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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Camps, no nos moverán

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
domingo, 29 de agosto de 2010, 06:57 h (CET)
El viernes la muchachada de la gaviota fue de botellón a Teulada para que todos los imputados por la justicia recibieran el calor y las ovaciones de sus conmilitones, lo que se suponía un paseo triunfal por la metafórica alfombra roja de los triunfadores comenzó con mal pie. Francisco Camps, President de la Comunitat, y Rita Barberá, alcaldesa de la ciudad de Valencia, tuvieron que llegar al restaurante protegidos por las fuerzas del orden y camuflados, cual delincuentes, en un furgón después de abandonar los coches oficiales unos centenares de metros antes de llegar al restaurante Canor a las puertas del cual les esperaban dos centenares de personas perjudicadas por la tan excelente política que el Partido Popular está llevando a cabo en tierras valencianas. Mal empezó la noche y a más de uno la cena casi se le atraganta antes de comenzar el ágape.

Pero una vez atravesada la frontera de los protestones todo fue miel sobre hojuelas, todo buenas palabras, todo sacar pecho y presumir de lo que no se es, todo apariencia y muy poca realidad. Allí estaban todos, los imputados por el caso Gürtel, los que según un juez deben responder en sede judicial por el caso Brugal destapado en Alicante hace pocas semanas y desde el norte del País Valencià también habían llegado los representantes del PP en Castelló cuyo jefe Carlos Fabra, ausente por enfermedad, puede dar con sus huesos en la cárcel. Todos tenían una consigna y ésta era no hablar para nada de todos estos sucios trapicheos que les han llevado a tener que responder ante los jueces.

“Somos la mejor Comunitat del mundo” fueron casi las primeras palabras de Francisco Camps, ahí queda eso, la misma cantilena de siempre, aquella que desde hace años les sirve para entontecer al pueblo valenciano con cantos de sirena. Del largo vía crucis judicial que les espera a partir de Setiembre ni una palabra, ni tan siquiera para pedir perdón a los valencianos. “Zapatero es culpable” fue la frase más escuchada de la noche en boca de un presidente que rige los destinos de una Comunidad Autónoma que es líder en desempleo. Ni una sola mención al recorte de profesorado en el curso que pronto comenzará, ni una cita a esos ancianos desalojados de la residencia geriátrica de Alaquas al recortar la Generalitat las ayudas, ni una palabra para esas bandas de música de los pueblos valencianos que han visto como se recortaba drásticamente el presupuesto para sus escuelas, ni una sola mención a el dinero que del presupuesto de bomberos ha ido a parar a las arcas de la Fundación que se constituyó para recibir al Papa hace cuatro años. En fin todas las intervenciones de la noche tuvieron como razón de fondo ese “bufar en caldo gelat” (soplar el caldo helado) que tan bien define el carácter valenciano visto lo visto en cada contienda electoral.

Y ellos lo saben y encima presumen de ello. Saben que a su izquierda la oposición es un árido desierto que hace años no levanta cabeza. El PSPV, franquicia del socialismo español, lleva años cambiando de líder, más o menos lo hacen después o antes de cada elección, y a la izquierda de la socialdemocracia las cosas no andan mejor, Esquerra Unida, franquicia no se muy bien si de IU o del PCE, suele andar a la zarpa la greña convertida muchas veces en un reino de taifas y a Compromís todavía, al parecer, sin abandonar su vocación municipalista, vocación que le viene desde los tiempos de la extinta UPV, a pesar de trabajar duro y bien en el hemiciclo valenciano, todavía le queda un largo camino para conectar con la mayoría de los valencianos.

Es a la vista de este desolado panorama político por el que camina el País Valencià cuando Francisco Camps presume de regir los destinos de un paradisíaco lugar que tan sólo existe en su imaginación. En su huida hacia adelante el imputado Camps, con la ayuda del imputado Ripoll y del imputado Fabra hincha el pecho y afirma que “no le moverán”. Esperemos que los ciudadanos valencianos despierten a tiempo para ponerles en su sitio y que la justicia, aunque lenta como siempre, les mueva encaminándoles al patio carcelario, si se demuestra su culpabilidad, y al destierro de la política para siempre. El País Valencià lo merece.

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