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Joaquín Soler Serrano, memoria de un periodista


Luis del Palacio


Luis del Palacio Luis del Palacio
martes, 14 de septiembre de 2010, 11:10
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Hay quien me pregunta de dónde he sacado el término “juntapalabras” (neologismo con retranca y más) que empleo para referirme a esos periodistas que, a falta de saber hacer la “o” con un canuto, solucionan su vida a golpe de “canutazo”; es decir, de micrófono en el argot televisivo. Esos juntapalabras que, como apenas saben escribir, rehuyen el periodismo de papel o su equivalente digital, suelen preferir la gloria de las cámaras y que les reconozcan en el supermercado. Dirán cosas como “han habido tres víctimas”, “fulanita no ha pasado aún por la vicaría”, “personajes del glamour”, “decenas de hectáreas calcinadas”, “la presidenta cesó fulminantemente al consejero” etc. Y ese mismo juntapalabras, aprendiz de todo, maestro de nada, creerá haber alcanzado la cumbre de su carrera cuando le nombren director de “Sálvame de luxe” o de “La noria”, aunque algunos se conformarán con ser colaboradores itinerantes, el “avecrem” de programas que van desde los de puro cotilleo a los de sesudo análisis político. El término fue inventado por don Fernando Lázaro Carreter, que lo empleaba con frecuencia en su estupenda serie de artículos sobre el lenguaje, reunidos en dos volúmenes con el título “El dardo en la palabra”.

Hace pocos días nos ha dejado Joaquín Soler Serrano. Su nombre dirá poco a quienes tengan menos de cuarenta o cuarenta y cinco años, ya que su momento de mayor popularidad, ese que sólo se obtiene a través de una frecuente aparición en la pequeña pantalla, tuvo lugar hace más de treinta años, cuando la televisión única, Televisión Española, ofrecía programas de excelente calidad en horarios de máxima audiencia. Entonces no preocupaban los “índices” y los profesionales a quienes se encomendaba la tarea de dirigir un programa eran no sólo verdaderos profesionales del medio, sino personas cultas, que leían y, sabiendo que su herramienta era el lenguaje, no lo mancillaban; antes bien, lo cuidaban con esmero. Me vienen a la memoria nombres como los de José Luis Balbín, Lorenzo López Sancho, Narciso Ibáñez Serrador, Alfredo Amestoy y tantos otros, muchos aún vivos, que contribuyeron a elevar con su buen hacer la cultura popular, la que llega a través de un soporte tan efímero como la televisión o la radio.

Con sus largas entrevistas a figuras de las artes, la literatura, la ciencia, la filosofía, los deportes, Soler Serrano logró hacer próximos a personajes como Yehudi Menuhin, Borges, Josep Pla, Múgica Lainez, Severo Ochoa, Cortázar, Manolo Santana, Fangio, Dalí, Marcello Mastroiani, Elia Kazan… Sus preguntas solían ser breves, desnudas de retórica, y dejaba que el entrevistado se explayase, hablase de sí mismo, descubriéndose ante el público. Consiguió que tímidos patológicos, como Juan Rulfo o Buero Vallejo, abrieran por unos instantes sus caparazones y pudiéramos atisbar en su interior. O que el falsificador de obras de arte y gran pintor Elmyr de Hory hablase sin tapujos de sus geniales fraudes. El estudio de televisión se convertía entonces en una especie de gabinete de psiquiatra o, si se quiere, de confesionario. El trabajo de producción de aquellos programas no sólo requería una ingente labor de intendencia, sino de documentación; y es evidente que Soler Serrano había estudiado concienzudamente al personaje antes de entrevistarlo, lo había leído, escuchado, aprehendido.

“A fondo” constituye un programa de referencia; un ejemplo de lo que un género periodístico –la entrevista- puede dar de sí.

Hace algunos años intentó comercializarse el éxito de aquellas conversaciones con muchas de las más destacadas figuras intelectuales del siglo XX; las que todavía vivían en su último tercio. Salieron las dos antológicas charlas con Borges (1976 y 1980), la entrevista a Julio Cortázar y unas cuantas más. Sin embargo, la iniciativa no tuvo -¿vamos a extrañarnos?- la acogida esperada y la colección fue suspendida a las pocas semanas de su lanzamiento. Los lectores curiosos pueden todavía gozar de algunas de aquellas conversaciones a través de Youtube.

Sirvan estas líneas de humilde recuerdo a su artífice, Joaquín Soler Serrano, maestro de periodistas, justo en las antípodas de lo que otro maestro, Lázaro Carreter, llamó “juntapalabras”.

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