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Las diferencias de primarias
E. J. Dionne
WASHINGTON -- Los Republicanos están en mitad de una insurrección. Los Demócratas no. Esta gran brecha entre la situación de las dos formaciones -- ni una gran revuelta contra "el estamento" ni contra los "titulares" -- explica los resultados de las primarias del año, incluyendo los discordantes resultados de Florida y Alaska.
La agitación entre los Republicanos no es sorprendente, teniendo en cuenta el trauma de los últimos años de presidencia de George W. Bush. Tras sufrir importantes derrotas en 2006 y 2008, es natural que los incondicionales del Partido Republicano busquen una nueva dirección.
Los izquierdistas que vieron la presidencia de Bush como un experimento fracasado de la derecha pensaban que los Republicanos buscarían un sustrato más moderado, igual que los Tories británicos recurrieron a la tranquilizadora dirección de David Cameron para orquestar su retorno al poder. Pero esta expectativa pasó por alto el éxodo de moderados durante la última década, que ha alterado el equilibrio de poderes en el seno de las primarias Republicanas en favor de la derecha.
Como resultado, la principal crítica a Bush en las filas Republicanas le consideró insuficientemente conservador -- demasiado inclinado a apoyar la intervención federal en la educación y en la ampliación de la asistencia pública de las recetas médicas a la tercera edad, y también demasiado proclive a incurrir en déficit.
Que el déficit se elevara principalmente a causa de dos bajadas tributarias y dos guerras no entraba en sus cálculos porque reconocer esto resultaba ideológicamente inconveniente. En el ínterin, la elección del Presidente Obama por parte de una coalición demográficamente diversa sustentada en los votantes más jóvenes ayudó a desatar las iras dentro de una coalición de Republicanos mayores, de tendencia sureña y mayoritariamente blancos.
De ahí los resultados del martes: los Demócratas permanecieron dentro de su margen, igual que hicieron a principios de este mes en Colorado, mientras los Republicanos buscaron aspirantes con escasas probabilidades de ganar.
El contraste fue llamativo sobre todo en Florida. En las primarias Demócratas al escaño del estado en el Senado, el Representante Kendrick Meek contó con el respaldo de los líderes del partido y superó a Jeff Greene, un empresario multimillonario. Pero por la parte Republicana, Rick Scott, otro candidato muy rico, protagonizó una campaña brutal destinada a hacerse con la candidatura del partido a la gobernación frente al favorito profano, el fiscal general Bill McCollum, que disfrutaba de amplio apoyo entre la dirección del partido.
En Alaska, los Republicanos protagonizaron la sorpresa de la noche: el rebelde Joe Miller, que contaba con el apoyo de Sarah Palin frente al legislador titular, la Senadora Lisa Murkowski, tenía una ventaja de alrededor de 2.000 votos después de haber sido dado por perdedor en las encuestas durante la campaña entera. Al margen del resultado cuando se contabilicen los votos por correo, pocos comicios este año ofrecen un ejemplo tan claro del predominio de la derecha en las primarias Republicanas.
Y hasta la importante victoria del momento por parte de un titular demostró el gran respeto que despierta la derecha. El Senador John McCain derrotó al ex Representante J.D. Hayworth en Arizona a base de prescindir o modificar posturas mantenidas mucho tiempo con el fin de apaciguar a los conservadores convencidos -- y trasladando a Palin al estado para hacer campaña con él.
La continua transformación del Partido Republicano era subrayada por un análisis reciente del Pew Research Center firmado por Michael Dimock. Concluye que la proporción de Republicanos e independientes de tendencia Republicana que se consideran conservadores ascendió del 58% en el año 2000 al 67% en el año 2010. Y en un estudio de Pew realizado en junio, el 59% de los Republicanos y los independientes que se decantan por esa tendencia decía que el partido debía moverse en una dirección más conservadora; sólo el 35% decía que debía desplazarse en una dirección más moderada.
A corto plazo, el desplazamiento Republicano errático hacia la derecha ha desatado nuevas energías dentro del partido y ayuda a explicar el motivo de que la mayoría de las encuestas sitúen a su electorado más movilizado que el Demócrata de cara a las elecciones de este año. Las posibilidades de los Demócratas de limitar sus derrotas en noviembre dependen ya claramente de si pueden generar o no una reacción contra un Partido Republicano cada vez menos moderado.
Ahora mismo, los Republicanos que ganaron primarias con el respaldo del movimiento de protesta fiscal -- sobre todo los candidatos al Senado Sharron Angle por Nevada y Rand Paul en Kentucky -- se enfrentan a devastadores ataques Demócratas. La cuestión es si tales críticas funcionan solamente o no contra candidatos excepcionales de la derecha, o si el Partido Republicano entero termina siendo considerado demasiado alejado de las opiniones del que sigue siendo un país moderado.
La paradoja es que un Partido Republicano en manos de la ideología tiene que desplazar ahora la campaña en una dirección menos ideológica, esperando que los votantes depositen simplemente votos de castigo en momentos económicos difíciles. Los Demócratas, cada vez más diversos ideológicamente, tienen ahora todos los motivos para convertir las elecciones en un concurso filosófico, argumentando que ni siquiera los votantes descontentos pueden confiar su destino a una formación en manos de una revuelta de derechas. De nuevo el martes, los aspirantes de las primarias Republicanas parecían decididos a dar a los Demócratas esa oportunidad.
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