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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

La cólera de Aguirre fulmina al profesor Neira

Mario López
Mario López
viernes, 10 de septiembre de 2010, 09:35 h (CET)
Qué casualidad. El mismo día en el que Jesús Neira es condenado por conducir borracho, Esperanza Aguirre suprime el Observatorio Regional Contra la Violencia de Género. Pues una de dos: o la presidenta de la CAM es una desconsiderada o una hipócrita. Hoy mismo Jesús Neira ha confesado que no pensaba dimitir.

¿Cómo es posible que afirmara tal cosa si sabía desde antes del verano que su cargo de presidente del Observatorio iba a desaparecer con el propio organismo? ¿O es que acaso no lo sabía? Si no lo sabía, es flagrante la desconsideración que con él ha tenido Esperanza Aguirre, pues lo preceptivo es que desde el primer momento de tomar la decisión se lo hiciera saber al principal afectado por la misma, y si no tenía por qué saberlo es porque la lideresa ha tomado la decisión hoy mismo, con lo cual demostraría ser una redomada embustera. En cualquiera de los casos, lo que esta señora deja una vez más absolutamente en evidencia es que es una cínica de tomo y lomo, pues, como diría Oscar Wilde, conoce el precio de todo y sabe el valor de nada. Mi opinión particular es que la decisión se ha tomado hoy y que Esperanza Aguirre, para evitar aplicar una medida disciplinaria contra el que fuera uno de sus fichajes más mediáticos, en lugar de destituir a su presidente, ha optado por eliminar el organismo que éste presidía. De esta manera, mata dos pájaros de un tiro: se quita de en medio un molesto colaborador y hace un gesto de austeridad muy oportuno ante la proximidad de las elecciones autonómicas. En eso de hacer de la necesidad virtud, doña Esperanza es una auténtica profesional. Como gran jugadora de cartas, le gusta echar faroles que casi siempre cuelan. Jesús Neira ha caído en desgracia definitivamente. Es un personaje acostumbrado a hacer de su capa un sayo, en la convicción de que nada le puede pasar factura. Lo cierto es que, desde el puñetazo recibido que le lanzó a la fama, no ha parado de despotricar de todo y de todos, perdiendo a borbotones la credibilidad que tenía, hasta el punto en el que nos encontramos actualmente. Esperanza Aguirre es experta en nadar y guardar la ropa. Así, cuando más le convino, capitalizó para sí misma la figura del héroe herido; ahora, no sólo se desprende de él sino que, además, saca un plus de la desgracia ajena. Aguirre y Neira son dos paradigmas, a mi modo de entender muy distintos pero igualmente perversos, de personajes públicos que hacen de lo público su particular vicio privado. La diferencia estriba en que a la presidenta no le cuesta cosechar éxitos y el profesor está definitivamente abonado al fracaso. Ella es lista como el hambre; él está hambriento de listeza.

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