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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Una semana traumática

Pilar Mariscal (Málaga)
Redacción
jueves, 9 de septiembre de 2010, 15:24 h (CET)
Este es el título y así comienza el artículo que acabo de leer en el periódico gratuito ADN: “El 58% de los trabajadores se resienten de la reincorporación laboral”.

Sin embargo anoche hablando por teléfono con una de mis nietas que tiene 5 añitos, me decía: “abuela mamá ya ha empezado a trabajar hoy -es que su madre es profesora- pero Nicolás y yo no empezamos hasta el día 10, ¡yo quería haber empezado como mamá!”. A continuación hablé con mi nuera y le pregunto: ¿que tal el día? “¡Muy bien!, organizando con mucha ilusión este nuevo curso que comienza, hay que poner mucho empeño para motivar a los estudiantes para que pongan todo su esfuerzo en su actividad académica y hacerles comprender que no solo se realiza una obra bien hecha, sino que se están formando como personas a sí mismo”. Ella es pedagoga y continua diciéndome: “Sin actividad no se aprende nada y sin esfuerzo no hay actividad”

Al colgar el teléfono comprendí las ganas y el entusiasmo de mi nieta por comenzar su trabajo, los hijos se comportan según el testimonio de sus padres. Si mi nieta viera que sus padres están empezando con ansiedad, en solo pensar que se van a incorporar al trabajo, de seguro que no querría tampoco ir al colegio, le apetecería mejor seguir yendo a la playa o a la piscina y de paseo por las tardes que se pasa muy bien.

Hoy, por desgracia -no todos- pero a una gran mayoría de niños y adolescentes se les presentan en la tele los modelos, “del todo vale” y conseguirlo todo “con el mínimo esfuerzo”, es una copia de la realidad que estamos viviendo. No son nuestros jóvenes mejores ni peores que los de otras épocas, ¿pero que se ven influidos por los “personajes” que se les están presentando? Totalmente muy cierto. Y, ya no tan jóvenes, sino que los mayores también. ¿Han pensado cuántas personas querrían poder volver a su trabajo en septiembre? Casi 5.000 millones no pueden hacerlo, porque están en paro. ¿Qué pasa con su autoestima? Esos ni están traumatizados, ni tienen desánimo laboral. Menos traumas, menos depresiones y más gracias a Dios, por tener un trabajo en los tiempos que corren.

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