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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Pecunia non olent

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
sábado, 11 de septiembre de 2010, 22:50 h (CET)
El emperador romano Vespasiano cobraba a sus súbditos un impuesto sobre las letrinas, en una ocasión su hijo Tito pareció hacerle ascos al dinero proveniente de los lugares donde los romanos depositaban sus deposiciones, Vespasiano, sin amilanarse, cogió un montón de denarios y se los restregó por las narices a su hijo al tiempo que le decía “pecunia non olent”, es decir el dinero no huele. Y aquel emperador romano tenía toda la razón del mundo, los actuales billetes de banco no huelen procedan de donde procedan, no huelen los millones de euros que engrosan la cuenta de resultados de casi todos los periódicos gracias a la multitud de anuncios de prostitución que cada día se publican en sus páginas, no huelen los billetes que con la ayuda de desaprensivos delincuentes de traje y corbata blanquean los traficantes de droga, no huele el dinero producido por la fabricación de armas, en fin, nadie se pregunta por qué todos estos capitales no producen un hedor insoportable a sus poseedores.

Así que al grito de “pecunia non olent” algunos políticos alicantinos se han lanzado a saco sobre el dinero que producen toneladas y toneladas de basura en su posterior tratamiento, la basura huele, el dinero no, pero a veces la mierda de la que proceden algunos miles de euros y ciertas dádivas salpica hasta a los más prepotentes, y eso es lo que ha pasado en tierras de la Vega Baja alicantina y en la propia Diputación de Alicante de donde salió detenido este verano José Joaquín Ripoll, Presidente de la misma y “capo” supremo del Partido Popular en tierras de Alicante.

Cuando estalló el caso Gürtel me extrañó mucho no ver entre los implicados a ninguno de las más íntimos conmilitones de Eduardo Zaplana, un maestro en esto del trapicheo. Recuerden sus palabras cuando todavía estaba en Benidorm y más o menos decía que estaba en política para hacerse rico, ya lo ha conseguido. Pero entre su paso por la alcaldía benidormí, previa compra de una tránsfuga del PSOE, y su actual alto cargo en Telefónica, seguramente en pago a los servicios prestados, está su etapa de President de la Generalitat valenciana, tiempo en el que se dedicó a viajar en Concorde a cargo de los contribuyentes, tiempo en el que, megalómano él, erigió ese monumento a la desfachatez y el despilfarro llamado Terra Mítica, tiempo en el que contrató por una sustanciosa cantidad a su amigo Julio Iglesias pagándole en paraísos fiscales y tiempo en el que hasta las donaciones que hacía en las mesas petitorias del Domund las recuperaba cargándolas a gastos de protocolo. Por eso me extrañaba que no hubiera dejado escuela entre sus seguidores.

Al descubrirse el pastel de gürtelandia en el País Valencia el más firme zaplanista en tierras sureñas, “Pitu” Ripoll”, y compañero de juergas y francachelas de Zaplana en la peña “El Picarol” de Benidorm se desmarcó rápidamente de Francisco Camps y su entorno, Ripoll se hizo el digno sin pensar que algún día sus posibles trapicheos saldrían a la luz. Al comienzo del verano el dinero empezó a oler a basura en Alicante y las investigaciones policiales han llevado a Ripoll, a alguna primera autoridad municipal de su territorio, a diversos concejales y a algunos empresarios a ser imputados judicialmente por diversos cargos, entre ellos los de cohecho (soborno) y prevaricación ( firmar resoluciones ilegales a sabiendas de que lo son). Y todo por adjudicar, según la policía y el juez de Orihuela, de manera ilegal el plan de residuos de la Vega Baja favoreciendo con ello a empresarios que ya conocían las sedes judiciales por estar imputados en otros casos, entre ellos en el conocido como “Gürtel”.

Han salido aventajados alumnos del zaplanismo. En el informe policial se habla de pisos regalados, de dinero repartido en bolsas de papel o plástico, de compra por parte de un empresario de emisoras de televisión para ponerlas al servicio del Partido Popular, de posible financiación ilegal del partido o de viajes en yate a Mallorca, Ibiza y a la Feria de Abril de Sevilla junto con Enrique Ortiz, empresario al que Ripoll negó ante el juez conocer en una primera declaración. Todo muy oscuro, todo muy sospechoso, la “pecunia” comienza a oler por Alicante.

Y todos siguen, nadie ha tenido la vergüenza torera de marcharse a su casa con la cara colorada de vergüenza, ellos, al contrario, sacan pecho y desafiantes y orgullosos mantienen que volverán a presentarse en las próximas elecciones. Entre tantos implicados, más de treinta, también había uno del PSOE, siempre hay manzanas podridas en los cestos, pero al menos este partido ha tenido la valentía de suspenderle de militancia y el individuo implicado, me niego a llamarle socialista, no ha tenido más remedio que dimitir de la portavocía de su grupo que ostenta en la Diputación alicantina. Afortunadamente, a veces, no todos los políticos son iguales y todavía quedan algunos a los que la “pecunia” les produce un fuerte hedor a podrido.

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