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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Por qué se suspende la "reforma" escolar

Robert J. Samuelson
Robert J. Samuelson
martes, 7 de septiembre de 2010, 09:38 h (CET)
WASHINGTON -- Mientras 56 millones de niños vuelven a los 133.000 centros escolares de primaria y secundaria, la promesa de "reforma" vuelve a ser actualidad. El Secretario de Educación Arne Duncan ha anunciado 4.000 millones de dólares en partidas presupuestarias del programa "race to the top" destinadas a los estados cuyas propuestas manifiesten, en palabras de Duncan, "un compromiso audaz con la reforma de la educación" y "una creatividad y una innovación (que sean) impresionantes". Lo que demuestran en realidad es que pocas materias suscitan más deshonestidad intelectual y autobombo político que "la reforma educativa".

Desde los años 60, las oleadas sucesivas de "reformas" no han dado lugar a mejoras significativas de los resultados. Los exámenes más fiables son los National Assessment of Educational Progress (NAEP). Las pruebas de comprensión lectora y conocimiento matemático, que se califican en una escala 0-500, evalúan a los alumnos de 9, 13 y 17 años. En 1971, el primer año del examen de comprensión lectora, la nota media de los alumnos de 17 años fue de 285 puntos; en 2008, la nota media fue de 286. Los exámenes de conocimiento matemático comenzaron a hacerse en 1973, momento en que los alumnos de 17 años obtenían 304 puntos de media; en el año 2008, la media fue de 306.

Desde luego, ciertas mejoras se han registrado en los centros de educación básica. ¿Pero qué bien pueden hacer cuando son borradas en la educación intermedia? También se ha producido una modesta reducción de las diferencias en las notas de la educación intermedia entre los blancos, los negros y los hispanos; desafortunadamente, la reducción en general se detuvo en seco a finales de la década de los años 80. (Las notas medias han seguido estables porque, aunque las notas de los negros y los hispanos se han elevado ligeramente, la presencia de estas minorías también crece. Esto significa que sus notas aún insuficientes ejercen una mayor influencia sobre el cómputo de la media. Los dos efectos se cancelan entre sí).

Las teorías estándar no explican este escaso avance. ¿Pocos profesores? En absoluto. De 1970 a 2008, la población estudiantil se incrementó un 8% y el número de profesores un 61%. La relación entre estudiantes y profesores ha descendido de manera acusada, de 27 a 1 en 1955 hasta 15 a 1 en 2007. ¿Profesores mal pagados? Puede, pero no es inmediato. En el año 2008, el profesor medio ganaba 53.230 dólares; un matrimonio de profesores a jornada completa ganando el salario medio se situaría dentro del 20% de rentas familiares más altas (renta mínima para entrar en la horquilla en el año 2008: 100.240 dólares). Puede que más educación en el parvulario fuera de ayuda. Aun así, el porcentaje de alumnos de 3 y 4 años en preescolar se ha disparado del 11% en 1965 al 53% en el año 2008.

Las "reformas" han decepcionado por dos razones. En primer lugar, nadie ha descubierto aún cambios transformadores de los planes de estudio o la pedagogía, especialmente en el caso de los centros de zonas marginales, que sean (en la jerga del oficio) "laminables" -- fácilmente transferibles a otros centros escolares, donde se pronostica que darían lugar a mejoras. Las iniciativas en la ciudad de Nueva York y Washington, D.C. destinadas a elevar los estándares educativos implican campañas polémicas y precarias de un centro escolar a otro para purgar a los profesores y los directores "ineficaces". Los centros concertados pueden romper este patrón, aunque hay motivos de escepticismo. En el año 2009, los 4.700 centros escolares concertados tenían matriculados a alrededor del 3% de los estudiantes y no mostraron mejoras uniformes de las notas.

La causa más extendida del fracaso escolar es casi inmencionable: la escasa motivación de los estudiantes. Los estudiantes, después de todo, son los que tienen que hacer el trabajo. Si no están motivados, hasta los profesores capaces pueden suspender.

La motivación llega de muchas fuentes: la curiosidad y la ambición; las expectativas paternas; el deseo de entrar en un "buen" centro académico; profesores que inspiran o que intimidan; la presión del grupo. La premisa tácita de gran parte de la "reforma" educativa es que si los estudiantes no están motivados, es culpa principalmente de centros y profesores. La realidad es que, a medida que los institutos se han vuelto más inclusivos (en 1950, el 40% de los alumnos de 17 años había colgado los libros en comparación con el 25% hoy) y la cultura adolescente se ha consolidado, la autoridad de profesores y centros se ha visto desgastada. Eso se aplica más a los institutos que a la educación básica, ayudando a explicar el motivo de que los logros académicos del principio se evaporen.

La motivación es débil porque a más estudiantes (hay que añadir que de todas las razas y clases sociales) no les gusta la escuela, no se esfuerzan y no prosperan. En un estudio realizado en 2008 entre profesores de institutos públicos, el 21% juzgaba el absentismo escolar un problema grave; el 29% citaba "la apatía de los estudiantes". El objetivo de ampliar "el acceso" -- dar más años de escolarización a una cantidad mayor de estudiantes -- tiende a rebajar los estándares educativos. Michael Kirst, catedrático emérito de educación en Stanford, estima que el 60% de los estudiantes que se matriculan en los centros públicos y el 30% de los estudiantes de primer año de las diplomaturas necesitan cursos de adaptación de comprensión lectora y conocimiento matemático.

Frente a estas realidades, la retórica de "la reforma" educativa es dichosamente evasiva. A menudo es un ejercicio de expectativas extravagantes. Incluso si el programa "No Child Left Behind" de George W. Bush hubiera sido extraordinariamente fructífero (que no lo fue), muchos miles de alumnos habrían fracasado. Ahora Duncan exhorta de forma rutinaria a tener "un gran maestro" en cada aula. Eso son alrededor de 3,7 millones de "grandes" docentes -- una proeza comparable a que todo equipo universitario de fútbol americano se compusiera de estadounidenses en exclusiva. Con esta clase de rigor intelectual, lo que la "reforma" escolar promete es más desengaño.

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