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¿Qué ha sido del trio de las Azores?
Mario López
Hay que reconocerle a George W. Bush que ha resultado ser el más discreto del trío de las Azores. Y también el menos desleal con su pueblo y el presidente que le ha relevado en el cargo; pues, desde que abandonó la Casa Blanca, no se le ha visto más que en algún acto testimonial en compañía de otros ex presidentes.
El señor de Perejil y Botella, desde el mismo día que dejó de presidir el Consejo de Ministros, no ha hecho otra cosa que dar conferencias insultando a su sucesor y viajar a los distintos países en los que pudiera existir algún conflicto con España para enmendarle la plana al Gobierno español. Esta actividad es la que le ha venido ocupando el tiempo al único autoproclamado mejor gobernante de la historia de su país. Además, ha publicado una serie de libros en los que viene a resumir el ya de por sí resumido concepto que el sujeto tiene del Estado, la civilización y el orden mundial, así como una serie de recetas caseras para salir de la crisis. Tony Blair, remedando a su amigo español, acaba de publicar un libro en el que, también, haciendo gala de una discreción y de una modestia infinitas, pone a caer de un burro a su sucesor y proclama las bondades de la invasión ilegal de Irak. De los tres de las Azores, los acólitos del Gran Hermano son los que se muestran más fogosos a la hora de defender una barrabasada de la que fueron parte pero no la más importante. Al menos Bush tenía motivos –espurios, pero urgentes motivos- para cometer la fechoría. ¿Pero qué se les había perdido en Irak a Aznar y Blair? También cabe destacar que el paso por la Casa Blanca no ha supuesto para George W. Bush un incremento significativo en su patrimonio. Tony Blair tampoco se ha hecho más rico desde el número 10 de Downing Street, y los beneficios que reporten la venta de su libro están destinados a mejores causas que enriquecer su patrimonio personal. En cambio, el autoproclamado mejor presidente de la historia de España no ha hecho otra cosa, desde que abandonó el palacio de la Moncloa, que multiplicar su fortuna por magnitudes colosales, paseándose sin el menor recato por el papel cuché como si del mismo Julio Iglesias se tratara. Vamos que el vasallo de Bush se ha puesto gallito.
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