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Opinión
Etiquetas:   A cara descubierta  

Cuesti n de raices

Diego Taboada

viernes, 14 de enero de 2005, 00:12 h (CET)
Si Don Quijote resucitase, y Sancho se atreviese de nuevo a seguirle, daranse stos cuenta de que, a pesar de ligeros cambios materiales, pocas cosas cambian en ciertos lugares. En este libro, disclpenme ciertas clases pol ticas y ciudadanos, llamar "pen nsula" a lo que otros insisten en llamar "Espaa", "naci n", "estado plurinacional" o "nacin de nacionalidades"; a veces sufro de taquicardia, y cuando me enfrento a alg n que otro discurso retrico-nacionalista, de estos desbordantes de emocin y exaltado orgullo por no se qu , me entran unas ganas enormes de pasarme al Zen -an siendo yo cristiano- para relajar un poco esas efervescencias emocionales que entran por estos lares cuando se pronuncia tal palabra.

Mi pen nsula, esa que podra amar tanto como las estepas Rusas -si hubiese nacido en ellas- o las orillas del Rhin -en las cuales me cri - se encuentra en el punto lgido de su estupidez : en el monto del gozo, en Santiago, todav a hay quien planta una bandera y exclama el "ms gallego que t ", de la misma forma que en Madrid se suben a la Cibeles cantando a coro "ms espa ol que t", de la misma forma que en las ramblas se suben a los faroles borrachos de orgullo exclamando "m s cataln" que t , y, en fin. de la misma forma que en las Vascongadas se tira la txapela al aire gritando : "ms Vasco que t ". Pero eso no es todo, hace unos das, tuve la oportunidad de hablar con un patriota gallego, cuan orgulloso estaba de nacer en el Courel!, "eso s " -deca- "a los Coru eses no puedo soportarlos".

Deca tambi n, este ciudadano, que haba estado buscando sus "ra ces", y por lo visto, las haba encontrado en el Courel. Yo me qued pensativo,
peguntndome cual era la dificultad de encontrar "ra ces" en un monte lleno de rboles, pero me pareci cruel mostrarme irnico con tan simp tico hombre. El caso es que, buscando las susodichas "races", el hombre hab a hecho hallazgos importantes sobre s mismo : dec a que sus orejas eran pequeas y achatadas, porque los habitantes de tal zona siempre hab an presentado siempre esa peculiaridad fsica. Tampoco quise quitarle la ilusi n al hombrecillo, pues cuando me invit a una de las miles de cantinas que existen en Galicia, hubiese jurado que encontr orejas de todos los tipos. desde las ms dignas de un paquidermo, hasta las m s caractersticas de un roedor. Pero ya se sabe, "hay que ser tolerantes", a n a riesgo de intentar hacer ver a los hombres los fundamentos de sus propias locuras. Espero que la "cuestin nacional" llegue a ser tan solo una circunstancia, un absurdo histrico, en una pen nsula llamada Espaa. o lo que sea. Qu ms da.

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