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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Carta al mundo musulmán

Kathleen Parker
Kathleen Parker
martes, 14 de septiembre de 2010, 09:07 h (CET)
Estimado mundo musulmán:

Me dirijo hoy como ciudadana estadounidense profundamente avergonzada por los acontecimientos acaecidos en mi país.

En primer lugar, permítame decir que no represento a nadie. No puedo decir que hable por alguien más, aunque estoy segura de que muchos opinan como yo.

Quiero abordar la actual polémica de la mezquita y centro islámico proyectados en las inmediaciones de la Zona Cero y el llamado "pastor" de Florida que venía amenazando con prender un ejemplar del Corán.

Empezaré por el más fácil de los dos: Ignore por favor al Pastor Terry Jones. Ojalá lo hubiéramos hecho. Puede que viva en Estados Unidos. Puede tener un edificio con una cruz encima y llamarlo iglesia. Y puede que conozca a unas 50 personas interesadas en lo que dice, pero no es nadie. Su amenaza de quemar un Corán fue un intento desesperado de llamar la atención y nada más.

Cualquiera puede llamarse ministro religioso, pero Jones lidera a una congregación tan reducida por una razón. Tenemos una larga tradición en este país de dejar que la gente diga lo que piensa en público, pero no nos tomamos en serio a muchos. Nos reímos de personajes como Jones sin dejar de pensar que es mejor que los tontos se dejen en evidencia ante todos que dejar que proliferen en el anonimato. Sé que esto es difícil de entender. También tenemos problemas con ello algunas veces. La libertad es una cuestión compleja y a veces los sentimientos salen mal parados, pero creemos que la concesión es digna del agravio.

Lo que esperamos que entendáis es que la mayoría de los estadounidenses también quedaron consternados por la propuesta de Jones. A muchos de nosotros nos gustaría que se volviera a meter debajo de las piedras y se quedara allí, para no saber de él nuca más. Por desgracia, nuestras leyes no prohíben la estupidez. Hace unas décadas, Jones estaría subido a una caja de fruta en una esquina, donde los chavales le señalarían y serían regañados por sus padres: "No está bien burlarse de la gente con problemas mentales". Hoy, gracias al milagro de la comunicación de masas, puede movilizar a una audiencia amplia, aunque inmerecida.

Lo que nuestras leyes no obligan, por supuesto, es a prestarle nuestra atención, y es ahí donde hemos fallado al otro y a nosotros mismos. Como miembro de los medios, lamento haberle prestado un megáfono, y pido disculpas. Sed pacientes. En pocos días, será olvidado.

Una preocupación más acuciante, y no tan fácil de resolver, es la polémica en este país surgida a tenor del centro cultural islámico proyectado. Entiendo las susceptibilidades, como muchos, estoy segura. Cuando fuimos atacados por terroristas hace nueve años, sufrimos un trauma. Todavía lo estamos.

Sin embargo, no responsabilizamos a todos los musulmanes por lo ocurrido más de lo que todos los cristianos deben ser considerados responsables de lo que viene diciendo el Pastor Jones. También murieron musulmanes cuando se derrumbaron las torres del World Trade Center. Decir que un centro islámico no se puede construir cerca de la Zona Cero es decir que todos los musulmanes son culpables. No creo que la mayoría de los estadounidenses crea esto ni siquiera si la mayoría dice ahora preferir que el centro se construya en otro lado.

Esto no se puede explicar racionalmente, porque es una respuesta puramente emotiva. Obviamente, los musulmanes tienen el mismo derecho a rezar cuando y donde les plazca, igual que cualquier otro colectivo en América. Las mismas normas de tolerancia que permiten a un pastor de Florida predicar su mensaje también permiten a los musulmanes predicar el suyo.

Puede que nunca nos pongamos de acuerdo en algunas cosas. Así es la vida. Pero convengamos todos en unos términos. Convengamos en no tolerar el odio - hacia los musulmanes, los judíos, los cristianos, los ateos o cualesquier otro. Convengamos en no utilizar un lenguaje incendiario. Convengamos en desafiar y condenar a los que incitan a amotinarse, ya sea un imán que ordena la muerte de un viñetista o el predicador que quiere quemar el libro sagrado del otro.

Convengamos en que a veces vamos a discrepar, pero nada de esto tiene sentido si rezar al creador significa que tenemos que destruir al otro en el proceso. Cualquiera que crea en Dios no puede creer también que su plan divino incluía la destrucción mutua de su creación.

Que la paz sea con todos nosotros. O como decimos por aquí, que Dios te bendiga.

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