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Etiquetas:   Buñuelos de viento   -   Sección:   Opinión

Llamamiento sindical

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
miércoles, 15 de septiembre de 2010, 08:19 h (CET)
No sé qué respuesta popular se van a encontrar los sindicatos en su llamamiento para el día 29, no sé si su fuerza va a salir dañada de la confrontación o si va a ser el presidente Zapatero el que más vaya a sufrir con lo que ese día ocurra. Claro que dada la situación de unos y otros, con su imagen social ya gravemente afectada, es muy posible que ambos salgan perdiendo.

Es cierto que como dicen UGT y CCOO la situación laboral en España recibe una fortísima agresión, los derechos tan largamente batallados y tan duramente adquiridos se ven de nuevo recortados. La izquierda extremada, radical y frentista de Zapa está desempeñando el papel “profesional” que se suele achacar a la derecha. Sin embargo los ataques de los dirigentes sindicales se dirigen exclusivamente a la patronal y al Partido Popular, ignorando tan torpe como intencionada y culpablemente la labor de zapa de Zapa. Y espero que quede claro el juego de palabras. Cierto que en la patronal habrá sin duda grandes empresarios que estén esperando la más pequeña oportunidad para descerrajar un despido en la sien de sus trabajadores, pero hay miles de pequeños empresarios que son tan víctimas como sus empleados.

Matar moscas a cañonazos nunca fue labor delicada, pero qué otra cosa se podía esperar de la tosquedad personal de estos dirigentes. Sólo los representantes sindicales reunidos en Madrid señalaron con su dedo acusador a Zapatero, pidiendo a gritos y en coro su dimisión, para sorpresa de quienes allí les habían llevado. Por un momento la tarea de apoyo, sostenimiento y apuntalamiento sindical de un gobierno que con su radicalismo ha ido cavando su propia tumba estuvo a punto de irse a pique. Las bases, ay, qué difíciles son a veces de controlar.

No sé si el 29 de este mes será el principio del fin de Zapa o de Méndez y Toxo, pero algo de eso tiene muchas posibilidades de pasar, a expensas de la reacción popular y de la virulencia de esos comandos informativos: “Quedas informado de que como salgas a trabajar te molemos a palos, te rompemos los cristales o te rajamos los neumáticos”. Comandos informativos en el lenguaje políticamente correcto tiene esa exacta traducción que todos conocemos, qué le vamos a hacer.

Sólo esos sindicalistas de base reconocieron el culpable, no de la crisis económica, sino del estropicio que ésta va a causar a la clase obrera. Porque Zapahuero no causó la crisis pero se escondió, tratando, agazapado, de que ésta pasara como el sol por los cristales: sin afectarle, dejándole sin mácula, como si hacer el dontancredo no fuese irresponsabilidad suficientemente grande. Esta inacción torpemente prolongada en el tiempo unida a su manirrota política coadyuvó en el aumento de la bola de nieve económica y financiera que, si ciertamente salió del capitalismo salvaje y desmedido de la banca y de la gran empresa multinacional, tuvo en los discursos hueros y rimbombantemente demagógicos del presidente de Gobierno un aliado imprescindible.

Y todo ello a pesar de los repetidos e insistentes avisos en contra de la política económica que primero Solbes, si bien a regañadientes, y ahora Sebastián y Corbacho han seguido durante largo tiempo. ¿Insistentes avisos de quién? ¿De la Banca? ¿De la patronal? ¿De la Trilateral? ¿Del PP? No, sólo los de memoria sesgada obviarán las amonestaciones reiteradas de Miguel Ángel Fernández Ordoñez, socialista de carné, y de Almunia, tan socialista como el propio Zapatero. ¿Qué hacían entonces los sindicatos que ahora protestan? Respuesta: Acordarse de la señora madre de ambos, acusarles de todo tipo de iniquidad antiobrera y derechista, a pesar de los aludidos carnés, y respaldar cual entusiastas palmeros la política suicida del señorito del cortijo.

Y son ellos, precisamente ellos, los que pretenden ahora convencernos de que les sigamos, de que somos unos afortunados teniéndolos a ellos por líderes de masas y de que los malos son los demás. Ni ellos ni Zapatero: los demás.

Y son ellos, precisamente ellos, los que quieren que yo haga huelga el día 29.

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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