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De la innoble y antipatriótica actuación del PP en Melilla
Mario López
De los líderes del PP y sus adláteres me constan tres cosas: 1- Que de tontos no tienen un pelo. 2- Que, a diferencia de los poetas, sus recursos retóricos no acaban en la metáfora, la metonimia, la sinécdoque y la hipérbole; acaba en la mentira. 3- Que todo vale con tal de llevarse el gato al agua.
Mentir es para ellos un recurso que se justifica perfectamente en la capacidad que suponen al adversario de utilizar el mismo recurso. Lo sé de sobra porque mi infancia y mi adolescencia la pasé con ellos, compartiendo pupitre y recreo. No voy a dar nombres porque, aparte de ser tarea ociosa, me desacreditaría ante cualquier medio de comunicación. Lo cierto es que en innumerables ocasiones he tenido que negociar con ellos hasta un duro para pagar una caña, y sé muy bien cómo se las gastan. Así que sé perfectamente en qué recurso retórico está instalada la irrupción de González Pons en Melilla, la subsiguiente aparición estelar en dicha plaza de nuestro héroe de Perejil, José María Aznar López, y la comparecencia final del líder carismático Mariano Rajoy justificando lo injustificable: en la mentira. Lo saben ellos muy bien, pero se creen tan invulnerables en las artes dialécticas, que están convencidos de que nadie va a ser capaz de desmontar sus patrañas. Lo que no saben es que, mientras ellos han estado mirándose al ombligo durante muchas décadas, la ciudadanía ha crecido en madurez democrática e inteligencia. No me cabe la menor duda de que este altisonante gesto de Melilla les va a costar caro, al menos de cara al electorado. Espero que, también, el Estado de derecho les haga pagar el quebranto que hayan podido ocasionar al Gobierno de la nación en su delicado trabajo por resolver un peliagudo conflicto que llevamos arrastrando con Marruecos desde 1860.
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