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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Obama y el factor familiaridad

Ruth Marcus
Ruth Marcus
viernes, 10 de septiembre de 2010, 21:56 h (CET)
WASHINGTON - Fue un momento desagradable de un político normalmente agradable. Haley Barbour, Gobernador de Mississippi, secretario de la Asociación de Gobernadores Republicanos y esperanza presidencial en 2012 -- lo que ayuda a explicar la gran asistencia a un desayuno el miércoles patrocinado por el Christian Science Monitor -- fue preguntado por el motivo de que tanta gente parezca creer que el Presidente Obama es musulmán.

"Desconozco el motivo de que la gente crea lo que crea", dijo Barbour.
Totalmente de acuerdo. Pero entonces salía este extraño comentario: "Este
es el presidente del que menos sabemos de todos los presidentes de la
historia".
¿En serio? ¿Menos que de Benjamin Harrison? ¿Franklin Pierce? Para cuando
presentó su candidatura, Obama había escrito una autobiografía y un
segundo libro más político hilado con ejemplos de su experiencia personal
- aunque Barbour dijo que no los había leído. ¿Qué es, exactamente, lo que
no sabemos de él?
Concluida la rueda formal, Barbour daba detalles de a qué se refería. "No
se sabe mucho de su tiempo en la universidad o la madurez", decía. En la
práctica, Gobernador, Obama ha sacado a la luz mucho más de lo que George
W. Bush estuvo dispuesto a contar de lo que hizo siendo joven e
irresponsable. En "Sueños de mi padre", Obama discutía su consumo de
drogas en el instituto y la universidad - "La maría era de ayuda, y el
alcohol; puede que alguna raya cuando se podía permitir" - y su amistad
con profesores marxistas.
Barbour, retomando el hilo, "No sabemos si taló un cerezo". Ah, puede que
quiera comprobar lo del cerezo.
"No sabemos ninguna de las cosas de su infancia que sabemos de Ronald
Reagan. No lo digo como insulto ni como algo más allá de la observación.
Alguien preguntó: '¿Por qué hace preguntas la gente?' Simplemente no
sabemos nada".
Durante el desayuno, Barbour dejó claro que no suscribía esta estupidez.
"Acepto de entrada que es cristiano", dijo Barbour. "Lo ha dicho todo el
tiempo que lleva en la vida pública. A mí me basta".

¿Pero intentaba Barbour, de forma nada sutil, alimentar las llamas de los
teóricos conspiracionistas de Obama como candidato musulmán? Lo dudo. Una
gran parte del mensaje de Barbour fue que la mejor forma de competir
contra Obama y los Demócratas es de frente -- en economía, política fiscal
y deuda. Las cuestiones sociales y los musulmanes de armario son un motivo
de distracción mucho mayor, como entiende Barbour.

No pretendo comprender el masivo engaño de la religión de Obama, imperante
sobre todo entre los miembros del partido de Barbour, pero sospecho que
hay algo significativo en la caracterización de Obama que hace Barbour
como una incógnita. Excepto que yo lo traduzco así: esta incomodidad,
entre un preocupante segmento de los estadounidenses, no se debe a que
Obama sea tan desconocido como falto de familiaridad. No es que, como dice
Barbour, los que cuestionan la religión de Obama "simplemente no le
conocen" -- es que no conocen a nadie parecido.

Barbour señalaba el hecho del breve paso de Obama por la vida pública,
pero no puede ser la verdadera explicación. En otro momento del turno,
Barbour describía las ventajas potenciales de los políticos no
profesionales como su candidato a la gobernación de California, la ex
presidenta de Ebay Meg Whitman. No es precisamente un nombre conocido,
pero nadie susurra que Whitman sigue en secreto alguna religión.

Esta falta de familiaridad importaba menos a la gente cuando Obama era el
anti-Bush, quizá, que cuando es el presidente real al frente de una
economía real. Esto puede ayudar a explicar el motivo de que la cifra de
personas que creen que es musulmán haya crecido desde las elecciones. La
inquietud es la madre de las teorías conspirativas, y ahora mismo hay
inquietud más que sobrada.
En cuanto a Barbour -- ¿tal vez pueda tratar de leer alguno de los libros del caballero que puede terminar siendo su rival?

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