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Aznar, un impostor en Melilla
Mario López
¿Puede ir nuestro aguerrido héroe de Perejil allá donde le plazca? Hombre, mientras no haya nada que se lo impida, sí. Y está claro que nuestro hercúleo ex presidente no conoce barrera infranqueable para él; es como el campo al que no se le puede poner puertas. De hecho, ni siquiera conoce esa barrera inmaterial que tanto ennoblece al ser humano civilizado: la cortesía.
Un ex presidente puede ir a Melilla a disfrutar de aquel hermoso enclave africano, en la intimidad (como el que habla catalán), pero no debe irrumpir en la plaza, junto al presidente de la ciudad autónoma, asumiendo un papel institucional que no le corresponde, pues, entre otras cosas aún peores, es una falta de cortesía hacia el Gobierno de la nación y hacia la ciudadanía. Es como la famosa comparecencia de Mariano Rajoy por televisión, asumiento el papel de Jefe de Estado, suplantando grotescamente al rey Juan Carlos. Este tipo de cosas nos deberían producir una gran vergüenza ajena. Y, sin duda, a cualquier ciudadano le asiste el derecho de exigirle al mamarracho una rectificación pública. Si todos los españoles nos querelláramos contra él por un delito de suplantación y otro de lesa patria, el polifacético baranda tendría que redoblar sus muchas actividades para poder pagarnos a todos. (30000 euros por cabeza son cerca de 15 billones de euros, una pasta incluso para él).
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