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Etiquetas:   Cristianismo originario   -   Sección:   Opinión

El mensaje del toro que saltó la valla

Teresa Antequera
Vida Universal
jueves, 9 de septiembre de 2010, 08:59 h (CET)
Hace algunos días una noticia ocupó los titulares no sólo de la prensa española, sino de la de medio mundo; la del toro que en la localidad navarra de Tafalla saltó al tendido provocando que numerosos espectadores fueran heridos, incluyendo un niño que presentó numerosas contusiones causadas por los que huían.

Aunque no se trataba de una corrida de toros en sí, para muchos librepensadores europeos no deja de resultar curioso que festejos de esa índole tengan lugar durante la celebración de festividades cristianas anuales como estas en honor de la virgen de la Asunción y de san Sebastián.

En un programa de televisión alemán se celebró que Cataluña se haya convertido en una Comunidad antitaurina y se apoyó el hecho de que cada vez más españoles están en contra de las corridas de toros y de todo sufrimiento infringido a los animales en base a las tradiciones, al divertimento o a la ignorancia. De hecho los animales sufren por eso huyen, gimen e incluso atacan.

No obstante en el referido programa de televisión alemán también se habló del enorme sufrimiento mundial que los animales padecen a manos de los seres humanos, sobre todo en los países que se denominan cristianos, lo que no debe de extrañarnos si haciendo memoria, nos remontamos al conocido santo Tomas de Aquino, quien como doctor de la iglesia dijera ya en el siglo XIII que los animales no tienen alma. Con ello abrió la puerta a todo tipo de crueldades contra criaturas indefensas, que curiosamente fueron las que acogieron y dieron calor en el pesebre al niño Jesús, fundador del cristianismo.

De hecho según las Homilías clementinas se sabe que los apóstoles eran vegetarianos y según los evangelios apócrifos que Jesús de Nazaret era amigo de los animales y que los amaba, hechos que nos han sido ocultados. En las Palabras de Pablo, en Toledoth Jeschu de la Edición Krauss, se lee: “Jesús me ordenó que no comiera ninguna carne ni bebiera ningún vino, sino sólo pan, agua y frutos, para que me halle puro cuando él quiera hablar conmigo”.

El que la iglesia vive alejada del verdadero cristianismo originario es algo que no extraña a muchos, de hecho en el Sermón de la Montaña de Jesús de Nazaret, que es el mejor compendio de la historia de la humanidad para una vida feliz, a pesar de que la iglesia católica lo ha catalogado como utópico, se lee la siguiente frase: “Lo que quieras que otros te hagan a ti, hazlo primero tú a ellos”, lo que en el caso de los animales la común inversión de su cita puede ser de mayor ayuda para el lector de mente despierta: Lo que no quieras que te hagan a ti, no se lo hagas tampoco tú a nadie… ni a la naturaleza ni a los animales”. La aplicación diaria de esta milenaria regla de oro en primer término en las relaciones humanas, podría ser un primer paso para posteriormente practicar el verdadero respeto a la creación de Dios.

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