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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

La era Obama, fase de dos

David S. Broder
David S. Broder
viernes, 10 de septiembre de 2010, 09:37 h (CET)
WASHINGTON -- El día 2 de noviembre se recordará probablemente como el inicio oficial de la Fase 2 de la presidencia Obama, pero en ciertos aspectos, el giro a la derecha que va a marcar su mandato se hizo visible durante esta primera semana de septiembre.

Las señales estaban presentes en las encuestas que apuntaban la probabilidad de producirse grandes avances Republicanos en las legislativas, en la noticia de que la Casa Blanca podría tener que encontrar un nuevo jefe de gabinete, y en los anuncios políticos de los nuevos parches económicos de Obama.

Todos los medios de referencia cerraron sus primeras rondas de crónicas y sondeos post-Día del Trabajo esta semana y anunciaron, con una sola voz, que los electores están a punto de privar a los Demócratas de una de sus mayorías legislativas, por no decir las dos. El fracaso de la economía a la hora de generar algún progreso hacia el crecimiento significativo durante los meses estivales ha agravado el pesimismo nacional. Y no es probable que algo le dé un vuelco antes de noviembre.

Los votantes han recibido el final oficial del combate en Irak sin recompensar al comandante en jefe. Ahora los Demócratas del Congreso se dispersan en busca de la salvación individual en lugar de constituir una barrera sólida de personas que defienden a su líder.

Que el alcalde de Chicago Richard Daley haya elegido este momento concreto para anunciar sus planes de jubilarse el próximo año es pura coincidencia, pero indica a todo el mundo que Rahm Emanuel, el jefe de gabinete de Obama, podría marcharse tras las elecciones para aspirar al puesto de su ciudad natal que siempre ha querido.

Emanuel no es el partidista a ultranza por el que le toman aquellos que le recuerdan sobre todo por las prácticas de las que se valió siendo artífice de la ofensiva que rompió el control del Partido Republicano sobre la Cámara a mitad del segundo mandato de George W. Bush. A menudo ha sido una voz de moderación dentro de la administración y fue responsable personalmente de reclutar a un colega Republicano, el Secretario de Transportes del gabinete Ray LaHood.

No obstante, con Emanuel como candidato probable a liderar la procesión de fugas de la Casa Blanca post-elecciones, Obama tendrá la libertad que necesita para remodelar la administración de cara a la última mitad de su mandato. Mientras se prepara para enfrentarse a un Congreso más Republicano e iniciar su propia campaña a la reelección, el cambio radical se volverá progresivamente más importante.

Puede empezar a distinguir las líneas maestras del nuevo enfoque del presidente en el par de discursos que pronunció esta semana en Cleveland y Milwaukee. Sus escenografías fueron tradicionales -- los núcleos urbanos que sustentan las esperanzas Demócratas en dos de los campos de batalla clásicos de los estados de los lagos.

Pero el mensaje económico ha cambiado con respecto a la Fase 1 de la presidencia Obama, cuando el instinto dictaba recurrir a la intervención pública en busca de respuestas a lo que quiera que aquejara a la economía. En la Fase 1 se estimulaba la demanda ampliando las competencias del gobierno, aumentando el gasto público, directamente mediante las agencias federales o indirectamente a través de subsidios destinados a los estados y los municipios. Después se rescata a la industria del automóvil convirtiéndola en un ala de la administración.

Los economistas de Obama, y aquellos que forman parte de la neutral Oficina Presupuestaria del Congreso, pueden mostrar pruebas de que la Fase 1 logró salvar al menos un número significativo de puestos de trabajo. Pero ese juego ha terminado de golpe a causa de la reacción de la opinión pública a los déficit que proliferan como setas, y Obama no va a combatir a los electores.

Lo que dijo esta semana es que ahora está dispuesto a adoptar el remedio favorito del sector privado, y subsidiar a las empresas privadas con la esperanza de que inviertan y contraten con mayor rapidez.

La piedra angular es una muestra clásica de manipulación fiscal pro-sociedades, permitiendo la deducción fiscal del importe de las compras de equipo y haciendo permanentes las rebajas fiscales en concepto de investigación y desarrollo.

Esta es la clase de reforma fiscal que hace las delicias de los Republicanos, y ahora es servida en bandeja por un presidente Demócrata antes incluso de considerarse los resultados de las elecciones.

Todo esto sugiere que la Fase 2 podría no ser una transición tan dolorosa para el propio Obama como para los izquierdistas de su partido. Y Rahm Emanuel no tendrá que dar explicaciones a Nancy Pelosi.

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