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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

La política del "no"

E. J. Dionne
E. J. Dionne
jueves, 26 de agosto de 2010, 09:24 h (CET)
WASHINGTON -- En unas elecciones, un "no" sólido derrota normalmente al incómodo "sí, pero es que..." Ése es el origen del problema al que se enfrentan los Demócratas y el Presidente Obama este otoño.

La ventaja de decir "no" sin equivocación es que un porcentaje significativo del electorado está normalmente dispuesto a gritar la palabra desde los tejados, en especial cuando la economía está en tan mala situación como la actual. Ambas formaciones han ofrecido con regularidad variaciones del eslogan brillante del difunto George C. Wallace, "Envíeles un mensaje". El lema deja en manos de los votantes definir quiénes son "ellos", y rellenar el mensaje.

Los Demócratas saben esto puesto que el poder del pensamiento negativo les granjeó ambas cámaras del Congreso en 2006. Sus partidarios pululaban por los colegios electorales para decir no a George W. Bush y no a la guerra de Irak.

Es por eso que identificar a los Republicanos como "el partido del no" no va a hacer a los Demócratas tan gran servicio como creen. Con más de la tercera parte de los conservadores Republicanos anunciando de viva voz que nuestro cristiano presidente es musulmán, decirle simplemente no es una motivación más que adecuada para dedicar unos minutos a una papeleta electoral.

Y desde luego "no" es más contundente que los mensajes confusos que avanzan los Demócratas. En sus arrolladoras victorias de 2006 y 2008, los Demócratas se hicieron con docenas de escaños de distritos electorales muy conservadores. Muchos de estos legisladores titulares no quieren ser vinculados ni por asomo al notable historial que se ha forjado su partido en el Congreso por temor a vincularse a Obama o a la dirección del partido en el Congreso, o a las dos cosas. Pero esto significa que los Demócratas están defendiendo sus logros a medias, mientras los Republicanos les atacan sin clemencia y, con bastante asiduidad, sin gran respeto a la precisión.

Para solucionar este problema, los Demócratas tienen que proponer un "no" contundente propio, pidiendo a los electores que rechacen el pasado Republicano una vez más para evitar que el país retroceda. El presidente defiende esta idea haciendo algunas reflexiones sobre la conducción. "Cuando quieres avanzar en tu coche, ¿qué haces? Metes la marcha 'D'", dice. "Cuando quieres ir marcha atrás, metes la 'R' -- ¡de vuelta a la cuneta!"

Es un discurso simpático, pero ¿va a movilizar a los suficientes partidarios de su partido como para que conduzcan hasta las urnas? Lo que falta a la campaña de los Demócratas es la disposición a elevar las apuestas de las elecciones. Puede que sea la única forma de movilizar a los propios partidarios del partido y desplazar a esos independientes todavía susceptibles de persuasión.

La defensa razonada que hay que hacer es que la rama de conservadurismo que aspira al poder este año es irresponsable, incoherente y no es fiel a lo mejor de sus tradiciones. Eso está totalmente claro desde el nivel más básico de la administración pública: los conservadores pueden decir que están muy preocupados por los déficits, o pueden insistir en que los recortes fiscales son lo que más importa. Pero cuando dicen poder bajar los impuestos y recortar el déficit al mismo tiempo, o se engañan o engañan, o toman por bobos a los votantes.

Pero hay algo mucho más problemático en juego: la llegada de un extremismo indignado e irracional -- de la clase que dice que Obama es un socialista musulmán que no nació en suelo estadounidense -- que no formaba parte del credo conservador optimista de Ronald Reagan. ¿Creen los políticos Republicanos en las elaboradas teorías conspirativas promocionadas por Glenn Beck y franjas significativas del movimiento de protesta fiscal? Si no es así, ¿por qué no lo dicen abiertamente? Los izquierdistas que se negaron a romper con la extrema izquierda en los años 50 y 60 fueron acusados de estar cegados por la opinión que "no veía enemigos en la izquierda". ¿Están cayendo en la trampa del "no hay enemigos en la derecha" conservadores que deberían saber lo que se hacen?

Cuando el Representante Republicano de Texas Louie Gohmert advierte, sin tener ninguna prueba, de los riesgos de los "bebés del terror" -- los hijos cuyas madres presuntamente vienen a Estados Unidos a dar a luz para que su descendencia pueda tener pasaporte estadounidense que utilizar más tarde en actividades terroristas -- ¿no hemos entrado ya en el terreno de la locura? ¿Dónde están los conservadores sensatos que deberían denunciar tales excentricidades?

Lo que la derecha actual tiene en oferta es mucho peor que nada de lo que propuso Bush, lo que significa que estas elecciones ni siquiera tienen que ver con volver a la cuneta. Se trata de ver si un movimiento que ha superado todos los límites va a ser recompensado o no por hacerlo. Una victoria de esta clase de conservadurismo será una derrota de la clase de conservadurismo que necesita el país. Y es una cuestión válida que plantear a los votantes.

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