Ohio, Illinois, Wisconsin, Michigan, Iowa, Oregón y en especial California, que se añaden a Texas, Georgia y puede que Florida, que ya tenían. Esto puede consolidar la reputación del Partido Republicano como formación de gobierno hasta un grado extremo.

Los Demócratas todavía están a tiempo de influenciar el resultado, pero a la sombra de Obama, han perdido la oportunidad de debatir grandes asuntos entre ellos. Su próxima oportunidad Llegará después del 2 de noviembre, cuando la administración Obama se reconstruya.

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