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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Un sádico en la DGT

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
jueves, 2 de septiembre de 2010, 06:50 h (CET)
La trasgresión está de moda. Y el sadismo. Hay que llamar la atención como sea, no pasar desapercibido. En el cine, que es espectáculo, tanto guionistas como directores cada vez se ensañan más con el personal mostrándonos escenas de una crueldad intolerable; pero bueno, es un espectáculo libre y quien quiera pagar por ver eso, allá él. Lo de la DGT, sin embargo, es harina de otro costal, porque de libre o voluntario para ser visualizado, nada de nada. Con la excusa de reducir los accidentes de tráfico nos han metido el pánico en el cuerpo a toda la ciudadanía, incluidos los que no conducimos. Siempre tenemos a alguien querido que va con su automóvil por esos mundos de Dios, y, claro, después de esa sañuda, loca, absurda y sádica publicidad que ha lanzado este verano con trompetas y atambores la DGT, cuando le llaman a uno al móvil, como que le da algo. A renglón seguido, naturalmente, uno se acuerda de la santa madre de Paneque, o de la quienes han autorizado tal agresión colectiva, que viene a ser el Gobierno de España por vía DGT el que firma el despropósito.

Parece muy plausible que se empleen medios agresivos si se trata de salvar vidas; pero no conviene olvidar que el fin NO justifica cualquier medio. En la DGT, por lo que se ve, o en el Gobierno de España, hay un sádico que requiere tratamiento urgente, o quizás una denuncia como Dios demanda para mantenerlo en un reclusorio donde no pueda dañar a todos sus (lamentablemente) semejantes. Y, para colmo, no sólo nos acongoja tan sañuda como gratuitamente, sino que crecen los accidentes de tráfico. Los majaras son así de simpáticos.

Personalmente me parece una de las muchas incoherencias de este Gobierno que no sabe dónde tiene la mano izquierda (¿lo pillan?...), o, cuando menos, una agresión en toda regla a la vida emocional de las personas, eso que ahora llaman violencia psicológica, que viene a ser más o menos tan judiciable como tantos otros intangibles por los que la ley se guía en estos días de no saber dónde ni para qué está cada quién. Si al ideador de esta campaña le ponen al frente del asunto aquél de la liberación de los secuestrados esos catalanes que hacían turismo aventura con los dineros públicos para supuestamente atender las necesidades de los africanos hambrientos, vamos, que los secuestradores les hacen filetes como si tal cosa, porque lo de menos, a tenor de los resultados en uno y otro caso, es lo del dinero, que aquí se lo tira a espuertas como si tal cosa, y olé morena.

Algo grave está fallando. El espectáculo, la trasgresión y todo eso que hace sólo un quindenio o dos era cosa de la cultura, ha saltado del escenario a la platea y ya cualquiera parece que puede no sólo ir como un adefesio o considerar que ser friki es algo fetén, sino que quienes cortan el bacalao pueden irrumpir merced a la publicidad en nuestros hogares o asaltarnos en el bar con esos culebrones en plan Apocalipsys Now. Se les ha ido la manita unos cuantos pueblos, porque la cabeza, de tenerla, no les funciona bien desde hace mucho tiempo.

Me gustaría que un día, por tenerlo loco, pudiera aplaudir una acción de este gobierno o sus adláteres; pero me temo que al paso que vamos, como que pierdo la legislatura. Luego el PSOE será tan estrepitosa como justamente derrotado en las próximas elecciones, claro, y quedaremos tantos y tantos sumidos en el tedio porque no tendremos ni en nuestros más felices sueños este inagotable filón de despropósitos sobre los que escribir. Y no es que no den una a derechas, sino que tampoco la dan a izquierdas, que es ésa con la que no se come. Al menos, los diestros, porque los siniestros sí que lo hacen.

En fin, que si la lógica dice que no hay que pagar a los secuestradores por un rescate por la cuenta que nos trae al colectivo, el gobierno va y suelta una millonada para que se establezcan por esos orbes de Dios academias de especialistas en secuestros de españoles; y si que educar en vez de asustar o aterrar, ese mismo gobierno nos mete el canguele en el cuerpo con que se nos mata el papá o el niño, porque a un pirado le parece en su delirio que así se producen menos muertes en la carretera. Por lo pronto, en las casas, ya nos ha quitado a todos un poquitín de vida, y, en las carreteras, según los datos, la mortalidad ha crecido. Con sádicos genios así, francamente, no me extraña. La lástima, es que no le dan un sustito a quien se le haya ocurrido esa gracia.

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