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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

¿Qué hay en la página siguiente de Obama?

E. J. Dionne
E. J. Dionne
viernes, 3 de septiembre de 2010, 09:23 h (CET)
WASHINGTON -- Al insistir la noche del martes en que "es hora de pasar página", el Presidente Obama hablaba de algo más que de la Guerra de Irak, y hacía mucho más que revivir uno de sus eslóganes más eficaces de la campaña de 2008.

También intentaba pasar página a un período durante el que ha terminado estando a la defensiva, con su partido en una posición comprometida de cara a las elecciones de noviembre y con su reputación de destreza política cuestionada.

El discurso de Obama en el Despacho Oval fue manifiestamente apolítico en la forma pero acusadamente político en sus implicaciones. Para rescatar a su partido, Obama tendría que empezar reconstruyendo su propia popularidad, ofreciendo esperanza en un momento de desesperación económica, y restaurando la confianza en el rumbo que ha marcado a la nación.

Era una combinación casi imposiblemente difícil de objetivos, y optó por lograrlos en sólo 18 minutos. Habló de guerra y de política exterior a un país agotado por el combate en el extranjero e intensamente centrado en los problemas económicos nacionales. Obama tenía que presentarse como el jefe del ejecutivo, no como el secretario del Partido Demócrata, pero el discurso sólo se podía escuchar en clave de unas elecciones para las que sólo quedan dos meses.

El resultado es una serie de piruetas que, aunque de forma algo forzada, abrigaron la promesa de mejorar la popularidad de Obama entre los electores indecisos que pueden haber empezado a perder la fe.

El trato dispensado por su parte al ex Presidente George W. Bush fue emblemático. Sus palabras fueron excepcionalmente amables. Aunque observando que su predecesor y él "discrepamos en torno a la guerra desde el principio", Obama añadía que "nadie puede dudar del apoyo a nuestros efectivos del Presidente Bush, ni de su amor al país y su compromiso con nuestra seguridad".

Para aquellos que consideran la Guerra de Irak un error catastrófico -- y sus filas incluyen a muchos de los primeros incondicionales de Obama -- esto supuso una alabanza mucho mayor de la que merecía Bush teniendo en cuenta el error que cometió. Mientras tanto, algunos de los partidarios más leales de la guerra atacaban inmediatamente a Obama por no reconocer las virtudes del incremento de tropas regulares de Bush.

Los votantes menos partidistas, sin embargo, pueden haber visto simplemente a un Obama que se comporta como un presidente, siendo tan generoso como hay que ser, reconociendo la importancia de nuestras tropas, pero que se niega a admitir que una guerra que tantos de ellos desearían que no hubiéramos librado fue una buena idea.

En realidad, los actores principales del guión de Obama no eran en absoluto políticos sino hombres y mujeres "de la fuerza de combate más destacada que el mundo ha conocido nunca".

Al volver constantemente a sus sacrificios, Obama pretendía tranquilizar a aquellos que combatieron y a las familias de aquellos que cayeron, apuntando que sus esfuerzos y pérdidas habían logrado grandes cosas para el país hasta en un conflicto que el actual comandante en jefe califica de error. También aquí habló de muchos estadounidenses llenos de dudas que ahora cuestionan el sentido de la guerra y que aún así esperan que pueda producir algo más que frutos amargos.

Y luego, casi al final, Obama ofrecía lo que los Demócratas llevan tiempo esperando: un ejercicio de barrer para casa y una contabilidad brutal del coste del conflicto.

"Dedicamos un billón de dólares a la guerra, financiada a menudo endeudándonos con el extranjero", afirmaba Obama. "Esto, a su vez, ha pasado factura a la inversión en los nuestros, y contribuyó al déficit récord. Durante demasiado tiempo hemos aplazado decisiones difíciles relativas a todo, desde nuestro tejido industrial a nuestra política energética pasando por la reforma de la educación".

Los miembros del partido del presidente, luchando por ganar tirón político, se lanzaban a destacar su llamamiento a confrontar nuestros "desafíos nacionales". El Representante Chris Van Hollen, que tiene la nada envidiable tarea de encabezar los esfuerzos de los Demócratas encaminados a conservar la mayoría en la Cámara de Representantes, decía durante una entrevista mantenida poco después de que Obama terminara la intervención: "El tema general del discurso fue que es hora de hacer hincapié en la construcción nacional en el país en lugar de en la construcción de la identidad nacional en el extranjero.

Para Van Hollen y los demás Demócratas, la verdadera prueba de si Obama tuvo o no éxito no va a ser la acogida de este único discurso sino si se convierte o no en el preludio de una presidencia revitalizada que utiliza el final de las operaciones de combate en Irak para relanzar las aspiraciones de cambio que le llevaron al poder desde el principio.

Como escritor de éxito, Obama sabe que pasar página no es lo mismo que abrir el capítulo siguiente. Ahora tiene que inventar una narrativa lo bastante atractiva para alterar un argumento que, en su actual desarrollo, no tiene un final feliz para él.

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