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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Déjese de esta palabra, ahora mismo

Ruth Marcus
Ruth Marcus
lunes, 6 de septiembre de 2010, 08:35 h (CET)
WASHINGTON -- Permítame, por favor, que me despache a gusto con mi nuevo término más odiado: dejarse.

No como cuando se habla de la raza canina. Como cuando hablamos del empleo. Como en, "La economía se dejó (ponga la cifra) empleos el pasado mes".

Vaya mentalizándose para otra avalancha de dejadez en cuanto el próximo dato del empleo se dé a conocer.

No sé cómo dejarse se convirtió en la muleta periodística para describir la destrucción de puestos de trabajo, pero creo que mi profesión debería detener en seco esta acepción. Dejarse implica algo innecesario o no deseado.

"Liberar, desprenderse o perder dentro de los procesos normales de la vida cotidiana", instruye mi ejemplar del Merriam-Webster. "Liberarse temporal o permanentemente de lo superfluo o no deseado".

Qué imagen más grotesca cuando hablamos de personas que pierden su puesto de trabajo.

Dejar es malo. Los soldados se dejan sangre. La serpiente se deja la piel. Los niños se dejan lágrimas. Los contagiados se dejan virus. Dejar que se arroje luz es, lo admito, algo bueno. Dios deja que Sus bendiciones recaigan sobre ti. Pero hasta ahí.

¿Cómo es que dejarse pasó del pelo de los perros de lanas a la pérdida del empleo? El Diccionario Oxford de Lengua Inglesa cita al The Economist de marzo de 1975, "el sector se dejó alrededor de 100.000 integrantes de su mano de obra". Sólo en los tres últimos meses, una búsqueda informática de crónicas recoge 2.116 acepciones del término en relación con el empleo, de Irlanda a Fiji.

Ya se puede imaginar hasta qué punto está extendido su uso. Los redactores financieros se aburrieron de decir que la economía perdió empleo. Dejarse es evocador. Dejar funcionaba a los editores de estilo que trataban de meter con calzador la crónica en una cabecera de apenas unas columnas de ancho.

Pero lo que podría haber sido colorista en sentido conciso es hoy innecesariamente insensible -- por no decir trillado. Perdido es una palabra de siete letras mejor.

Hasta la Oficina de Estadística, contable oficial del paro de la nación, sucumbe al dejarse.

"No hay una política relativa a su uso", dice Stacey Standish, de la Oficina de Estadística. "Tratamos de utilizar esa clase de términos descriptivos con consistencia, pero no hay un momento fijado del uso de ciertos términos".

¿Qué tal nunca? Puede que dejarse no llegue al nivel de los ejecutivos, pero si yo fuera directora de la Oficina de Estadística, o enlace sindical, lo cortaría por lo sano. Si el gobierno no sabe hacer una labor mejor a la hora de detener la destrucción del empleo, al menos podría describir los decepcionantes resultados de una forma más sensible.

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