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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Sueños rotos

Jesús Molíns (Zaragoza)
Redacción
jueves, 9 de septiembre de 2010, 21:36 h (CET)
Se acabaron las vacaciones, atrás quedan esos días de verano, de luz y desconexión. De playa, montaña o pueblo, de fiestas populares, piscinas, risas y cenas entre amigos.

Ya estamos en septiembre, la gente vuelve al trabajo (quién lo tiene).
Los parados de vuelta al INEM, a las citas con el orientador, confeccionar curriculums, etc.

Los jóvenes a seguir siendo la generación “ni-ni”, no por decisión propia, sino por imposición social.

Y los niños de vuelta las aulas, para ser formados, espero que para otra realidad.
“El futuro no es lo que era”.
La gente camina por la calle, en dirección al trabajo (los que lo tenemos), callados, cabizbajos, como sin fuerzas, sin ganas, depresivos.

Qué lejos nos parecen estar esas vacaciones en las que por unos días nos olvidamos de todo.

Caminamos por las calles, sin mirarnos a las caras, sin decirnos nada, totalmente inexpresivos, como si de repente nos hubiéramos dado cuenta de la cruel realidad: nos han roto los sueños.

Para algunos, el trabajo se ha convertido en un “¡sálvese quien pueda!”; hay que aguantar y tragar de todo por conservarlo.

Sufren ataques directos totalmente contrarios al respeto y la dignidad personal; comportamientos abusivos e indignantes ante los que hay que callar, pues el contrato es precario (contrato basura); hay que aguantar, callar, soportar la presión y hacer de tripas corazón, todo por conservar el empleo (ese bien tan codiciado y valioso actualmente).

Por otro lado vuelven los parados, dejando atrás los días de olvido en el pueblo, las fiestas, las risas con familiares y amigos. Regresan para que les vuelva a caer encima esa losa de 4.600.000 parados, vuelven para ser otra vez conscientes de su dura realidad, no tienen ganas ni para dirigirse al INEM, la sonrisa se les ha borrado de la cara.

Hasta los niños caminan callados, de la mano de sus padres, sin ganas de decir nada, como si fueran conscientes de esta gran depresión que nos invade a todos, como si fueran conscientes de la crisis que vivimos.

La ciudad esta callada, triste, depresiva. Nos han roto los sueños.

La depresión ha alcanzado de lleno a la sociedad, se ha instaurado la amargura, la resignación y la apatía.

Parece como si de golpe nos hubiéramos dado cuenta que no nos sirve de nada soñar.

De todo lo que soñamos, nada ha salido como soñamos. Nos han roto los sueños.

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