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Del miedo
Mario López
El miedo es la principal arma del poder, pero no sólo del poder. La socialización se puede llevar a cabo por el miedo congénito del ser humano a la soledad. La mayoría de las personas estudian por miedo a carecer de un buen trabajo y una buena reputación. La gran mayoría de los humanos no delinquimos por miedo a ser castigados.
Y si no nos damos al abuso de las drogas y el alcohol es por miedo a perder la salud. El miedo a la muerte nos disuade de vivir muchas aventuras. Pero es verdad que el mayor distribuidor del miedo es el poder. Y de toda la vida. Por mucho que se nos antoje un fenómeno moderno, principalmente producido por los Estados Unidos, lo cierto es que viene de antiguo. Los ejércitos y las iglesias han distribuido dosis ingentes de miedo entre la población desde los albores de la civilización. Para ser justos deberíamos aceptar que hoy el poder es menos terrorífio o terrorista que en el pasado. A fin de cuentas ya no se usa el potro ni la parrilla para hecértelo pasar mal. Pero es verdad que el poder aún destila mucho miedo y Estados Unidos es su principal productor. Me parece que es un gasto absurdo de energía, porque con nuestros miedos privados ya estamos suficientemente vacunados contra la rebeldía. El dinero que los estados se gastan en atemorizarnos es un derroche semejante al que se cometió con la vacuna de la gripe A. Lo mejor que podrían hacer los estados con el miedo es reconvertirlo en autoestima, cosa de la que estamos muy faltos, aunque pueda no parecerlo.
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