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Tags: Opinión · The Washington Post Writers Group · Robert J. Samuelson
Por qué se retrasa la recuperación


Robert J. Samuelson


Robert J. Samuelson Robert J. Samuelson
martes, 31 de agosto de 2010, 09:40
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WASHINGTON - La lógica de la recuperación económica no funciona - o, por lo menos, no funciona bien. Según esa lógica, los sobreendeudados estadounidenses amortizarían préstamos y repondrían los agotados ahorros, precipitando un descenso acusado temporal del consumo y la actividad económica. Pero una vez que el ahorro creciera y el endeudamiento descendiera, el consumo se consolidaría. Ello reemplazaría al programa de estímulo de Obama. La contratación mostraría signos de mejora; la recuperación se sostendría.

Aún estamos esperando. Justo la semana pasada, el crecimiento económico registrado durante el segundo trimestre era revisado a la baja a un escaso ritmo anual del 1,6%.

¿Por qué vacila la recuperación? Hay muchas explicaciones: mercado inmobiliario deprimido; exportaciones más débiles de lo esperado; corporaciones escarmentadas. Pero el consumidor, que representa alrededor del 70% de los 14,5 billones de gasto de la economía, es el quid de la cuestión.

No es que los estadounidenses no se estén portando como se esperaba. En la práctica podrían estar sobresaliendo. "El consumidor reduce su margen de exposición (reduce el endeudamiento)... y está recuperando el nivel de ahorro más rápido de lo esperado", escribe el economista Richard Berner, de Morgan Stanley. En el ejercicio 2007, el margen de ahorro de la renta personal (el porcentaje de la renta neta destinado al ahorro) era del 2%. Ahora se sitúa en el 6%. Temporalmente, esto perjudica al poder adquisitivo. Los descensos matizados del consumo registrados en 2008 y 2009 fueron las primeras caídas anuales consecutivas registradas desde la década de los años 30. Desde la Segunda Guerra Mundial, el consumo anual sólo había caído en dos ocasiones (1974 y 1980).

Este grave retroceso del baremo podría vaticinar ya un repunte del consumo, dice Berner. Supongamos -- por poner un ejemplo sencillo -- que una familia dispone de una renta neta de 100.000 dólares y quiere elevar su nivel de ahorro del 2% al 6%. El saldo de la cuenta de ahorro pasaría de 2.000 dólares a 6.000 dólares. El gasto descendería de 98.000 a 94.000 dólares. Pero después de que el ahorro alcanzara el 6%, cualquier ingreso adicional impulsaría el consumo. Un incremento de 1.000 dólares produciría 60 dólares de ahorro y 940 dólares de consumo.

La reducción de la deuda funciona de la misma forma: primero la obligación, luego la devoción. (Existe una conexión. El endeudamiento reduce el ahorro de una familia y la extinción de la deuda lo eleva). El endeudamiento producido por el consumo en lugar de la inversión ya ha descendido acusadamente 800.000 millones de dólares con respecto a su apogeo de 11,7 billones de dólares, según estima el economista Mark Zandi, de Moody's Analytics. La Reserva Federal informa que la extinción de la deuda -- el porcentaje de los ingresos que se destina a extinguir la deuda principal y la servidumbre -- ha descendido desde casi el 14% de principios de 2008 hasta rondar el 12,5%, el margen más pequeño desde el año 2000.

Si Berner tiene razón, lo peor ha pasado. Él espera que el consumo crezca anualmente del 2% al 2,5%, impulsando una recuperación constante -- si bien no espectacular. En la práctica, el consumo creció a un ritmo anual del 2% durante el segundo trimestre. Berner pronostica que el paro bajará suavemente hasta rondar el 9% hacia finales de 2011.

El problema de esta lectura, admite Berner, reside en que da por sentado que la mayor parte del ajuste se ha producido ya. ¿Pero qué pasa si los asustados estadounidenses están sólo a medio camino? Durante la última década se contabilizó la inversión y el valor inmobiliario como "ahorro", lo que motivó un endeudamiento y un consumo mayores. Ahora, el proceso podría funcionar a la inversa. Desde finales de 2007, la depreciación de la propiedad y la inversión se llevó por delante alrededor de 10 billones de dólares de la riqueza familiar. Si los estadounidenses trataron de reemplazar la mayor parte de esta pérdida mediante un mayor ahorro anual, el consumo seguirá débil durante años.

La historia sugiere que esto es concebible. A principios de la década de los 80, el tipo de ahorro alcanzaba de media el 10%. La gente ahorra para imprevistos, y la inquietud es generalizada. En la encuesta de confianza de la Universidad de Michigan, sólo la quinta parte de los encuestados espera que el paro descienda de forma drástica durante el año que viene. Apenas las dos quintas partes de los hogares creen que su renta será más elevada dentro de un año; a finales de 2006, la cifra comparable era de casi dos terceras partes. El consumidor no está "impaciente por recuperar los viejos hábitos de gasto", observa el economista Richard Curtin, director de la encuesta. Adoptando una "posición defensiva", tiende a "reducir al mínimo su endeudamiento" o elevar "su reserva" de ahorro.

Los que ocupan una posición acomodada no se salvan. La quinta parte de las rentas estadounidenses más altas -- aquellos cuya renta bruta partía de los 100.000 dólares en el ejercicio 2008 -- supone alrededor del 60% del consumo. "Un montón de gente que ocupa el margen inferior de la horquilla de rentas altas -- de 100.000 a 250.000 dólares -- ha abandonado por completo el mercado del lujo", según Pam Danziger, cuya empresa Unity Marketing encuesta con regularidad al margen de rentas altas. "Vuelven a la clase media". En su encuesta de 2010, el 33% de los encuestados dice salir a comer fuera con menor frecuencia y el 25% ha ampliado el uso o empezado a emplear cupones de descuento.

El pesimismo presente podría ser una moda pasajera. Las dudas de la recuperación son moneda corriente durante los primeros años, apunta Susan Sterne, de Economic Analysis Associates. Aún así, se producen llamamientos a que la administración intervenga. Pero con los tipos de interés ya reducidos y el déficit presupuestario elevado, las medidas adicionales podrían salir por la culata, en especial si parecen desesperadas y agravan la inquietud.

La recuperación es un vástago de la confianza, o de su ausencia. "En momentos normales, la psicología no importa gran cosa. Plasma las condiciones económicas", dice Zandi. "Pero en los momentos al margen de la norma, es al revés. La psicología decide las condiciones económicas". Lo que deja el rápido crecimiento y posterior contracción de la economía es un caso grave de miedo colectivo.

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