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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Modelo de paternidad

Octavi Pereña
Octavi Pereña
miércoles, 8 de septiembre de 2010, 10:00 h (CET)
Unos periodistas de The Sun se dieron cuenta de que una joven de unos 14 años se exhibía en un local de estriptease delante de un grupo de hombres vociferantes a las 3 de la noche. Fueron a explicar a la madre de la chica el comportamiento de su hija. Les dijo: “Es repugnante. Creía que pasaba la noche en casa de una amiga”.

Una cita anónima dice. “En muchos casos, al lado de un joven delincuente suele haber unos padres permisivos”. La joven que comento no ha delinquido en el sentido de que haya robado o efectuado alguna otra fechoría. Pero su comportamiento inmoral pone en evidencia que la madre era permisiva con la hija. No le preocupaba demasiado lo que hacía su hija menor de edad. Creía que estaba en casa de una amiga. ¿Es que no tenía que consultar a la madre de la amiga de su hija si le parecía bien que su hija pasase la noche en casa de ella? ¿No es una muestra de desinterés por parte de la madre de la adolescente que al tener noticia del comportamiento inmoral de su hija se limitase a decir: “Es repugnante. Creía que pasaba la noche en casa de una amiga”?

“La pedagogía del dejar hacer”, nos dice Josep Varela, “es de una gran comodidad inmediata para los padres, porque hacer cumplir lo que se ha pedido siempre es más difícil, pero es la garantía de problemas en el futuro… Dejar hacer, consentir es en educación aquello de pan para hoy y hambre para mañana”. En el caso de la jovencita que comentamos, ¿qué futuro le espera si a los 14 años baila y se desnuda ante hombres como lo haría una mujer hecha y experta en las artes de seducir a los hombres a cambio de dinero? Una vida de este tipo no acostumbra a tener un final feliz. Más pronto o más tarde se presentan problemas con la justicia porque el ambiente que se respira en cabarets y nightcllubs propicia estos encuentros. Además, degrada a las personas que se dejan atrapar por sus tentáculos: prostitución, drogas, alcoholismo, enfermedades de transmisión sexual, embarazos no deseados, relaciones inestables y conflictivas de pareja…

La educación de los hijos es la tarea más excitante que asumen los padres. Requiere mucho esfuerzo y perseverancia , sin rendirse nunca ante los posibles fracasos que se puedan presentar. Además es una responsabilidad personal e intransferible. No se puede delegar en la escuela ni en ninguna otra institución, aunque sea de carácter religioso. Nunca se sabe lo que pueda esconderse detrás de una apariencia de virtud.

El gran reto de los padres es la educación espiritual y moral de sus hijos. Deben trabajar abnegadamente, es decir, sacrificándose a sí mismos altruistamente, pensando en el bien actual y futuro de los hijos. Este objetivo a corto y a largo plazo, además de impartir sana doctrina, incluye reglas y preceptos de conducta. Persistir con insistencia en ‘hagas y no hagas’ con respecto a los otros. A los hijos se les debe enseñar desde pequeñitos que su libertad finaliza allí en donde empieza la libertad de los otros, que merece un respeto absoluto. Esta educación de alto nivel que no se adquiere en los libros de texto incluye la explícita formación en buenos hábitos: esfuerzo, perseverancia, moderación en el consumo de bebidas alcohólicas y otras substancias que alteran la conciencia, educación y respeto a los mayores, la tolerancia y respeto a las diferencias…

Se dice que una imagen vale más que mil palabras. De ahí nace el éxito de la publicidad que se basa en la imagen. También debe decirse que un ejemplo es más valioso que mil sermones. No es suficiente con sermonear a los hijos, en caso que se haga. La tendencia actual, desgraciadamente, es dejarlos a su libre albedrío con el fin de evitar confrontaciones. Los padres deben ser un ejemplo de las enseñanzas que imparten. Haciéndolo así muestran a los hijos que se toman en serio la fe y la moral. Llegado a este punto es cuando entra en acción la formación espiritual que debe empezar como es lógico por los padres. Para ser unos buenos modelos, los progenitores deben poseer un carácter bien forjado que no se incline según la dirección en que sople el viento. Deben ser personas que sepan en donde están y que de esta posición no los mueve nada ni nadie, a pesar que se les pueda considera extremistas. Esta personalidad de hierro bien templado no se obtiene bebiendo en filosofías éticas inestables que varían según las tendencias del momento. Se consigue llegar a ser un buen modelo de comportamiento cuando los padres creen de verdad que Cristo es el Hijo de Dios, que es el modelo perfecto de comportamiento ético. Teniendo a Jesús como modelo, los padres se convierten para sus hijos en modelos creíbles.

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