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Etiquetas:   Políticamente incorrecta   -   Sección:   Opinión

En el fin del zapaterismo

Almudena Negro
Almudena Negro
@almudenanegro
lunes, 13 de septiembre de 2010, 09:29 h (CET)
No salió bien. El comunicado que el gobierno del “decepcionado” José Luis Rodríguez Zapatero esperaba de la banda terrorista ETA, con quien, se pongan como se pongan los de siempre y como bien dice Jaime Mayor Oreja, no se interrumpieron en ningún momento los contactos, no ha sido el esperado. Ni hay entrega de armas, ni cese de la violencia, ni verificación posible. Nada que venderle a aquellos que están deseando comprar la mercancía averiada. Lo único que nacional e internacionalmente se ha podido verificar es que ETA no ha cambiado y que ha vuelto a tomar el pelo a los que por estupidez, buenismo o sectarismo quieren creer en la bondad de los que asesinaron a cámara lenta delante de toda España a Miguel Ángel Blanco.

Así que, en vista del fracaso, habrá que presionar a la denominada “izquierda abertzale”, antes MNLV, para ver si ésta a su vez convence a los iluminados de las bombas y las pistolas para que antes de fin de mes hagan público otro comunicado con más talante y del cual se pueda sacar rédito electoral. El poder. De eso se trata. Si no, no hay trato.

Se basan todas estas esperanzas en la ficción de que “hombres de paz” posibilistas como Arnaldo Otegui –ya no pinta nada- habrían tomado en el mundo etarra la iniciativa frente al aparato militar. Pues va a ser que no. Lo de la “ETA mala y ETA buena” es mera ilusión y recurso propagandístico. En ETA, como en toda organización totalitaria, siempre se impone, y así ha sido históricamente, la facción más dura, más violenta. Esta vez no va iba a ser diferente. De ahí el comunicado que dejó como Cagancho en Almagro a los batasunos, a Currin, a EA, Aralar y hasta al gobierno. Por eso la iluminada postura adoptada por la izquierda abertzale después, reclamando como reacción a la no declaración de tregua de ETA al gobierno que éste dé el “paso insuficiente” de su legalización, es decir, su vuelta a los ayuntamientos. Pero sin comprometerse a absolutamente nada en relación con los pistoleros. Porque no los controlan. Una filfa.

Acontece todo esto en lo que es ya el principio del fin del zapaterismo, que, como Montilla, está ya en franca retirada, con las huestes progresistas divididas y mortalmente enfrentadas. Más de un millón de votantes del PSOE habrían, cuentan en Génova 13, tomado ya la decisión de votar por Mariano Rajoy, lo cual tiene en estado de euforia a los populares. Andan, es que no escarmientan, vendiendo la piel del oso antes de cazarlo.

Comenzará el fin del zapaterismo con la debacle que los socialistas sufrirán el 28 de noviembre en las elecciones catalanas, en las que el PSC podría cosechar el peor resultado de su historia. Corbacho se apresta ya a relevar a Montilla. Por cierto, dicen que cada vez parece más probable que Ciudadanos consiga revalidar presencia en el parlamento. Su voz es necesaria, casi imprescindible, en medio del oasis. De un puñado de votos al parecer depende.

Después, tocan municipales y autonómicas. Y dicen los populares que en Extremadura, Castilla-La Mancha, Asturias, Cantabria y Baleares se producirá el vuelco. Vuelco que también podría producirse, aun siendo insuficiente para gobernar, en el feudo más feudo del PSOE, que es Andalucía, campo de experimento de cualquier genialidad que se le ocurra a nuestra progresía. Ni Trinidad ni Tomás tienen nada que hacer frente a la imbatible Esperanza Aguirre, pero si por casualidad Tomás ganase a Trini le hará un buen roto a ZP y, además, habrá nacido un líder en el PSOE. Rosa Díez, la alternativa socialdemócrata, se podría volver a quedar con un palmo de narices. Y Fidalgo que sigue sin dejarse querer.

Para colmo de males, Patxi López, que no está por la labor de dejarse traicionar por Zapatero.

Resulta evidente que el zapaterismo, que no el socialismo, empieza a tocar a su fin. Ya era hora.

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