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De empresarios honorables, especuladores y la economía canalla
Mario López
Las razones por las que uno decide hacerse empresario son múltiples y diversas, pero yo creo que, básicamente, podemos englobarlas a todas ellas en dos: por llevar a cabo un proyecto personal o por invertir un dinero que en el cajón acabaría consumiéndose más pronto que tarde. Una empresa que nace con el espíritu de desarrollar un proyecto vital de los emprendedores no suele dar problemas, suele tratar bien a los trabajadores y suele superar todas las crisis que le caen encima, porque en la propia actividad de la empresa reside el sentido de la misma. Ahora viene el problema.
El encanallamiento de la actividad empresarial se produce en las entidades creadas por inversores que lo único que buscan es hacer negocio, es decir, poner a trabajar su dinero porque lo de trabajar ellos mismos les produce sarpullidos. El mercado está profundamente contaminado por estas empresas-negocio patrocinadas por inversores desaprensivos, que lo mismo les da montar un garito que una UVI móvil, con tal de sacar pasta. Esa gentuza que practica el intrusismo en cualquier actividad económica, destrozando a la competencia con malas artes (tirando los precios y salarios de forma temeraria, pagando comisiones ilegales, incluso saboteando a otras empresas del sector con procedimientos mafiosos), haciendo perder los derechos adquiridos de los trabajadores y denigrando la calidad de los servicios en los que se embarcan, son los que nos están arruinando al conjunto de la población, son grupos de delincuentes como la trama Gürtel and company. Lamentablemente, hoy en día, los inversores canalla superan en número a los empresarios honorables, que también los hay y también están padeciendo las consecuencias de la invasión de la economía canalla. Además de esto, con ser grave, hay algo peor. El dinero se está yendo a manos de los especuladores que prefieren invertir en el mercado de valores que en negocios productivos, generadores de trabajo y riqueza. La lacra social es el especulador, elemento zafio donde los haya y extremadamente protegido por buena parte de la clase política. Si los medios de producción estuvieran en manos del Estado y la iniciativa privada en manos de empresarios honorables, hoy podríamos vivir en algo parecido al paraíso terrenal. Hay que acabar de una vez por todas con los especuladores, con los políticos corruptos, y demás artífices de la economía canalla.
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