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Etiquetas:   Art√≠culo opini√≥n   -   Secci√≥n:   Opini√≥n

Eve Ensler: calva, valiente y hermosa

Amy Goodman
Amy Goodman
@DemocracyNowEs
s√°bado, 4 de septiembre de 2010, 11:31 h (CET)
Calva, valiente y hermosa: palabras que apenas alcanzan para comenzar a captar a la extraordinaria Eve Ensler, quien se sent√≥ a mi lado la semana pasada, en medio de su batalla contra el c√°ncer de √ļtero, para hablar de Nueva Orle√°ns y de la Rep√ļblica Democr√°tica del Congo. Autora de la conocida obra de teatro ‚ÄúMon√≥logos de la Vagina‚ÄĚ y creadora de D√≠a V, un movimiento activista mundial para detener la violencia contra mujeres y ni√Īas, Eve cuenta c√≥mo ‚Äúel c√°ncer ha sido un enorme regalo‚ÄĚ.

El emotivo ensayo de Eve ‚ÄúCongo C√°ncer‚ÄĚ, publicado en el peri√≥dico londinense The Guardian, comienza diciendo: ‚ÄúAlgunas personas pueden pensar que es posible que una mujer se deprima cuando se le diagnostica c√°ncer de √ļtero, luego se le practica una importante cirug√≠a que deriva en un mes de infecciones debilitantes para luego rematar con meses de quimioterapia; pero la verdad, ese no fue mi veneno. Eso no ha sido lo que late dentro de m√≠ tarde en las noches y me mantiene despierta y en marcha. Eso no ha sido lo que me empuja a momentos de insoportable oscuridad y depresi√≥n.‚ÄĚ Su veneno, afirma Ensler en el ensayo, fue la epidemia de violaciones, torturas y violencia contra mujeres y ni√Īas en la regi√≥n oriental de la Rep√ļblica Democr√°tica del Congo.

Eve, que escribi√≥ ‚ÄúMon√≥logos de la Vagina‚ÄĚ en 1996 como una forma de celebrar el cuerpo de la mujer y la potencia femenina, cuenta: ‚ÄúDurante los primeros tiempos de la obra y en todos los lugares del planeta a los que iba, las mujeres literalmente hac√≠an cola despu√©s de la funci√≥n. Al principio pens√©: qu√© bien, vienen a contarme acerca de sus maravillosos orgasmos y sus excelentes vidas sexuales, voy a poder agregarlo a la obra. Pero, de hecho, el 90 o 95 por ciento de las mujeres hac√≠an cola para contarme que hab√≠an sido v√≠ctimas de violaci√≥n, maltratos, incesto o abuso. Claro que ya sab√≠a que existe violencia contra la mujer, yo misma soy sobreviviente de violaci√≥n y maltratos, pero no ten√≠a idea de que sus proporciones fueran como las de una epidemia. No ten√≠a idea de que, y estas son cifras estad√≠sticas de la ONU, una de cada tres mujeres en el planeta es violada o golpeada durante su vida. De repente, esa puerta se abri√≥ para m√≠.‚ÄĚ

Fue entonces que Ensler comenz√≥ a producir la obra con el objetivo de recaudar fondos para las l√≠neas telef√≥nicas de apoyo para situaciones de crisis por violaci√≥n y para organizaciones de mujeres de Estados Unidos. ‚ÄúSe nos ocurri√≥ la idea de D√≠a V que puede significar tanto ‚ÄėD√≠a para terminar con la Violencia‚Äô, como ‚ÄėD√≠a de la Vagina‚Äô y que reclama que el D√≠a de San Valent√≠n sea un d√≠a de amabilidad y buena voluntad para con las mujeres. Empezamos con una producci√≥n de ‚ÄėMon√≥logos de La Vagina‚Äô en Nueva York en la que participaron actrices asombrosas como Whoopi Goldberg, Susan Sarandon y Glenn Close. Esa noche fue como un catalizador, simplemente dio impulso a este movimiento, y hace ya trece a√Īos. Ahora estamos presentes en ciento treinta pa√≠ses. El a√Īo pasado hubo cinco mil eventos en mil quinientos o mil seiscientos lugares. Se han recaudado cerca de ochenta millones de d√≥lares, que se han volcado por completo a iniciativas de car√°cter local y comunitario.‚ÄĚ

El movimiento D√≠a V llev√≥ a Eve a algunos de los lugares con situaciones m√°s graves en la Tierra: Hait√≠, la Rep√ļblica Democr√°tica del Congo y la Nueva Orle√°ns post-Hurac√°n Katrina. Eve pas√≥ un a√Īo con mujeres de Nueva Orle√°ns, recopilando, en una serie de mon√≥logos, las descripciones que las mujeres daban de sus vidas y del impacto del Hurac√°n Katrina. Esta recopilaci√≥n se llama ‚ÄúNadando contra la corriente‚ÄĚ. Incre√≠blemente, en plena quimioterapia, Eve va a dirigir dos funciones especiales a mediados de septiembre en Nueva Orle√°ns y en el Teatro Apollo de Harlem.

Congo oriental, una regi√≥n devastada por la guerra en el pa√≠s m√°s empobrecido del mundo, es donde Eve Ensler y D√≠a V han volcado la mayor parte de sus esfuerzos m√°s recientes. Desde 1996, cientos de miles de mujeres y ni√Īas han sido violadas en la regi√≥n oriental de la Rep√ļblica Democr√°tica del Congo, v√≠ctimas de lo que D√≠a V llama ‚Äúfeminicidio.‚ÄĚ El mes pasado, rebeldes de Ruanda y del Congo tomaron poblaciones de la regi√≥n oriental del pa√≠s y violaron en grupo a casi doscientas mujeres y cinco ni√Īos. Las violaciones m√ļltiples tuvieron lugar entre el 30 de julio y el 3 de agosto a pocos kil√≥metros de una misi√≥n de paz de la ONU y fueron denunciadas reci√©n luego de transcurridas tres semanas.

Estas violaciones son brutales, dejan a las v√≠ctimas con heridas profundas y f√≠stulas que requieren cirug√≠a. D√≠a V ha trabajado conjuntamente con el Hospital Panzi de Bukavu, √ļnica instituci√≥n m√©dica de la regi√≥n donde las mujeres pueden recibir tratamiento m√©dico adecuado. Al lado de este hospital, D√≠a V est√° construyendo una zona segura controlada por mujeres llamada ‚ÄúLa Ciudad de la Alegr√≠a‚ÄĚ.

Eve afirma que fueron las propias mujeres quienes desarrollaron la planificaci√≥n de La Ciudad de La Alegr√≠a: ‚ÄúPasamos meses y meses con mujeres del Congo, haciendo entrevistas, hablando con ellas acerca de qu√© era lo que m√°s quer√≠an, lo que m√°s necesitaban y todo el mundo hablaba de un lugar donde poder sanar, entrenarse, convertirse en l√≠deres, donde tener el tiempo y un respiro para reconstruirse a ellas mismas y reorientar sus energ√≠as hacia sus comunidades.‚ÄĚ Si todo sale bien con su propio tratamiento, Eve se les unir√° en febrero para la apertura de La Ciudad de la Alegr√≠a.

El trabajo de Dia V, seg√ļn me dijo Eve, define lo que ella llama ‚Äúun tipo de V de tres v√≠as entre Hait√≠, el Congo y Nueva Orle√°ns‚ÄĚ y explica adem√°s: ‚ÄúLas personas hacemos cosas de manera inconciente y somos llevadas a ciertos lugares inconcientemente, es entonces cuando nos damos cuenta de que existen todas estas interconexiones asombrosas. Cuando estaba en Nueva Orle√°ns y trabaj√°bamos en ‚ÄėV elevado a la d√©cima potencia‚Äô habl√°bamos acerca de d√≥nde √≠bamos a poner en escena esa enorme muestra y me dijeron que ten√≠a que ir a ver la Plaza Congo, un poco sorprendida les pregunt√© si en verdad exist√≠a un lugar llamado Plaza Congo en Nueva Orle√°ns y de hecho la Plaza Congo era el lugar a d√≥nde los esclavos acud√≠an los fines de semana para reclamar su herencia originaria. La mayor√≠a de los esclavos que llegaron a Nueva Orle√°ns proven√≠an del Congo. Esto fue, y es, una asombrosa conexi√≥n. Claro que tambi√©n estamos ahora trabajando en Haiti y vemos este tipo de V de tres v√≠as entre Hait√≠, Congo y Nueva Orle√°ns. Fue entonces, una vez que hab√≠amos hecho todo eso, que hab√≠amos tra√≠do activistas a Nueva Orle√°ns el a√Īo pasado, al doctor Mukwege del Hospital Panza, a quien rendimos homenaje en ese gran evento, y a Christine Schuler Deschryver. Al estar al lado del doctor Mukwege, que es uno de los grandes m√©dicos y l√≠deres del Congo, y realizar la marcha desde la Plaza Congo hasta el estadio Superdomo junto a √©l, comprend√≠ de qu√© manera el mundo se encuentra tan profundamente interconectado. Nuestra historia va creando un futuro que, si no investigamos la historia, hace que continuemos con el mismo tipo de opresi√≥n y colonialismo, de violaci√≥n y destrucci√≥n que contin√ļan hoy en el Congo, en Haiti y en Nueva Orle√°ns.‚ÄĚ

Con un pa√Īuelo en la cabeza tras haber perdido su cabello durante los tratamientos contra el c√°ncer, Eve Ensler est√° a d√≠as de comenzar su cuarto round de quimioterapia. Le pregunt√© c√≥mo hace.

‚ÄúLas mujeres del Congo me salvaron la vida. Todos los d√≠as me levanto y pienso para mis adentros: puedo seguir. Si una mujer en el Congo se levant√≥ esta ma√Īana despu√©s de que parte de su interior le fue extirpado, ¬Ņqu√© problema tengo yo en realidad? Y pienso en c√≥mo bailan. Cada vez que voy al Congo, bailan y cantan y siguen adelante a pesar de haber sido olvidadas y abandonadas por el mundo. Y pienso que tengo que mejorarme, que tengo que vivir para ver el d√≠a en que las mujeres del Congo sean libres, porque si esas mujeres son libres, las mujeres de todo el mundo seremos libres y seguiremos adelante.‚ÄĚ

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Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.

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