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Etiquetas:   El crisol   -   Sección:   Opinión

Con el PP, impensable

Pascual Mogica
Pascual Mogica
miércoles, 15 de septiembre de 2010, 08:11 h (CET)
La verdad es que con la total y absoluta libertad que tienen los profesionales de Televisión Española, no me extrañó, en absoluto, que el pasado domingo día 12, el líder de la oposición, Mariano Rajoy, fuera invitado para narrar en directo la etapa de la Vuelta a España que en ese día correspondía a la subida a los lagos de Covadonga. No me extrañó, ni me sorprendió, porque los españoles ya hemos tenido ocasión de comprobar el aperturismo y la pluralidad del ente televisivo nacional con el programa “Tengo una pregunta para usted” donde intervienen, gozando del mismo tiempo de programa, todos los partidos, desde el que gobierna hasta todos los de la oposición, algo que sólo ha podido ser posible gracias a la política de libertad en TVE auspiciada por Zapatero.

La verdad es que con la total y absoluta libertad que tienen los profesionales de Televisión Española, no me extrañó, en absoluto, que el pasado domingo día 12, el líder de la oposición, Mariano Rajoy, fuera invitado para narrar en directo la etapa de la Vuelta a España que en ese día correspondía a la subida a los lagos de Covadonga. No me extrañó, ni me sorprendió, porque los españoles ya hemos tenido ocasión de comprobar el aperturismo y la pluralidad del ente televisivo nacional con el programa “Tengo una pregunta para usted” donde intervienen, gozando del mismo tiempo de programa, todos los partidos, desde el que gobierna hasta todos los de la oposición, algo que sólo ha podido ser posible gracias a la política de libertad en TVE auspiciada por Zapatero.

Esto, evidentemente, era impensable que en la época de Gobierno de Aznar se hubiera dado, recordemos a los Urdaci y compañía. Era de todo punto imposible el que, como en el caso de Rajoy, comentando una etapa de la Vuelta Ciclista a España se diera a la oposición el que su máximo representante pudiera mostrar una parte de cuál es su Faceta humana al margen de la política y darle la oportunidad de despertar simpatías entre los televidentes ofreciendo una imagen de persona “normal”, de cercanía y demostrar que no es ningún “monstruo” que se come a la gente.

No es que vea mal el que Rajoy haya sido invitado a participar como comentarista en este evento deportivo lo que pone de manifiesto la pluralidad y el aperturismo de Televisión Española, como ya antes he dicho, todo lo contrario, aplaudo esta circunstancia que de algún modo viene a demostrar que la izquierda, en este caso el Gobierno socialista, está por la participación de todos por igual en todo aquello que afecta al conjunto de la utilización de las distintas infraestructuras públicas del Estado, algo, que si vuelve a gobernar el Partido Popular, los españoles demócratas echaremos de menos sin duda alguna.

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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