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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

La granada de mano de las bajadas tributarias

Ruth Marcus
Ruth Marcus
viernes, 10 de septiembre de 2010, 09:36 h (CET)
WASHINGTON -- Bueno, pues ya sé la pregunta que haré al Presidente Obama en la rueda de prensa del viernes.

"Sr. Presidente, su anterior director presupuestario, Peter Orszag, ha dicho que los recortes fiscales de la era Bush deberían ser prorrogados durante dos años y después dejar que expiren -- hasta en el caso de las rentas inferiores a 250.000 dólares anuales. Usted ha dicho que aquellos recortes 'de la clase media' deben ser permanentes. Él dice que 'simplemente no es asumible'. ¿Por qué se equivoca?"

No hay respuesta buena a esta pregunta -- algo que creo que el presidente tiene muy presente, incluso si es reacio a admitirlo en público. Sorprendentemente, en mitad de la inquietud supuestamente agravada por el gasto deficitario, el actual debate de las bajadas tributarias gira en torno a si prorrogar la mayoría de ellas (a un coste de alrededor de 2,3 billones de dólares durante la próxima década) o todas (sume otros 700.000 millones de dólares al cálculo).

Esto no son dos tonterías muy tontas -- son dos actos irresponsables muy irresponsables.

A juzgar por mis conversaciones con funcionarios de la administración, la reciente columna de Orszag publicada en el New York Times es todo lo contrario a un globo sonda lanzado por un representante de la Casa Blanca. Fue una granada de mano lanzada en mitad de un irritante debate entre Demócratas acerca de cómo gestionar los recortes fiscales a punto de expirar.

El artefacto de detonación más inmediata fue la aceptación a regañadientes por parte de Orszag de que los recortes fiscales a las rentas más altas sean prorrogados de forma temporal. Él preferiría que se abandonaran, como quiere la administración, pero estaría dispuesto a permitir que sigan en vigor como precio a dejar que expiren todos en el ejercicio 2013.

Yo estaría encantada de pagar ese precio -- siempre que estuviera igual de convencida que Orszag de que ello acarrearía el resultado deseado. "La belleza de prolongar las bajadas tributarias durante dos años solamente reside en que anularlas no exige votación", escribía Orszag. "Sucede por defecto, de manera que el callejón sin salida legislativo repercute en su favor".

Apostar al estancamiento legislativo tiende a ser una apuesta bastante segura. Pero, ¿el Congreso, en especial un congreso más Republicano, va a dejar que venzan las bajadas de los impuestos? ¿En año electoral? ¿Va a vetar un presidente que se presenta a la reelección una bajada de los impuestos a la clase media?

El riesgo de conservar en el mismo orden del día unos recortes fiscales destinados a la clase media y los destinados a las rentas más altas reside en que los dos pueden terminar siendo prolongados. El presente debate ofrece la oportunidad de separarlos -- una oportunidad que la administración y los congresistas Demócratas no deberían desperdiciar, al margen de los consejos de Orszag.

Al mismo tiempo, Orszag acierta de lleno al decir que los recortes fiscales seguirían siendo imposibles de asumir incluso si se permite que expiren aquellos destinados a las rentas más altas. No lo dice tan abiertamente, pero yo lo voy a hacer: La postura del presidente de que las bajadas tributarias a las rentas inferiores a los 250.000 dólares anuales deben ser prolongadas a perpetuidad es fiscalmente imprudente.

Orszag lo indicó sin decirlo a través de la aritmética implacable: Meter en cintura el déficit (es decir, por debajo del 3% del producto interior bruto) exigirá un ahorro en el rango de los 200.000 a 400.000 millones de dólares por ejercicio, o entre el 1% y el 2% del PIB. Ésos ahorros no van a salir, a medio plazo, del gasto social: Medicare y Medicaid ya han sido exprimidos a través de la reforma sanitaria, y cualquier cambio en la seguridad social se implantaría de forma gradual.

Esto deja la mitad del presupuesto correspondiente al gasto administrativo independiente de la defensa, parte del cual -- servidumbre de la deuda -- no es administrativo a menos que usted crea que no pagar las letras es una opción. El gasto en defensa proyectado ya incluye el ahorro del repliegue de operaciones en Irak y Afganistán; recortar el 5% del presupuesto base del Pentágono no será hazaña fácil -- y ahorraría un escaso 0,2% del PIB. Acompañe eso de ahorros similares -- y similarmente dolorosos de lograr -- en el gasto administrativo, y tendrá menos de la mitad de un punto porcentual del PIB.

Repita conmigo: no existe ninguna vía para llegar a unos presupuestos medianamente equilibrados sin elevar la recaudación.

Esto estaba patentemente claro durante la campaña, incluso mientras el Obama candidato prometía que "Ninguna familia que gane menos de 250.000 dólares al año va a ver forma ninguna de subida fiscal. Ni en su impuesto sobre la renta, ni en sus retenciones en la nómina, ni en sus impuestos sobre la venta, ni en ninguno de sus impuestos".

Pero en lugar de valerse de la crisis económica y del incremento resultante del déficit como excusas para retractarse, Obama, ya investido, sube las apuestas. "Si su familia gana menos de 250.000 dólares al año, no va a ver subir sus impuestos ni un centavo. Repito: ni un centavo", anunciaba un mes después de ser investido.

Una bonita promesa -- pero "simplemente no es asumible", según el propio director de presupuestos del presidente. ¿Qué responde, Sr. Presidente?

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