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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

El Ejecutivo puentea la sentencia del TC

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 13 de septiembre de 2010, 09:29 h (CET)
Dicen que una fiera cuando es más peligrosa es precisamente cuando esta herida; el instinto de supervivencia se impone a todas las cautelas, inhibiciones o temores para ceder paso al de defensa que la convierte en un ser sumamente ofensivo y de reacciones inesperadas. Mucho nos tememos que algo similar está sucediendo con el gobierno socialista del señor Rodríguez Zapatero, al que se le han agotado todos los recursos, tanto en cuanto a su credibilidad ante la ciudadanía española, como referente al prestigio ante el resto de naciones de la comunidad internacional. Como se podía esperar, en el PSOE y en el mismo gobierno, se están empezando a notar movimientos, desmarques, críticas veladas y posicionamientos tácticos ante el, más que probable, desplome del castillo de naipes que, con tanto tesón, se empeñó en levantar el señor ZP, cuando se erigió en el único y absoluto director de esta sinfonía discordante en la que, en unos pocos años, ha conseguido convertir la política del cambio, esta transformación de la sociedad en la que se empeñó nada más hacerse cargo del Gobierno. Camuflado bajo la apariencia del “talante” conciliador y dialogante, con el que empezó a dar sus primeros pasos, ha mutado hasta la postura egocéntrica, intransigente, dictatorial y autocrática con la que está dirigiendo la política española, de fracaso en fracaso y de tropezón en tropezón, hasta conseguir llevarnos a la situación más precaria en la que, nuestro país, ha estado metido desde la II República de 1.936.

Ahora, cuando ya ha conseguido crear un monstruo de nuestra pobre patria; cuando se encuentra acosado por los cuatro costados; cuando, su propia esposa, le pide que abandone y cuando ya no pinta nada en el concierto internacional; vigilado de cerca desde Bruselas por miedo a que se desmande de lo que se le ordenó que hiciera y temiendo que acabe con la poca credibilidad que ya le queda al euro; es obvio que no le queda más remedio que intentar enderezar la situación y, en este cometido, se está introduciendo de cabeza en uno de sus habituales laberintos o berenjenales, como prefieran, en los que se sabe por donde se entra, pero se ignora donde está la salida. Le sobran ministros pero le faltan personas capaces de reconducir la situación económica y social del país y, por ello, está barajando las escasas posibilidades que le quedan de mantenerse en el poder. ZP es astuto, no muy inteligente y una verdadera calamidad en cuanto a conocimientos económicos, lo que debería haberle aconsejado prudencia en sus decisiones, especialmente en las relacionadas con este delicado tema de las finanzas y la economía; no obstante, ha querido fiarse de su intuición, ha despreciado las reglas del mercado y ha ignorado los consejos de quienes pretendían orientarle para que no cometiera, como ha acabado haciendo, errores garrafales de visión política; verdaderas novatadas en la cuestión de la gestión de la crisis ( la primera, negarla cuando ya era evidente); utilizando la improvisación como principal medio de afrontarla lo que le ha llevado a tener que ir improvisando continuamente para ir tapando los agujeros que iba dejando en su camino. Esta desquiciada, desconcertante y descerebrada gestión, convertida en una terca y abominable costumbre, ha sido la que ha llevado a España a convertirse en una nación débil, con sus ciudadanos enfrentados, con la quiebra de su unidad y de la solidaridad ínter territorial y donde, no sólo las autonomías, que también, sino el propio Gobierno central, se ponen por montera a la Constitución y al Estado de Derecho.

Acosado por la oposición, con sus dos comodines, la señora De la Vega y la señora Salgado, chamuscadas por el desgaste causado por la necesidad de verse obligadas a negar lo que el día anterior se afirmaba, como acaba de ocurrir con la cuestión del endeudamiento de los municipios, un asunto sobre el que ya ha rectificado tres veces la señora Salgado; con ministros pendientes de un hilo, como es el caso del señor Corbacho de Trabajo y la señora Trinidad Jiménez de Sanidad; con otros ministros que ya están hartos de ser ceros a la izquierda, como la señora Garmendía, que parece que se quiere marchar; con el desempleo que no remite; con el endeudamiento que sube; con noticias harto preocupantes, como la que nos ha proporcionado el Informe de Competitividad Global 2010-2011 elaborado por el Foro Económico Mundial, en el que se constata que, en este aspecto, España ha caído nueve puestos respecto al año anterior ( dice el informe:“es en gran parte atribuible a un crecientemente negativo cálculo de los mercados laborales y financieros, además de por el nivel de sofisticación de los negocios del país” ) o el aldabonazo que nos ha dado QS, en su ranking de las mejores universidades del mundo, en el que sólo dos de las españolas: la Universidad de Barcelona (148) y la Autónoma de Barcelona (173), quedan por debajo del fiel de las doscientas universidades mejores del mundo; una pobre cosecha para un país que se precia de ser uno de los que atesoran uno de los mayores tesoros culturales del mundo.

Así las cosas, parece que ZP ha decidido emprender la huída hacia delante y, no hay duda de que, para ello, ha de asegurarse el apoyo de Catalunya y del PNV, cueste lo que cueste, para que le ayuden a aprobar los PGE del año 2011, sin cuyo requisito no le iba a quedar más remedio que convocar elecciones generales que, en este momento, tal como indican las encuestas, las iba a perder con un rotundo porcentaje en contra. En este punto, no nos debería extrañar que no pare miras en legalidades, patriotismos, preceptos constitucionales o sentencias del Tribunal Constitucional; porque, señores, ahora pintan bastos y toda chapuza, irregularidad, infracción u olvido de las reglas del juego, está dispensado si seguimos la norma de que “el fin justifica los medios” y, en este caso, el mantenerse en la poltrona obliga a que se satisfagan las reclamaciones de los nacionalistas catalanes, se soslayen las disposiciones del TC, con respecto a la ilegalidad de 15 artículos del Estatut y, haciendo caso omiso de la legalidad, de los mandatos de la democracia y de las mismas Cortes de la nación; sin la más mínima decencia ni pudor, se van a poner en marcha una serie de trucos legales para saltarse las prohibiciones derivadas de la sentencia sobre el Estatut, para incumplirla por medio de tretas, desvíos, estratagemas y circunloquios, de modo que, al fin y a la postre, los separatistas catalanes se salgan con la suya y, entre otras “minucias” logren la “delegación de competencias a los consejos autonómicos de Justicia” que es lo mismo que certificar la defunción de la unidad del Poder Judicial y, como consecuencia, la ruptura de hecho de “la unidad de la Justicia y del Poder Judicial”; y, por si fuera poco, esta medida supondría la creación de 17 nuevos organismos precisos para ponerla en práctica, ¡un evidente “ahorro” en momentos de vacas flacas que, naturalmente, acabaríamos pagando los de siempre, los ciudadanos de a pie!

Y, señores, hasta es posible que, este PP que va a la deriva en manos de Rajoy, permanezca indiferente ante el hecho evidente de que, el Gobierno de la nación, encabezado por su Presidente, se esté disponiendo a pasarse por el entreforro de los pantalones una resolución del TC, que declara inconstitucionales unos artículos de una Ley orgánica. que le fue recurrida y, en lugar de ordenar su ejecución, en sus propios términos, y conminar al Tripartit a que proceda a anular las leyes ( más de 90) que se han dictado al amparo del Estatut, que se pudieran oponer al dictamen del Alto tribunal; se va a producir, lo nunca visto en este país, que el propio Ejecutivo sea cómplice del incumplimiento, por la vía de compensar por otros medios de dudosa legalidad, aquellas partes de la norma catalana que fueron consideradas contraria a la Constitución de 1978.

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