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A Esperanza Aguirre le va al marcha
Mario López
Si hay algo que tengo claro de Esperanza Aguirre es que le va la marcha. No sólo queda de manifiesto por sus constantes y extravagantes actuaciones públicas, a micrófono abierto o cerrado, sino por aquello del dime con quién andas y te diré quién eres. Los tres fichajes más mediáticos de la lideresa consorte, Hermann Terstch, Fernando Sánchez Dragó y Jesús Neira son tres egos exorbitados que, lejos de rehuir el conflicto, van a su encuentro con vehemencia inusitada.
Los tres comparten una facundia irascible y una propensión enfermiza a no callar lo que piensan, incluso cuando tienen el pensamiento en punto muerto. Los tres son conocidos por haber protagonizado algún episodio violento o escabroso relacionado con la imprudente ingesta de alcohol. Dime con quién vas y te diré quién eres. Hasta hace bien poco doña Esperanza tenía por propia sombra a un tal Güemes, a la sazón yerno del plurimputado Carlos Fabra, y hoy mismo su lugarteniente es Francisco Granados, protagonista de asuntos tan turbios como el de la famosa mansión de Valdemoro o el contrato al ex concejal socialista Castor Iglesias -perito judicial sobrevenido- que le arregló unos informes periciales en el irresoluto caso de los espías. Doña Esperanza Fuencisla Aguirre Gil de Biedma duquesa consorte de Murillo, genio y figura hasta la sepultura. Y, además, en buena compañía.
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